El estreno de Joker me ha cogido leyendo Teoría King Kong (lo sé, llego tarde), el famoso ensayo feminista de Virgine Despentes, por lo que las los comentarios acerca de la película también me han cogido acercándome a la escritora francesa. Después de leer varias críticas, en concreto una demoledora en Canino, me ha venido a la cabeza uno de los pasajes de la autora de ‘Fóllame’, en el que habla de lo que sucedió cuando publicó ésta novela:

“En el 93 publico Fóllame. La primera crítica aparece en Polar. Una revista de hombres. Tres páginas. Para reasignarme. Lo que molesta al tipo no es, según sus criterios, que el libro no sea bueno. En realidad, ni siquiera habla del libro. Lo que le interesa es que soy una chica que escribe sobre chicas como esas, como yo. Y sin hacerme preguntas -puesto que es un hombre y según él tiene derecho, evidentemente, a decirme lo que me está permitido según su definición de decencia-, me lo viene a explicar, ese desconocido, y a decírmelo públicamente: yo no debo hacer eso. Pasa totalmente del libro. Lo que cuenta es mi sexo. Pasa de quién soy, de dónde vengo, de lo que me conviene, de quién va a leerme, de la cultura punk-rock. El abuelito interviene, con las tijeras, para eliminar mi polla mental, porque de las chicas como yo hay que ocuparse. Y de paso cita a Renoir: “Las películas deberían estar protagonzadas por chicas bonitas que muestran cosas bonitas”.

Parece mentira que unas criticas inaceptables acerca de la obra de una mujer, algo que denunciaba con razón Despentes en el año 93, estén dándose por buenas a día de hoy por parte de aquellos que apoyarían a la escritora de Teoría King Kong cuando aquel crítico se quedó sin argumentos ante una obra que se salía de sus esquemas. Ahora parte de la crítica se escandaliza nuevamente cuando una película se sale de sus estrechos sistemas de pensamiento. Ahora Joker es una película que puede alentar a los Incels. Una palabra que solo le importa a ellos mismos y a quienes desarrollan su ideología, y peor aún, su carrera profesional, en un eterno contra alguien. Igual que los caducos críticos contra las mujeres en el pasado.

Lo que importa de Joker no es que destaque o no por su fotografía (magnífica a mi entender), por su ritmo (ágil y preciso), o por la asombrosa interpretación de Joaquin Phoenix, que quedará para siempre. Lo que importa de Joker no es que Todd Phillips haya hecho una película sobre uno de los personajes más icónicos de la ficción del siglo XX y que haya conseguido elevarlo a una categoría superior. Lo que importa de Joker es que a ciertos críticos y comentaristas profesionales y no profesionales les ha parecido una película que no es adecuada. Tal y como Despentes comenta acerca de las tres páginas que la revista Polar le dedicó, hay quien ha dedicado mucho más de las casi 5000 palabras que ha tenido a bien dedicarle a la cinta en definir la historia de los Incels y de hacer todas las virguerías posibles para relacionar Joker con asesinatos, machismo y desprecio y estigmatización a las enfermedades mentales.

«Todo parece ser el circo autocomplaciente de una parte de la crítica cultural que se lee y se da palmadas en la espalda a sí misma»

Todo parece ser el circo autocomplaciente de una parte de la crítica cultural que se lee y se da palmadas en la espalda a sí misma. Cualquiera que escriba asiduamente en un medio dedicado al cine y a las series sabe que las noticias y la expectación sobre Joker han sido brutales a lo largo de todo el verano y que su éxito en Venecia se vivió como una celebración entre todos los amantes del cine: los que no somos fans de la concepción actual de las películas de superhéroes porque nos fiamos de Venecia y los -buenos- fans del cine, llamémosle de autor, reaccionando con el regocijo que supone una película fuera de los cánones a los que se han acostumbrado en los últimos tiempos: los buenos son buenos y los malos son malos. Incluso en los parvularios se desarrollan razonamientos más complejos.

Siempre me ha fascinado la semejanza de cierta clase de falsos conservadores y de cierta clase de falsos izquierdistas. Necesitan tanto a los opuestos para ser algo por sí que resultan, como mínimo, enternecedores. Como máximo… lo que cualquiera de ellos haría con poder de verdad queda a la imaginación del lector.

Joker es una película muy buena, muy intensa, sales del cine con una angustia dentro difícil de llevarte a casa. No es tanta la violencia física o los asesinatos como la atmósfera que se respira. Se ha comparado mucho con Taxi Driver. Me arriesgo a decir que es mejor. Mientras que en la película de Scorsese se filmaba el proceso de degradación de De Niro desde lejos, haciendo que se convierta en la nota disonante de entre muchas otras que viven una vida normal, en Joker, Phillips filma a Phoenix en un primerísimo primer plano. Entendemos cómo es el mundo en el que vive sin verlo, a través de su enfermedad y su sufrimiento. Quién quiera ver al Joker como un héroe está tan enfermo como él porque en la película en ningún momento se transmite esa sensación. Y ninguna película va a redimir a alguien así.

«Joker es una película muy buena, muy intensa. Se ha comparado mucho con Taxi Driver. Me arriesgo a decir que es mejor»

Warner Bros. se apunta un tanto importantísimo en esta época en la que la ficción audiovisual está dominada por la avalancha incesante de series en las plataformas de streaming, en la que ni siquiera los profesionales son capaces de seguir todas las novedades de una oferta que está diseñada para que cada espectador tenga su ración particular del pastel según sus gustos -o según los gustos que los algoritmos creen que tiene- y el cine de superhéroes y supervillanos ha vivido un estallido con una Marvel que ahora, bajo el control de Disney, ha adaptado la forma de la serie televisiva clásica a la gran pantalla y nos ofrece varios episodios por año de una producción a la vez descafeinada y apta para todos los públicos.

Warner ha conseguido hacer una película que resuena en todos lados y que seguirá resonando pasados los años. Ha arriesgado y ha ganado. Mientras se apuesta por todos lados por la cantidad, Warner ha apostado por la calidad. Muchas veces el talento genera productos culturales y artísticos complicados. Puede que vengan de la propia ideología del autor o de la misma obra. Hay que saber diferenciar. Si no podemos admirar una buena película con un mensaje que no nos masajea la espalda, ¿podremos conservar una relación de amistad con quién no piensa como nosotros? Si no podemos ser más que nuestra ideología no podremos ser buenos críticos, buenos periodistas, ni siquiera buenos espectadores. Qué decir de buenas personas,…¿o no habéis visto Joker?