Desde el número 17 de la calle Luca de Tena, en Madrid, donde se situará la futura nueva sede de la Editorial Planeta, un lector desencantado podría imitar al Santiago Zavala de Conversación en La Catedral y preguntarse a grito pelado:

¿Cuándo se jodió el Premio Planeta?

Es decir, ¿cuándo pasó de ser un premio prestigioso, respetado en el mundillo literario, a ser un premio comercial, denostado por la crítica? Solo hace falta ver la lista de ganadores y finalistas para señalar el año exacto con el dedo índice: 2010. Ese año ganó Riña de gatos de Eduardo Mendoza, autor bisagra entre el entretenimiento y la excelencia literaria. Antes, se habían ido alternando novelas y escritores de ambos mundos, del bestseller y de la llamada «novela literaria». Después de Mendoza, todos los títulos y los nombres pertenecen, casi sin excepciones, al mundo de la novela de consumo, es decir, novela histórica, novela romántica, novela negra y otros page-turners.

Pero en 2019 el Planeta ha ido a parar a Terra Alta de Javier Cercas, autor generalmente considerado «literario». Por eso, algún lector no del todo desilusionado podría preguntarse: ¿arreglaron el Premio Planeta? Otros lectores, por contra, se preguntarán por qué les cambian su premio favorito.

Yo, a mi vez, me pregunté cómo sería la novela de Cercas, porque desde Soldados de Salamina, publicada en 2001, el autor catalán en lengua castellana no ha escrito ficción pura, tradicional o convencional, sino que siempre ha ido alternando la autoficción, el ensayo y la crónica literaria. Me pregunté si Cercas sería capaz de escribir una novela tan buena como El móvil, de 1987, que no es un «relato real», como él denomina a sus libros más recientes, aunque en cierto sentido los entrevé. Me pregunté si podría escribir en tercera persona, sin meterse como personaje narrador en la novela, o sea, sin meter un personaje que no sabe que quiere escribir un libro, precisamente el libro que el lector está leyendo. Y, finalmente, me pregunté si dejaría de hacer política a través de la literatura, que es a la vez el punto fuerte y el punto débil de la obra de Cercas.

Creo que tengo la respuesta a todas estas preguntas: Terra Alta es una buena novela policíaca. Y esto también es lo mejor y lo peor que se puede decir de esta obra.

«Terra Alta es una buena novela policíaca. Y esto también es lo mejor y lo peor que se puede decir de esta obra»

En las primeras páginas de este espécimen del género se nos presenta un crimen atroz, aunque no más atroz que en otras novelas policíacas, en las que el tremendismo y la violencia más brutal son ingredientes básicos. Las víctimas son el matrimonio Adell, los ricos y poderosos dueños de una importante empresa de la Terra Alta, una comarca tarraconense donde no pasaba nada hasta que encontraron sus cadáveres brutal, tremenda, atrozmente torturados. Melchor Marín, el policía que tratará de resolver el misterioso asesinato, tiene algo de personaje de Juan Marsé —por su oscuro pasado de huérfano charnego— y del Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán —por ser un detective aficionado a la lectura—. Pero sobre todo parece un héroe romántico sacado de, por ejemplo, Los miserables de Victor Hugo, que justamente es su libro favorito y una especie de guía vital (y narrativa). Porque Terra Alta no es solo una novela policíaca, sino también una novela de formación: un capítulo está dedicado a la investigación del crimen y otro a la trágica biografía de Melchor Marín, que de joven era un criminal arrabalero, hijo de una prostituta, pero de adulto se convierte en un mosso d’esquadra heroico, el protagonista total de la obra.

No obstante, a una novela policíaca no le basta ser buena para ser buena, porque es el género más genérico de todos, un género del que cualquier lector conoce las características principales y ciertos lugares comunes. Por eso, para que una novela policíaca pueda ser considerada buena, como mínimo debe evitar los topicazos y ser un poco innovadora; en otras palabras, no puede subestimar al lector.

En Terra Alta hay algún defecto de construcción en el personaje de Melchor Marín, un detective hard-boiled demasiado arquetípico. Es individualista hasta la heroicidad inverosímil y tópica, pues decide continuar con la investigación en contra de sus superiores sin más pruebas que su intuición; se comporta de manera sumamente agresiva pero solo con «los malos», en este caso hombres maltratadores de mujeres; tiene un pasado muy novelesco, propio de un folletín: hijo de prostituta y padre desconocido, abandono escolar, consumo y tráfico de drogas, cárcel y redención gracias a la lectura. Personalmente, agradezco el papel salvador que la lectura tiene en la vida de Melchor Marín, así como algunos diálogos y reflexiones relacionadas con la literatura, pero quizás este rasgo no encaja mucho con el resto de su personalidad.

«La estructura de la novela encaja a la perfección y se mantiene la tensión narrativa durante las casi 400 páginas que tiene»

En cambio, la estructura de la novela encaja a la perfección y se mantiene la tensión narrativa durante las casi 400 páginas que tiene; incluso se llega a perdonar la resolución final del misterio, un deus ex machina que ni el más policíaco de los lectores habría podido prever. Además, Cercas describe con grato realismo la cotidianidad de los mossos d’esquadra, aunque a veces cae en el panegírico de los cuerpos de seguridad y, de paso, aprovecha para cargar contra el Procés independentista de forma un tanto gratuita. Afortunadamente, el estilo de Terra Alta es superior a la prosa policíaca media: es sencillo, muy detallista, objetivo y elegante; se parece al Eduardo Mendoza más serio, así que en el texto de Terra Alta el lector solo subrayará las posibles pistas para la resolución del crimen.

Pero puede que lo mejor de la novela ganadora del Planeta sea su ubicación: la Terra Alta. Cercas ya había visitado esta región en su anterior libro, El monarca de las sombras, porque el protagonista de esta obra (Manuel Mena, tío abuelo de Cercas) murió en la Batalla del Ebro, en concreto en el hospital habilitado en el pueblo de Bot. En Terra Alta vuelve a este municipio y también recorre Gandesa, capital de la comarca, y sus alrededores, donde no sucedía nada desde la batalla del Ebro, espíritu que atraviesa la novela como la batalla del Jarama transitaba por la novela homónima de Rafael Sánchez Ferlosio. Y en esa conexión entre el convulso pasado y el presente aparentemente tranquilo, entre la Guerra Civil y nuestros democráticos días, es donde Cercas brilla. Ahí sitúa su conflicto: en el eco de los crímenes cometidos durante la guerra y la posguerra, crímenes prescritos pero no olvidados, crímenes ahora ni condenables ni condonables.

Bajo la máscara genérica de la novela policíaca, Cercas vuelve a hablar sobre moral, memoria histórica y justicia. ¿Es posible que, en el fondo, no haya cambiado nada? Incluso el supuesto «giro policíaco» en la bibliografía de Cercas puede que no sea tal. Las investigaciones de Soldados de Salamina —la búsqueda del soldado republicano que decidió no disparar—, de El impostor —las pesquisas acerca de la biografía del falsario Enric Marco— o de El monarca de las sombras —la exploración del propio pasado familiar franquista— son, a fin de cuentas, equivalentes de la investigación policial. La única gran diferencia está en la misma figura del investigador: el policía Melchor Marín tiene el respaldo del aparato del Estado, pero el «Javier Cercas» de Soldados de Salamina es un simple ciudadano que va por libre.

Irónicamente, pues, Javier Cercas ha simulado un cambio de género para seguir escribiendo sobre los mismos temas. En consecuencia, y aún más irónicamente, el Premio Planeta ha premiado a un autor diferente para seguir premiando novelas policíacas. Acabo, pues, con otra cita literaria, esta vez de El Gatopardo: «Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie».

 

  • «Terra Alta»
  • Autor: Javier Cercas
  • Nº de páginas: 384
  • Editorial: PLANETA
  • Idioma: CASTELLANO
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 9788408217848
  • Año de edición: 2019

 

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