Decía mi amigo @kortvex hace un tiempo: «En serio, no os gusta nada. Tenéis que aprender a diferenciar entre tener criterio y tener una depresión». Y mira, la verdad es que me ha hecho pensar. De un tiempo a esta parte, se ha venido creando un nuevo género de gente de internet que se vienen a denominar Haters pero que a mí me gusta más llamarlos «salmones».Los salmones, los animales, nadan contracorriente y suben río arriba y al final, fecundan a las hembras (o los huevos, que no sé muy bien cómo va esto, que soy tuitero, no zoólogo) y, después, se mueren. Vamos, que van felices río parriba porque saben que al llegar, mojan. Y luego ya la palman, vale. Igual hasta ese punto no son comparables. Pero para que nos entendamos: van contracorriente porque saben que al final del camino, mojan. Y correrse siempre da gustito. Bueno, eso me han contado, que todos sabéis que yo soy virgen.

Los haters son un poco así como si dijéramos: van en contra de todo lo que mola y están encantadísimos y contentos. Como si les pusiera cachondos. No sé si al final mojarán o no (a tanto no ha llegado mi investigación), pero, desde luego, esta tendencia es cada vez más seguida. Así que entiendo yo que algo hay detrás.

Da lo mismo que sea una moda de ropa, que las barbas, que una película que a todo el mundo le gusta. El hater auténtico dirá que eso es super mainstream y que qué aburrimiento y que qué borregos somos. Porque ellos a las corrientes y a las modas les llamas «aborregamiento». Así que bien podemos llamarles salmones (nota del autor: me gustaba mucho más «salmonetes», que queda así como más cuqui, pero investigando un poco en Google hasta la página 2 me he enterado de que los salmonetes tienen una vida mucho menos interesante buscapolvilmente hablando).

Los salmones tienen frases comunes, además de lo de llamar borrego a todo aquel al que le gusta algo que ellos denominan «Mainstream» pero que es «común» para el resto de los mortales. Son muy por ejemplo, de decir «esto es tan…» y añadir un año.

Que da lo mismo que el hater tenga 17 años (la adolescencia es un momento muy de crear haters, porque, reconozcámoslo, estamos un poco agilipollaos todos entre los 13 y los 18; luego algunos ya se quedan así y otros nos vamos rebajando). Da lo mismo insisto, que digan «esto es taaaaaan 2003» y que en esa época ellos estuvieran viendo los Cantajuegos porque las edades no cuadran.

El caso es que todo está demodé. Bueno, no demodé: es que los ya lo han vivido muchos años antes o conocen a alguien que ya lo hizo un lustro antes. El hater es un poco como el hipster, pero en plan tertuliano de programa de las mañanas de la tele.

Pongamos por ejemplo la música. El buen salmón conoce grupos que aún no han hecho su primer concierto. Es más, si van a un concierto y hay más de 15 personas, el grupo se ha vendido y es un poco lo peor. Da lo mismo que crítica y público alaben a alguien: si pasa de 20 seguidores, es lo peor de lo peor.

Y lo mismo pasa con las series. «¿Has visto la serie Government Delevopment insider, del canal VG3? Yo es que no me la pierdo. Tengo que descargármela ilegalmente entrando en un torrent surcoreano que me cuesta 5 horas cada capítulo, pero es que es maravilosa». A las dos semanas la ponen en Netflix y les dices que tenían razón que es una buenísima serie y te sueltan un «uf, es que después del capítulo 6 dejé de verla porque perdió todo el encanto». Nota: Netflix compró los derechos cuando se emitió el capítulo 5.

Yo reconozco que tiene que ser dificilísimo estar todo el día en contra de todo. Que los salmones lo pasan fatal y luego llegan al nacimiento del río con unas aletas que ni Chris Hermsworth haciendo de Thor.

Pero ellos no hacen ejercicio porque el CrossFit tiene un nivel de mainstream ya que lo que mola es no moverse. Que te duelan los músculos al levantarte del sofá. Eso sí que es molón y no estar musculado porque mira tú es que todos ahí poniéndose fuertotes y morenos, con lo malo que es eso para la piel y lo feo que queda. Ellos se ve que pasan las vacaciones en Zafra de Záncara o en Graja de Iniesta. Y sólo salen por la noche.

Los gintonics mal, salir de fiesta, un horror, el cine que no sea iraní subtitulado es que es supercomercial,… Por hatear, hatean hasta el tofu. Que, bueno, aquí les tengo que dar la razón porque es como plastilina pringosa. No todo está mal en ellos.

Al igual que los salmones, los de verdad, los que ahuman en Noruega; los haters reciben a veces la sorpresa de un oso. Y no, no me estoy refiriendo a los que pueblan Growlr, que eso da para otro post. A los salmones se los comen los osos de los de verdad. Que lo he visto yo en «Hermano Oso» (qué película más bonica, os lo tengo que decir, qué despreciada la tiene Disney). A los haters les dan zarpazos a base de zascas.

Porque los zascas también están de moda (hablaremos próximamente de ello) y claro, les pasa a estos haters que cuando reciben un zasca se vuelven virales y, por tanto, mainstream. Y se produce en ellos una incongruencia tal que tienen que entrar en un profundo estado de autocrítica porque ellos mismos se han hecho famosos y empiezan a darse un poco de inquina. Vamos, un lío.

Pero bueno, los haters son felices así Tampoco hacen mucho daño a nadie. Dejémosles que vivan en su hábitat internáutico y tengan muchos orgasmos quejándose de todo. Mientras tanto, hagamos famosa a la gente y así les damos un poquito más de carnaza.

Bueno, una vez finalizado este texto, igual voy a ser un poco hater de los haters. Rehaters. Resalmón. Salmonísimo. Mira, da lo mismo. Me estoy empezando a hacer un lío.