Una vez más la laureada directora de teatro Blanca Oteyza se pone al cargo de una obra con tintes sociales y altamente sensibles, como es Camara lenta, escrita por el dramaturgo argentino Eduardo Pavlosky que exiliado en Madrid de la dictadura argentina de Videla, escribe una historia llena de amor, de antihéroes, de generosidad y dolor. El próximo 12 de enero se dará el pistoletazo de salida y todos los viernes a las 20:30 hasta el 23 de febrero en el Teatro Victoria, podremos disfrutar de su texto bajo la interpretación de Héctor Berna, Patricio Rocco y Carmen Gallardo. Sobre estas líneas entrevistamos a Blanca para comprender un poco más la necesidad de ver esta obra.

¿Cómo llega el proyecto?

Me llega de la mano del protagonista Héctor Berna, al que conozco en mi escuela y que ya la había hecho en Argentina. Héctor llega a la escuela debido a que ya me conocía de Argentina, donde yo había vivido y trabajado durante ocho años. En el estudio yo insisto siempre en la importancia de los proyectos propios, y él, entonces, me confía este texto para dirigirlo.

 

¿Qué es lo que le atrajo más de esta obra?

Realmente todo. Lo difícil que era, el reto que suponía el dirigirla, el tener entre las manos un texto de Pavlovsky, el interés que siempre provoca en mí todo lo relacionado con Argentina y con sus grandes autores, directores, actores y actrices. Es un país al que le debo muchísimo y que siempre que tengo la posibilidad de homenajearlo de alguna manera, lo hago. Se trata de un texto muy difícil y no quería caer en una trama política. Quería encontrar en sus personajes otra vuelta. La sorpresa fue que no me encontré solamente con la posibilidad de una vuelta, sino de varias.

 

¿Cuáles han sido los retos a los que se ha tenido que enfrentar con Cámara Lenta?

Sobre todo tener una estructura bastante estática, con pocas acciones, con un texto quizá demasiado argentino, dentro de un contexto político y social propio del país del que es originario, había que universalizarla. Fuera de Argentina se sabe más bien poco de lo que pasó durante la dictadura de Videla, y la obra tiene muchos guiños en forma de citas del cine argentino, de palabras o de giros, entre otras referencias locales. Fue fantástico poder resolverlo con los actores. Y el reto de interpretar la obra de uno de los grandes autores de la historia del teatro, ante los que uno tiene un respeto que hace que no den ganas de tocar ni una coma.

¿Qué tanto ha desnudado psicológicamente a sus tres protagonistas en escena?

Soy una actriz y directora a la que le gusta mucho desnudar a los personajes en toda la profundidad de su psicología. En este caso ha sido relativamente sencillo por sus actores. Dos de ellos son argentinos, algo que ha ayudado muchísimo, y una española, que ha dado la otra visión. Hemos llegado a la psicología de tres personajes complicados con relaciones complicadas. Se trata de personajes marginados por la sociedad pero también automarginados. El encontrar sus porqués, encontrar sus consecuencias, encontrar su paso del tiempo, sus frustraciones, sus ilusiones, sus sueños, ha sido un ir quitando capas. Nos encontramos con la verdad en la que tanto creo sobre el escenario.

 

¿Qué paralelismo podemos encontrar en Cámara Lenta o sus antihéroes y nuestra sociedad actual?

Yo creo que todos. Poco ha cambiado el ser humano en su necesidad de dar y recibir amor. Y poco han cambiado los sueños y la pretensión de ser feliz. Tampoco han cambiado las circunstancias dadas. La valentía, la cobardía, el atreverse, en resumen el devenir de la vida que nos coloca ante unas consecuencias.

 

¿Qué mensaje es el que se desprende de esta obra?

Realmente el mensaje de una obra es aquel que está en cada espectador, en los actores, en los técnicos, en la dirección, en la producción, … A mí me interesa mucho la relación entre estos tres personajes, porque es una historia de soledades, es una historia de amistad, es una historia de amor pese a la crueldad, es una historia de sueños rotos, es una historia de necesidad de protección, es una historia de la casa como refugio. Todo, más allá del desarrollo de la historia en un contexto político y social tan tremendo como fueron aquellos años en Argentina, porque una cosa no puede ir separada de la otra. Estos seres son lo que son y viven como viven también a consecuencia de aquellos años.

 

Siendo muy concisa, ¿por qué cree que debemos ver esta obra?

Porque el espectador va a encontrar humor, pero a la vez va a encontrar mucha verdad. Va a encontrar un texto maravilloso, unos personajes llenos de humanidad, sumamente rotos y pese a ello, muy unidos. El vestuario y la escenografía son de Pier Paolo y de Roger, el panorama de luces corre a cargo de Juan Seade y la composición musical de Miguel Barón, un auténtico lujo de equipo. Los trabajos actorales son fantásticos. Todas las críticas han elogiado a los actores. Es una obra que logra el objetivo del teatro.

 

Las críticas han ensalzado su sello, y recordamos alguna de ellas: “En la dirección, Blanca Oteyza pone una vez más su sello de preciosismo, sensibilidad y compromiso sobre el escenario”. ¿Qué cree que ha aportado Blanca Oteyza a la obra?

Me da pudor hablar de mi trabajo. Creo que aporto pasión, mucha ilusión, un respeto brutal a esta profesión. Esa crítica resume muy bien mi sentir, y me da mucha alegría que lo piensen así. Como dijo mi amigo Enrique Salaberría cuando la vio, el sello de Oteyza, el preciosismo.

 

El dramaturgo Pavlovsky dijo sobre Cámara Lenta: “Cuando comenzó el proceso de escritura ignoraba el sitio donde me llevaría la historia que deseaba contar”. ¿Dónde quiere llevar Blanca Oteyza con esta obra al espectador?

Quiero llevar al espectador a que durante una hora y diez se meta en el mundo de estos tres personajes, en los años en los que viven. Quiero que no piense en nada más que en lo que están viendo, en la humanidad de estas tres personas, en que alucinen con los actores, en distraerles, en hacerles reflexionar. Quiero sorprenderles. Que se vayan del teatro con mil preguntas en la cabeza. Que se emocionen y que estén contentos por haber ido.

 

Ha trabajado muchos años en Argentina, y ahora en Madrid dirige una obra con sello argentino, de un porteño que la escribió en Madrid. Curioso paralelismo, ¿no cree?

Es un paralelismo precioso. Yo creo que la vida da muchas vueltas y yo creo que los personajes eligen y las obras también te eligen para ser dirigidas. Son los secretos de la vida, el cierre de los ciclos. A lo mejor, yo en ese sentido, por haber vivido tantos años en Argentina he podido comprender muchas cosas que con mi visión de no ser de allí, he podido captar desde aquí. Es un paralelismo muy bonito desde dentro y desde fuera.

 

¿Qué destacaría de cada personaje?

Dagomar es el alter ego de Amílcar en su mejor sentido. Amílcar le enseña todo, le da todo a Dagomar. Dagomar cumple un sueño común, un sueño profesional y vital. Llegan a lo más alto. Rosa también forma parte de este tríptico. Es cierto que una decisión en la que Dagomar se deja llevar por la soberbia, se deja llevar por la ambición, se deja llevar por el ego daña de tal manera a Amílcar que van a vivir las consecuencias durante el resto de sus vidas. La decisión de uno va expandiendo diferentes ondas que afectan, como muchas veces, a quien más se quiere. Es una historia de amor a tres. Han vivido juntos, pero no solo físicamente. Entre los tres han puesto sus ilusiones, sus frustraciones, su amor.

 

¿Y qué destacaría de cada actor que lo interpreta?

Estos tres actores enormes, que son Héctor, Patricio y Carmen, hacen unos trabajos fantásticos, de una generosidad increíble. Lo que han confiado en mí, cómo se han puesto en mis manos, el camino que aún estamos recorriendo, ha sido y está siendo un camino maravilloso. Son tres actores que se han consolidado rápidamente. Las composiciones de los personajes, de sus vínculos, de relaciones, tienen que ver con su generosidad. Han entendido de una manera muy inteligente por dónde pasa el respeto al escenario, el rigor del teatro, la sensibilidad, la emoción. Está siendo un viaje precioso de una solidez increíble.

 

Los tres personajes encuentran refugio en la casa de Dagomar, pero ¿cuál es el refugio real que encuentran estos personajes?

La casa de Dagomar es un refugio. Está muy venida a menos materialmente, pero sin embargo sigue siendo un refugio para los tres. Un refugio de todo lo que va pasando fuera en estos años a los que nos referíamos antes, tan importantes, tan sufridos y tan crueles en Argentina. Las cartas están echadas, como diría Chéjov, la canción está cantada. Es el refugio del que no salen, pero a la vez es una trampa, porque ya no tienen dónde ir. Los tres serán víctimas de una decisión grande por parte de Amílcar, que es terminar decididamente. La casa de Dagomar es una alegoría sobre la propia Argentina de esos días. Un país que llega a lo más alto, un país estrella en muchos sentidos, que se desmorona. Se desmorona en lo económico, en lo social, en lo político. Se produce el devenir más desastroso de un sueño.

Cámara Lenta

Con el boxeo como telón de fondo y un país roto en pedazos bajo una dictadura militar, se enmarca una historia de pérdidas y recuerdos. Un mundo poético y ajado de tres seres marginados: Dagomar, una antigua gloria del boxeo, Amílcar, su entrenador, y Rosa, amiga de ambos. Sujetos despedazados que encuentran en casa de Dagomar un refugio dentro del terrible contexto que los atraviesa.

Teatro Victoria / Calle Pez 17 Del 12 de enero al 23 de febrero / Viernes 20:30 h.