«No importa lo delgado que hagas el corte , porque siempre habrá dos lados»
Al leer esta frase, con la que Spinoza se refiere a las dos opciones que siempre van unidas a la hora de tomar una decisión o afrontar una disyuntiva, perteneciente a su obra «Ética inspirada según la razón geométrica», se pueden llegar a comprender las relaciones tan estrechas y tan poco conocidas que existen entre algunas disciplinas puramente científicas, como la física, la óptica y la oftalmología, con la filosofía.
Trabajando como oftalmóloga, he explorado el globo ocular utilizando instrumentos ópticos muy diversos para diagnosticar las enfermedades de los ojos y poder después tratarlas médica o quirúrgicamente. Todo esto, y conocer la biografía de Spinoza, y sobre todo leer su obra filosófica, me ha llevado a pensar en la gran cantidad de nexos de unión que existen entre el conocimiento puramente científico y la filosofía.

esquiascopia y lente de Goldmann para la exporacion del fondo de ojo

Y es que realmente, las lentes talladas están escondidas detrás de todos los aparatos de exploración que se utilizan en la consulta de oftalmología (lámparas de hendidura, oftalmoscopios, microscopios, retinoscopios, espejos de Goldman) y encierran en sí mismas mucha historia y mucho arte, y son también capaces de inspirar muchos pensamientos.
El globo ocular es un aparato complejo y extraordinariamente preciso que capta las imágenes, las cuales, después de reflejarse en él como en un espejo, llegan al cerebro donde son procesadas y elaboradas para que finalmente seamos conscientes de lo que hemos visto.
Y precisamente considerar el globo ocular como un elemento puramente óptico es lo que puede acercar la oftalmología a la obra de Spinoza, uno de los filósofos racionalistas más importantes del siglo XVII. Él llegó a ordenar sus pensamientos siguiendo un orden casi matemático, inspirándose en la geometría física que conlleva el tallado de las lentes, ya que además de ser un gran filósofo, era un experto pulidor de lentes.

Baruch Spinoza, o Benito Espinoza, como más le gustaba que le llamaran durante la última etapa de su vida, recordando sus orígenes sefardíes, era judío; su familia emigró a Holanda. Era hijo de un rico comerciante, pero sus ideas filosóficas tan avanzadas sobre la naturaleza de Dios hicieron que fuera excomulgado de la comunidad judía y condenado al ostracismo en vida.
Siguiendo las recomendaciones del Talmud, aprendió que además de instruirse en las ideas sobre el espíritu, debía también aprender un oficio manual, y este fue el de pulidor de lentes. Fue precisamente este trabajo el que ejerció para poder ganarse la vida y seguir escribiendo cuando fue expulsado de la comunidad judía. Mientras pulía las lentes, se ejercitaba en pensar, de manera que así lograba entrelazar sus intereses científicos en el ámbito de la óptica con los filosóficos. Llegando con este trabajo puramente manual a obtener virtudes muy importantes como la paciencia y la precisión.
A su muerte, además de su biblioteca y sus objetos personales, se encontraron en su taller los instrumentos propios de su oficio de pulir, catalejos e incluso un telescopio, que se vendieron a buen precio y con ello se pudieron pagar sus exequias, lo que demuestra que Spinoza, además de gran filósofo, fue también muy buen pulidor de lentes.
Quizás por ello su obra más importante, que fue publicada después de su muerte, se titula precisamente «Una Ética demostrada según el orden geométrico», en la que probablemente fuera su «saber hacer» en su actividad manual como pulidor de lentes, que le exigía paciencia, método y sobre todo precisión, lo que le llevara a organizar sus pensamientos filosóficos de una manera tan extremadamente clara y ordenada.
Spinoza es un ejemplo de que siempre ha existido un nexo de unión entre los conocimientos puramente científicos y la filosofía, algo que también mucho tiempo atrás le había sucedido al filósofo griego Euclides con su geometría, aunque Spinoza realmente se introdujo en el complejo mundo de la geometría euclidiana a través de sus sencillos conocimientos de física como pulidor de lentes.
El filósofo y matemático Wilhelm Leibniz, que fue cliente de Spinoza porque le pidió que tallara unas lentes para su telescopio, al conocerle quedó profundamente marcado por sus ideas y su pensamiento impregna también la obra de este otro gran filósofo.
Algunos siglos después, el poeta Paul Valery se refería a Spinoza como: «Un filósofo ávido de definiciones rigurosas, como las lentes que pulía.»
También, por desgracia, ese trabajo como pulidor de lentes que le sirvió para desarrollar sus razonamientos filosóficos pudo también adelantar su muerte, ya que el polvillo de cristal producto del pulido de las lentes que absorbía al trabajar quedaría adherido a sus pulmones, que ya estaban afectados por la tuberculosis, llevándole a la muerte a los cuarenta y cinco años. Fallece el 23 de febrero de 1677, dejando una biblioteca donde se mezclaban con los clásicos griegos y latinos los poetas italianos y españoles; una colección de libros propios de un humanista que con su obra construyó un proyecto de vida basado en la alegría de lo necesario.
La brillantez de sus ideas, su honestidad y su vida extremadamente difícil no han dejado de atraer la admiración de importantes personajes; uno de ellos era Albert Einstein, que decía que el único dios en que verdaderamente creía era en el de Spinoza, quizás porque su idea de Dios era la que estaba más próxima al pensamiento científico, y la tesis doctoral de nuestra gran filósofa María Zambrano, titulada «La salvación del individuo en Espinoza», estuvo también dedicada al pensamiento de este gran filósofo.
Pero además, la óptica, que tanto había influido en las ideas de Baruch Spinoza, contaba con un gran desarrollo en la Holanda de aquella época. Baste recordar que Janssen había desarrollado el microscopio en 1590 y que en 1677 Antón Van Leeuwenhoek hacía las primeras descripciones de los protozoarios y las algas unicelulares.
Pero la perfección en la realización de las lentes por parte de la óptica tuvo además un papel fundamental para el desarrollo de otras ciencias, como la astronomía con los telescopios y la biología con los microscopios. Asombrosamente, también este desarrollo de conocimientos ópticos marcó en gran medida las tendencias en el mundo del arte, sobre todo en el de la pintura, porque gracias al uso de todos estos instrumentos ópticos se llegó a alcanzar un nivel de realismo increíble en las obras pictóricas de los siglos XVII y XVIII.
Porque los microscopios, las lentes de aumento, los espejos, las cámaras oscuras y los telescopios invertidos fueron utilizados por pintores como Vermeer, que precisamente también vivió en Holanda y fue contemporáneo de Spinoza.

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