Hace año que de vez en cuando oímos hablar del genocidio de Sinkiang, pero ¿qué sucede allí? ¿El gobierno chino se ha propuesto el exterminio de los uigures en campos de concentración a semejanza de los nazis? La verdad es que es disponemos de escasísima información contrastada. La hermética China Popular ha impuesto el más severo silencio informativo en su provincia noroccidental.

Desde 2016, imágenes tomadas por satélite corroboran que el aumento de instalaciones de grandes módulos prefabricados vallados, el prototipo de campos de concentración en la zona. Ese año, Chen Quanguo fue elevado a Secretario General del Partido Comunista chino en la región Shinkiang. ¿Sus méritos para el puesto? La mano de hierro exhibida desde 2011 en Tíbet, donde ocupó el mismo puesto.

«de vez en cuando oímos hablar del genocidio de Sinkiang»

A partir de 2018 se han multiplicado los exiliados de Shinkiang que relatan su estancia y huida de campos de concentración. La naturaleza de estos no queda demasiado concretada en muchos noticieros.

Existe confusión entre campos de concentración y campos de exterminio. Propiamente, los últimos son exclusivos del Holocausto nazi (1942-1945). Los campos de concentración son un espacio de hacinamiento para albergar a mucha gente. Por lo general, sus ocupantes no pueden abandonarlo o sus salidas se encuentras severamente restringidas, pero sin perseguir la aniquilación física de sus miembros. De hecho, en diversos casos, como los campos de refugiados del genocidio ruandés, en la República Democrática del Congo, pretenden proteger –aunque sea en precario- a sus internos.

China persigue a los islámicos uigures más que a los cristianos
En oscuro, Shinkiang en inglés XinJian (la trasncripción de los caràcteres del mandarín varía según el traductor).

Entre ambos extremos, Auschwitz y campos de refugiados, encontramos diversas modalidades más próximas a aquel o a estos. En las guerras contemporáneas, los campos de prisioneros han sido bien conocidos. El trato dispensado a militares capturados ha sido bastante dispar. En algunos casos eran espacios de tortura y trabajos forzados, en otros lugares que cumplían con lo exigido por el Derecho Internacional.

«existe confusión entre campos de concentración y campos de exterminio«

Estados Unidos conoció los Campos de la Vergüenza, donde entre 1942 y 1946 se internó a más de 120.000 personas de etnia japonesa, muchos de ellos ciudadanos norteamericanos.

En los países comunistas el modelo a seguir, ha sido el Gulag soviético o campos de trabajos forzados. En sus versiones más atroces, la estalinista, literalmente, uno de cada dos internados moría en el campo. Ciertamente, la otra mitad volvió a casa antes o después, a menudo con su salud física y psíquica muy resentida. ¿El objetivo era exterminar? A ver, no en los términos de los campos nazis, pero parece evidente que mantener con vida a los internos distaba de ser una prioridad.

A este último grupo pertenecen los campos de Shinkiang, o como los denomina Chen Quanguo, “campos de reeducación”. Los testigos relatan segregación por sexos, jornadas de trabajos forzados, mala alimentación y horas enteras recitando himnos o lemas de adoración al Presidente Xi Jinping y los demás grandes líderes pasados y presentes. También existen relatos de torturas, como el de la exiliada, Mihrigul Rusun que estuvo internada en tales campos y perdió a un hijo en circunstancias no aclaradas por las autoridades chinas. Según afirma que fue golpeada y sometida a electroshocks.

«En los países comunistas el modelo a seguir, ha sido el Gulag […] A este último grupo pertenecen los campos de Shinkiang, o como los denomina Chen Quanguo, campos de reeducación”

Rusum pertenece al pueblo uigure, principal grupo étnico víctima de las autoridades comunistas en Shinksian. Sin embargo, no se trata de una persecución por motivos de raza, sino religiosos, como muestra el caso de la doctora Sayragul Sauytbay, ciudadana china de etnia kazaja, que en 2018 cruzó la frontera con Kazajistán para pedir asilo político después de escapar de los campos. Ese país no atendió a Pekín cuyo gobierno exigió su inmediata devolución. No obstante, tampoco le concedió asilo, quedando la doctora en un limbo hasta que las autoridades del Kazajistán, permitió su marcha a Suecia, país que sí le ha dado asilo.

Las persecuciones de uigures, tayikos, kazajos y turkmenos perseguidos en China obedecen principalmente a su fe musulmana. El islam se ha convertido en una barrera para el arraigo ideológico del comunismo chino en Shinkiang. Las pequeñas poblaciones incluso han llegado a desarrollar espacios institucionales no oficiales, como tribunales o asambleas, que resultan especialmente desagradables para el partido.

«o se trata de una persecución por motivos de raza, sino religiosos»

¿Es esto un genocidio? Según la Convención contra el Genocidio de 1948 y el Estatuto de la Corte Penal Internacional, el genocidio no se reduce a las matanzas masivas, ni a la destrucción física completa de un grupo étnico. También lo es destruir a una parte del grupo, étnico, racial o religioso el genocidio por motivos políticos es crimen de lesa humanidad– directamente, o bien someterlos a condiciones que ponen en grave riesgo su salud y/o su vida. Ergo sí, salvo pruebas fehacientes que desmientan a los testigos, todo indica que estamos ante un genocidio étnico-religioso, por motivaciones antirreligiosas.

La comunidad internacional se halla dividida. Frente a 22 países, entre ellos España, que han firmado una carta del Comité de DDHH de la ONU para solicitar a China el cierre de estos campos, la contraofensiva diplomática china ha logrado que 37 países firmen una carta hablando de los logros para el desarrollo que el gobierno chino ha conseguido en Shinkiang y negando la existencia de los campos. En la práctica, desgraciadamente, poco se podrá hacer si Pekín se obstina en su actitud.

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