Este domingo los franceses votaron en sus elecciones municipales y regionales. El Frente Nacional se desinfló, el partido de Macron se desplomó y el centro derecha se vio favorecido. Pero, el ganador con mayúsculas fue la abstención: el 66% del censo se quedó en casa.

En toda democracia hay elecciones que despiertan más entusiasmo que otras. Las municipales, por lo general, congregan a menos votantes que los demás comicios. Por supuesto, cada país presenta sus particularidades. Nuestros vecinos portugueses, por ejemplo, nos sorprenden con el poco interés por sus comicios presidenciales. Rara vez un Presidente luso es elegido con más de un 50% de abstención. ¿La razón? La constitución reserva la dirección del gobierno al Primer Ministro, que, como aquí el inquilino de La Moncloa, se le elige indirectamente.

«Este domingo los franceses votaron en sus elecciones municipales y regionales […] abstención: 66%»

Sin embargo, en Francia tienen un problema cada vez más grave de desinterés electoral. Desde hace más de una década la participación electoral está en caída libre. Sólo las elecciones presidenciales registran participación por encima del 60%.

En las elecciones legislativas de 2002 y 2007, la participación apenas rozó el 60%. En 2012, la Asamblea Nacional fue elegida por apenas la mitad del censo. El cuerpo legislativo actual fue votado en primera vuelta por el 48% de los franceses. En segunda vuelta, sólo el 42%.

¿Por qué ocurre esto? El sistema electoral francés da pocos incentivos para ir a votar, fuera del Presidente. E incluso en esas elecciones la participación sería más baja si el Jefe de Estado no concentrara tanto poder.

«El sistema electoral francés da pocos incentivos para ir a votar»

Imagine el lector, si es de izquierdas, que sólo tiene dos papeletas: una del PP y otra Vox. Si es de derechas, sólo le dan a escoger entre votar PSOE y Podemos. ¿Se quedaría en casa? Muchos franceses responden a esta pregunta afirmativamente.

En Francia, alcaldes, diputados y el Presidente se escogen en un sistema de dos vueltas. Si nadie supera el 50% de los votos, los dos candidatos más votados van a la segunda vuelta. Piensen que se vota a una persona, no a una lista. En la práctica esto hace casi imposible que los partidos pequeños obtengan representación ni que sea marginal, privilegiando siempre a los partidos más votados, aunque la diferencia real de votos no sea tan grande.

«Imagine el lector, si es de izquierdas, que sólo tiene dos papeletas: una del PP y otra Vox. Si es de derechas, sólo le dan a escoger entre votar PSOE y Podemos. ¿Se quedaría en casa?»

Este sistema, llegó a Francia con la V República en 1959. El país se encontraba inmerso en la guerra de Argelia. Este país no era considerado una colonia, sino un departamento francés más, lo que hacía que Francia se resistiera a aceptar su descolonización. Con los grupos nacionalistas revolucionados a este lado del Mediterráneo, el Presidente francés le pidió al general De Gaulle que formara un gobierno de salvación nacional.

El buen general vio entonces posibilidades de hacer lo que le habían impedido hacer en 1945. Aceptó convertirse en Primer Ministro, pero sólo si era con amplios poderes, quería gobernar sin Parlamento, o con el mínimo parlamento posible. A partir de ahí, su propia camarilla de asesores escribió la presente constitución francesa que se aprobó en referéndum aprovechando el difícil contexto político.

«En Francia, alcaldes, diputados y el Presidente se escogen en un sistema de dos vueltas»

En pocos meses De Gaulle se convertía en Presidente con amplísimos poderes. Entre otras cosas podía:

  • Disolver el Parlamento cuantas veces quisiera
  • Nombrar y cesar al Primer Ministro. El cese implicaba la dimisión de todos los ministros.
  • Convocar referéndums unilateralmente.
  • Última palabra en materia de defensa y política exterior.
  • También puede militarizar el país cuando lo estime necesario.
  • Cuando Francia consiguió la bomba atómica, incorporó el poder del fuego nuclear, es decir, puede ordenar un ataque nuclear sin consultar a nadie.

Además, la constitución francesa es la única que establece reservas de reglamento. ¿Qué es eso? En España hay materias que tienen reserva de ley o de ley orgánica. Sólo el Parlamento puede regularlas. Ahora bien, en nuestro país y en la mayoría de democracias cualquier asunto puede regularse por ley. Cuando se prevé una reserva de ley, lo que se está diciendo es que ese tema sólo lo pueden desarrollar los legisladores, no cabe hacer un decreto, un decreto-ley o similares.

De Gaulle invirtió los términos con la reserva de reglamento. Los reglamentos los aprueban los gobiernos, luego una reserva de reglamento significa que hay materias que el Parlamento no puede regular. El gobierno se encargará por él. Es más, en muchos casos, el gobierno francés está obligado a proponer una ley a la Asamblea Nacional y el Senado, pero si se la rechazan, la constitución le faculta a aprobarla como reglamento.

«la constitución francesa es la única que establece reservas de reglamento […] hay materias que el Parlamento no puede regular»

Muchos constitucionalistas, como Löwenstein, pensaron que el régimen no sobreviviría mucho a la salida del poder de De Gaulle, sin embargo, el caudillismo es un mal endémico en muchas sociedades y especialmente en la francesa.

A finales de siglo, se impulsó una reforma constitucional que acortó el mandato presidencial de siete a cuatro años. Se buscaba evitar las llamadas cohabitaciones, es decir, que el Presidente y el Parlamento fueran de colores políticos distintos. Esto obligó a Mitterrand, primero, y después a Chirac a convivir con un Primer Ministro de la oposición, lo que acabó como el rosario de la aurora…

Objetivo conseguido: los franceses votan ahora el Parlamento a las semanas de votar al Presidente. El sistema de dos vueltas asegura una mayoría absoluta al partido del Jefe de Estado. ¿Resultado? El Parlamento se convierte en una asamblea que aplaude y ejecuta puntualmente la voluntad del Presidente, sin suponer un contrapoder real. Sin exagerar, más freno supone al Presidente el Consejo de Estado que la Asamblea Nacional.

«El Parlamento se convierte en una asamblea que aplaude y ejecuta puntualmente la voluntad del Presidente»

Macron ya prometió hace cuatro años una reforma constitucional para dar más peso al Parlamento. No era el primer Presidente que hacía esta promesa… ni el primero que la ha abandonado en un cajón. Pues nada, a peor irá la abstención en Francia.

Al margen de que la relación ciudadanía política no pasa en Europa por su mejor momento, sin duda poco interés tiene la gente en ir a votar a instituciones con poco o ningún poder real. Es que ya no es sólo que puedan pasar de tu voto, pueden pasar hasta de quien hayas elegido con él…

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