«¿Qué se hizo mal en Afganistán?», esta pregunta se repite con insistencia y no es para menos. Después de 20 años de ocupación, un gasto de miles de millones de dólares y más de 150.000 muertos ¿cómo ha retornado al poder los talibanes en apenas dos semanas?

¿Factores clave en esta debacle? De mayor a menor, la pobreza, la corrupción y las tensiones étnicas.

“Después de 20 años de ocupación, un gasto de miles de millones de dólares y más de 150.000 muertos ¿cómo ha retornado al poder los talibanes en apenas dos semanas?”

Inicialmente la estrategia talibán se basó en la resistencia armada, que sobre todo consistía en atentados indiscriminados para la propagación el terror. Además, sus grupos paramilitares libraban una guerra de guerrillas mediante emboscadas y escaramuzas contra las fuerzas internacionales y los militares afganos, aprovechando las regiones más inhóspitas del país. Y eso es decir mucho en una orografía tan difícil la afgana.

En 2016, con el encumbramiento del mulá, Hibatullah Akhundzada, al liderazgo talibán, se consolida un cambio de estrategia. A partir de entonces sus esfuerzos se centraron en afianzar su poder territorial y presentarse como fuente de prosperidad ante la población.

“¿Factores clave en esta debacle? De mayor a menor, la pobreza, la corrupción y las tensiones étnicas”

Pese a la ocupación los talibanes siempre han controlado algo más que cuevas y montañas. En contra de lo que nos decían los gobiernos occidentales, diversas localidades y regiones se mantuvieron ininterrumpidamente en su poder. Sí, periódicamente, una tropa de Kabul o de las fuerzas internacionales se dejaba caer por allí, pero estaban de paso. Mientras hacían la ronda se ocultaban y en cuanto se iban recuperaban el control. Así, albergar militares en una villa rural no era sinónimo de problemas para sus habitantes.

A los pocos meses ese mismo año, se oficializan las conversaciones de paz con Washington en Doha, capital de Dakar. A los talibanes se les promete una amnistía y la posibilidad de convertirse en un partido político dentro de la democracia afgana.

“Pese a la ocupación los talibanes siempre han controlado algo más que cuevas y montañas”

La primera consecuencia de las conversaciones de paz es que los talibanes hacen pública su presencia y poder sobre algunas regiones del país. A partir de ahora ya no serán atacados, circunstancia que aprovechan para intensificar el cultivo de la amapola dormidera, base del opio y la heroína. A diferencia de los territorios controlados por los extranjeros o Kabul, ellos no le ponen pegas a que la gente malviva de la narcoeconomía. Por supuesto, son ellos quienes se llevan los beneficios millonarios y dan las migajas a los campesinos, pero esas migajas valen mucho cuando se pasa hambre.

A finales de 2020, las migraciones internas del país habían situado a casi el 50% en el puñado regiones de influencia talibán. Solo allí podían ganarse la vida. Todo esto sucede durante tres años sin que se interrumpan las conversaciones de Doha. De hecho, Washington deja fuera de la mesa de negociaciones al gobierno de Kabul y se manifiesta dispuesto a aceptar el retorno al poder de los talibanes si se facilita la evacuación de las fuerzas internacionales.

“A finales de 2020, las migraciones internas del país habían situado a casi el 50% en el puñado regiones de influencia talibán”

Si comparamos la situación actual con las dos anteriores guerras civiles hay que tener en cuenta lo siguiente. La URSS invirtió mucho dinero en Afganistán, durante la década de los ochenta cuando lo ocupó. Mucho más, de hecho, que los aliados de 2001. Además esté llegó en forma de algunas industrias. Consciente de su agotamiento económico y los costes de la lucha contra la resistencia tradicionalista, el Kremlin toleró incluso la inversión capitalista de Japón, Pakistán y la India.

Cuando las tropas soviéticas se retiran en 1989, el régimen sobrevive hasta 1992 no porque los afganos fueran comunistas entusiasmados, sino porque la República Popular Afgana podía darle trabajo a la gente. Durante la siguiente guerra civil (1992-1996) entre talibanes y otros grupos islamistas, ambos bandos intensifican el cultivo de la amapola adormidera. Uno y otro ofrecían un medio de vida a la gente.

¿Y los aliados no hemos ayudado económicamente a Afganistán desde 2001? La factura total asciende a más de 978.000 millones de dólares, la mayor parte de los cuales los puso Estados Unidos. Sin embargo, la mayor parte de este desembolso era gasto militar, bien para las propias tropas, bien para formación y armamento de un ejército afgano de 300.000 hombres.

“el Kremlin toleró incluso la inversión capitalista de Japón, Pakistán y la India”

La inversión económica para el desarrollo del país fue apenas de 48.000 millones de dólares, el 4’9% del total. Y a la sociedad civil le llegó muy poco. Cuando se derrocó a los talibanes se integró a muchos dirigentes de la Alianza Norte en el gobierno afgano. Sí, estos grupos habían combatido a los talibanes, pero con seguridad no eran los líderes idóneos para el nuevo país. Como señores de la guerra, también se habían financiado con drogas y sus concepciones de la democracia y los DDHH estaban bastante lejos de ser ideales. Una vez en el poder, organizaron partidos políticos, marginaron a los políticos verdaderamente comprometidos con democratizar el país y robaron todo lo que pudieron.

Como último factor a tener cuenta en el hundimiento del gobierno afgano encontramos la cuestión étnica. Ningún grupo representa el 50% de la población. La etnia más numerosa, los pastún comprenden el 42% de los afganos, la siguiente, los tayikos, un 27%. A partir de ahí, encontramos por debajo del 10% grupos hazara, uzbecos, aimak, tucomanos, Baluchi y otros.

“Ninguna etnia representa el 50% de la población”

En algún sitio he leído que los pastún son talibanes. Al revés, por favor: los talibanes son en su práctica totalidad pastún. Incluso cabe afirmar que tienen un fuerte sentido étnico junto al fanatismo religioso. Sin embargo, no todos los pastún son talibanes.

Bien, parece ser que el ejército afgano creado durante la ocupación era en su abrumadora mayoría (casi un 80%) tayiko. No ha sido algo buscado, sin embargo, tampoco se ha corregido y eso ha sido el tercer error fatal. Cuando se le ha pedido al ejército que luchara en regiones que no eran de mayoría tayika, simplemente, han tirado las armas y se han marchado. ¿Por qué morir por una tierra y unas gentes que sienten ajenas?

“el ejército afgano creado durante la ocupación era casi un 80% tayiko”

Dicho sea de paso, el rápido avance de Estado Islámico por el norte de Irak en 2014 se vio facilitado por un factor parecido. Esas regiones del país eran de mayoría suní, mientras que el sur y las fuerzas armadas del gobierno post Sadam Hussein eran chiíes. Hasta que ISIS no se acercó a las zonas chiíes cerca de Bagdad, la resistencia fue simbólica, si es que fue…

Cuando juntamos las piezas, ya no nos sorprende que el gobierno de Kabul colapsara en dos semanas. Lo sorprendente es que sobreviviera 48 horas a la marcha de los aliados. Los talibán eran el único creador de empleo del país. La corrupción política drenaba el país. Para colmo, las fuerzas armadas carecían de espíritu nacional.

 

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