El resumen sería que el Presidente Pedro López Del Castillo fue cesado el miércoles pasado, dos horas después de su autogolpe. Su Vicepresidenta primera -en Perú hay dos vicepresidencias- juró como nueva Jefa de Estado ante el Congreso. Dina Boluarte se ha convertido así en la primera mujer que preside ese país.

Aunque ya se sabe que más importante que el qué es el porqué. Perú no sale de su inestabilidad política desde hace casi una década. El resurgimiento del fujimorismo ha divido al país en dos mitades: los partidarios del clan Fujimori y todos los demás. Pese a que Keiko Fujimori, hija del ex Presidente dictador, nunca ha conseguido alcanzar la presidencia, sus sucesivas derrotas, cada vez más ajustadas, resultaron de inverosímiles de alianzas políticas sólo unidas por el antifujimorismo. El Presidente Kuczynki, de derechas y neoliberal, recibió el apoyo de grupos de izquierda radical en 2016. La misma historia se repitió con Pedro López Castillo en 2021, pero en esta ocasión el candidato era de izquierda radical.

“el Presidente Pedro López Del Castillo fue cesado el miércoles pasado, dos horas después de su autogolpe”

El problema es que en Perú el Presidente necesita al Congreso para gobernar. En caso contrario el país se bloquea. La fuerza del fujimorismo en la cámara junto a otras formaciones afines le garantiza una mayoría que, si bien no es absoluta, hace prácticamente imposible configurar una mayoría alternativa. Apoyar a un candidato de dos durante una campaña electoral, o sea, unas elecciones a susto o muerte, es una cosa. Acordar un programa de gobierno es otra mucho más complicada.

Apenas con dos años en el poder, Kuczynki, acosado por escándalos de corrupción de su etapa como Primer Ministro, decidió dimitir antes de ser destituido por el Congreso. A su vicepresidente y sucesor, Martín Vizcarra, no le esperó una mejor suerte. Los dos años de su presidencia estuvieron marcados por un enfrentamiento entre sus gabinetes ministeriales. Al final intentó disolver el Congreso, pero este lo inhabilitó antes.

“El resurgimiento del fujimorismo ha divido al país en dos mitades: los partidarios del clan Fujimori y todos los demás”

Tomó el timón presidencial el Presidente del Congreso, Manuel Merino, para soltarlo literalmente cinco días. Las protestas que estallaron por todo el país se saldaron con dos muertos, lo que condujo a la dimisión de Merino. El nuevo Presidente del Congreso, Francisco Sagasti, aún no había estrenado el despacho, cuando se vio elevado a la Presidencia de la República. Sagasti dirigió el país hasta las elecciones de 2021.

Los defensores del presidencialismo repiten que este sistema obliga al poder ejecutivo y al legislativo a negociar para que el país siga funcionando. Cómo teoría es preciosa, pero Estados Unidos y Perú ilustran hasta qué punto la práctica se aleja de esa hipótesis politológica. En la práctica el Congreso intenta quemar al Presidente para derrotarle en las próximas elecciones. ¿Y el interés general? ¿Y los ciudadanos? Pues que se sacrifica en aras del partido y el beneficio personal de sus integrantes.

“Perú no sale de su inestabilidad política desde hace casi una década”

A diferencia del parlamentarismo, donde la mayoría parlamentaria puede forzar la dimisión del gobierno sin motivo, el presidencialismo condiciona la destitución del Presidente a una causa criminal.

Desde su llegada al poder, a López Del Castillo se le ha estado juzgado por diversas acusaciones de corrupción. Sus partidarios lo califican de lawfare. Con este anglicismo se define la injusta persecución judicial de una persona, normalmente un político. En otras palabras, se señala a jueces y fiscales como esbirros de partidos políticos.

“a López Del Castillo se le ha estado juzgado por diversas acusaciones de corrupción. Sus partidarios lo califican de lawfare

Carezco de opinión acerca de la inocencia o culpabilidad del López Del Castillo. Desconozco los detalles de la acusación y las pruebas esgrimidas. Sí, hay algunos nombramientos y concesiones que tienen mala pinta, pero no puedo ir más allá.

Por cierto, la corrupción es un clásico en Perú. Buena parte de los diputados están imputados en este o aquel delito. Si no me equivoco, en los últimos años los diputados en juicio por corrupción han llegado a ser mayoría parlamentaria. Por supuesto, las administraciones regionales y municipales no presentan mejor aspecto.

En todo caso, planteemos dos hipótesis: si el ex Presidente era culpable de corrupción bien hacía el congreso en intentar destituirlo. ¿Y si es inocente?

“Carezco de opinión acerca de la inocencia o culpabilidad del López Del Castillo”

Si es inocente, López Del Castillo ha sido víctima de prevaricación judicial y tres intentos de inhabilitación parlamentaria (las dos primeras fallidas) constitucionalmente fraudulentas y quienes hayan orquestado todo esto deberían pasar un tiempo largo en la cárcel. Ahora bien, eso no haría disculpable su intento de golpe de Estado.

Hay algo que se nos escapa. El miércoles por la mañana todo el mundo daba por sentado que el nuevo intento de destitución fracasaría de nuevo. ¿Qué sentido tenía que esa tarde el Presidente firmara un decreto ilegal disolviendo el Congreso? ¿Alguien le avisó de que algún grupo o diputados cambiarían a última hora el sentido de su voto?

“El miércoles por la mañana todo el mundo daba por sentado que el nuevo intento de destitución fracasaría de nuevo”

La constitución del Perú (art. 134) es taxativa acerca de cuándo puede el Presidente disolver el Parlamento. Sólo hay un caso, cuando el Parlamento hubiese forzado la dimisión de dos gabinetes ministeriales consecutivos, el Presidente pude llamar a elecciones.

En todo caso, la intención de López Castillo semana pasada iba mucho más allá de convocar elecciones parlamentarias. De entrada, anunció que esas elecciones quedaban en suspenso. Durante ese período se gobernaría mediante decretos-ley. Además, instauró el estado de sitio en todo el país, con toque de queda nocturno, bajo control militar. Y para rematar anunció que no convocaría un nuevo parlamento, sino una asamblea constituyente para elaborar una nueva constitución.

“la intención de López Castillo semana pasada iba mucho más allá de convocar elecciones parlamentarias”

En pocas palabras, derrocó la constitución desde la presidencia, un autogolpe. Nadie le apoyó, la mayoría de sus propios ministros dimitieron antes de que el decreto se firmara, el ejército se negó a intervenir y el Parlamento sacó adelante la destitución. Apenas dos horas después de firmar su decreto para anular al Congreso, el Presidente era detenido por la policía en su coche oficial camino de la embajada de México, país al que ha solicitado asilo político.

Más de una carcajada ha provocado su estrategia de defensa. Literalmente le ha dicho al juez que no recuerda nada ni del decreto ni su discurso anunciándolo al país, ya que tomó antes “una sustancia”.

“le ha dicho al juez que no recuerda nada ni del decreto ni su discurso anunciándolo al país, ya que tomó antes «una sustancia»”

Incluso si era víctima de una persecución que involucraba a todo el Estado contra él ¿no hubiese sido más útil dimitir con dignidad, ceder el testigo a su Vicepresidenta y centrarse en probar su inocencia y la corrupción de la judicatura? Porque si realmente había una conspiración de los poderes fácticos e institucionales en su contra ¿qué esperanzas reales podía albergar de mantenerse en el poder por la fuerza?