China ha amenazado con ocupar militarmente Taiwán en caso de que el gobierno de Taipéi proclame su independencia. ¿Piensan dar el paso los taiwaneses? La respuesta es no y hay varias razones que lo explican.

La primera de ellas es que el gobierno de Taiwán no se ve a sí mismo como el gobierno de un país propio integrado por la isla de Formosa y otras islas menores, sino como el legítimo gobierno de toda China. De hecho, su nombre oficial es Gobierno de la República Nacional China. Una proclamación de la independencia supondría abandonar esa pretensión histórica en la que justifica su propia existencia.

Más importante aún, nadie quiere facilitarle a Pekín excusas para una acción bélica.

“China ha amenazado con ocupar militarmente Taiwán en caso de que el gobierno de Taipéi proclame su independencia”

La historia de Taiwán es bastante convulsa. En 1895, después de apenas diez meses de combates, la monarquía Quing hubo de rendirse humillantemente ante Japón, que se anexionó Corea y Formosa. Entre los meses de mayo y octubre, es decir, entre la firma del tratado de paz y la ocupación del ejército nipón de la isla, algunos oficiales militares leales a Pekín proclamaron la República de Taiwán. Pese a su corta vida, este gobierno fue la segunda república asiática de la historia.

Por qué esta crisis del estrecho de Taiwán es mucho más peligrosa para la economía que las tres anteriores

A principios del S XX el sistema imperial chino hacia aguas por todos lados. Después de la Primera Guerra del Opio (1842), el Imperio Británico ocupó Hong Kong. Se inauguraba así el Siglo de la Humillación. En pocas décadas, las grandes potencias invadieron periódicamente al antiguo Imperio. Portugal se anexionó Macao. Alemania la ciudad de Tsingtao. Rusia invadió Manchuria. Para rematar el país perdió el control de sus aranceles y ferrocarriles, que pasaron a explotar las potencias extranjeras.

“En 1895, después de apenas diez meses de combates, la monarquía Quing hubo de rendirse humillantemente ante Japón, que se anexionó Corea y Formosa”

Mientras tanto el sistema feudal donde concentraban el poder un puñado de nobles y la corte imperial de eunucos no solo se mostraba incapaz de modernizar el país, sino que empeoraba sus males. No es de extrañar que en 1911 se proclamara la República.

La nueva República China se vio incapaz de resolver los problemas del país. Menos de un año después de su proclamación, los Reinos de Mongolia y Tíbet proclamaron su independencia, ante la impotencia del saturado gobierno de Beiyang. En 1913, el segundo Presidente de China, el general Yuan Shinkai se proclamó emperador, aunque apenas un año después revocó su decisión para recuperar el título de Presidente. En 1917 un golpe militar de la antigua nobleza restauró al emperador Pu Yi, que aún residía en la ciudad prohibida, durante 10 días.

“Después de la Primera Guerra del Opio (1842), el Imperio Británico ocupó Hong Kong. Se inauguraba así el Siglo de la Humillación.”

La corrupción de la nueva república no envidiaba en nada a la del imperio. En pocos años el país se vio atrapado en una espiral de descomposición, quedando muchas de sus provincias en manos de los señores de la guerra.

En 1928, distintos militares y políticos nacionalistas fundaron un partido el Kuomingtang, que ese mismo año proclamó la República Nacional de China o Segunda República en la ciudad de Nankín. Al frente del nuevo gobierno se situó el general Chiang Kai-shek quien gobernó con mano de hierro. Su acción política estuvo marcada por el autoritarismo y monopolizada por las luchas contra los señores de la guerra y el creciente auge del comunismo.

“En 1928, distintos militares y políticos nacionalistas fundaron un partido el Kuomingtang”

Pese a su notable reconocimiento internacional, lo cierto es que el gobierno de Chiang Kai-shek nunca llegó a controlar el país. Tampoco pudo evitar la ocupación japonesa de Manchuria. Su impopularidad iba creciendo y alcanzó su cénit cuando ordenó el arresto del político y filósofo conservador, Hu Hanmin, quien había apoyado durante largo tiempo al general. El malestar interno en el partido forzó su dimisión y Lin Sen pasó a ocupar la presidencia.

Pese a ocupar el mismo cargo, el partido no quería una nueva dictadura personal, de modo que Lin Sen ostentó unos poderes casi ceremoniales. La influencia de Chiang Kai-shek nunca desapareció por completo. Es más, después de la derrota frente a los japoneses en la batalla de Shanghái (1932), su autoridad quedó de facto rehabilitada. Si bien no recuperaría la presidencia hasta 1943, cuando tras la muerte de Lin Sen volvió a dirigir el gobierno de Nankín.

“el gobierno de Chiang Kai-shek nunca llegó a controlar el país”

El estallido de la Segunda Guerra sino-japonesa (1937-1945) marca la ocupación de prácticamente toda la costa China por el Imperio del Sol Naciente hasta su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

Durante este periodo, Chiang Kai-shek alcanzó una tregua con los comunistas de Mao y otros señores de la guerra, formando una inverosímil coalición contra los nipones. Para desgracia de la población china, tan pronto como los japoneses fueron derrotados, la frágil alianza se quebró y el país quedó inmerso en una guerra civil.

En 1945, la armada de los Estados Unidos facilitó el transporte de tropas chinas a la isla de Formosa. Tras casi medio siglo en manos niponas, Taiwán retornaba a China.

“Durante este periodo, Chiang Kai-shek alcanzó una tregua con los comunistas de Mao”

Dos años más tarde, se aprobó la Constitución de 1947 de corte dictatorial que consolidaba el gobierno autocrático de Chiang Kai-shek. Aunque lo disfrutaría por poco tiempo. Dos años después Mao derrotaba a los nacionalistas.

Chiang Kai-shek y su gobierno se refugiaron entonces en Taiwán bajo la protección de los Estados Unidos. Aunque Mao trazó planes para invadir la isla, estos nunca se materializaron… gracias a Dios. Algunos eran tan absurdos como enviar miles de pequeñas lanchas cargadas de soldados contra la isla, de modo que el enemigo no pudiera hundirlas todas. Ninguna aviación, artillería o armada hubiese dado cobertura a esas tropas de infantería.

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos logró mantener al gobierno de Taipéi como legítimo representante de toda China en las Naciones Unidas. Sin embargo, los intereses de la geopolítica son caprichosos.

“Chiang Kai-shek y su gobierno se refugiaron entonces en Taiwán”

Desde 1966 las relaciones entre Pekín y Moscú se habían complicado. Ese año Mao volvió al poder al frente de un movimiento extremista: la revolución cultural. En 1959 los demás líderes del Partido Comunista Chino le habían relegado a un rol simbólico, después de que sus recetas económicas resultaran ser tan buenas como sus estrategias militares. Sin embargo, las juventudes del partido lo idolatraban y él supo explotar ese afecto.

Mao acusó al comunismo soviético de haberse corrompido después de la muerte Stalin. El eje comunista se partió en dos. Al frente del gobierno de Estados Unidos se encontraba entonces Nixon, cuya mano derecha era Henry Kissinger. Probablemente sean los dos individuos con mejor perspectiva geopolítica que ha conocido el gobierno estadounidense y no iban a dejar pasar esta oportunidad.

“Durante la Guerra Fría, Estados Unidos logró mantener al gobierno de Taipéi como legítimo representante de toda China en las Naciones Unidas”

En 1971 la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba la Resolución 2758, por la que se reconoce al gobierno de Pekín como legítimo representante de China en la organización. En pocas palabras, se expulsa de la ONU a Chiang Kai-shek y su ejecutivo en Taipéi, para meter a Mao y al comunismo chino.

Aunque Estados Unidos votó no, su oposición no pasó de mera formalidad. No sólo no presionó a muchos de sus aliados para que mantuvieran a Taipéi en la ONU, sino que incentivó que votaran a favor de la resolución. En 1972 Nixon y Kissinger visitaron China, iniciando las negociaciones que en poco tiempo propiciaban la entrada del gigante asiático en el libre mercado.

“En 1971 la Asamblea General de Naciones Unidas aprueba la Resolución 2758, por la que se reconoce al gobierno de Pekín como legítimo representante de China”

Mientras tanto, Taiwán vivió un auténtico “boom” económico. A principios de los noventa, con Chiang Kai-shek en la tumba desde hacía 15 años, el Kuomingtang empezó su proceso de transformación de dictadura a Estado democrático. Pese a la mantener formalmente en vigor la Constitución de 1947, el gobierno de Taipéi ha renunciado formalmente a reclamar por la fuerza el gobierno de toda China. Si bien, sigue sin considerar legítimo el sistema político creado por el Partido Comunista, entiende que la reunificación nacional pasa por un proceso democrático que no puede automatizarse.

En 1997 Hong Kong fue devuelto a China, en unas condiciones que aseguraban su autonomía política y financiera. La isla debía seguir siendo democrática. Pekín popularizó entonces el slogan de “Una China, dos sistemas” como interpelación a Taiwán. En pocas palabras le ofrecían el mismo trato que a Hong Kong, conservaría sus instituciones políticas, pero como provincia China.

“el Kuomingtang empezó su proceso de transformación de dictadura a Estado democrático”

Lo cierto es que la idea obtuvo un apoyo notable entre los taiwaneses, hartos de vivir en un perpetuo limbo internacional. Sin embargo, los deseos de reunificación se han enfriado mucho desde que el gobierno chino ha recrudecido su autoritarismo y vulnerado el estatus Hong Kong.

¿Qué hay del independentismo taiwanés? Este movimiento ha ganado apoyo en las últimas décadas. En la actualidad, más o menos un 30% de los taiwaneses se declara partidario de convertirse en un nuevo país. No obstante, incluso entre los independentistas, el proyecto de una República de Taiwán se ve lejano y fantasioso, conscientes de que China jamás lo permitiría.

“Una China, dos sistemas”

Pese a la tensión política, Taiwán no vive de espaldas a China. Desde mediados de los ochenta sus intercambios comerciales han ido en aumento. Actualmente, la isla suministra a la China continental un tercio de los microchips que utiliza su industria tecnológica. Este balance económico opera como un escudo protector frente a una escalada bélica.

Sí existe un riesgo en el escenario actual: la economía China. Aunque cueste creerlo, China arrastra dificultades económicas desde hace más o menos una década. La más importante de todas nos suena a los españoles: una inmensa burbuja inmobiliaria. El crecimiento de una relativa clase media se logra únicamente a costa de conservar en una situación de explotación a buena parte de la población cuyas condiciones de vida se hacen más extremas. Como es habitual en muchos regímenes autoritarios, Pekín afronta esta situación buscando enemigos internos y externos. Cuanta más tensión social haya en China, mayor tensión trasladará esta al conflicto taiwanés. Aunque muy improbable, conforme aumenta la tensión social en un país como China, más fácil resulta que el belicismo se imponga y que alguien cometa un grave error de irreparables consecuencias.