Esta semana empezó para los salvadoreños con una nueva crisis constitucional. La Asamblea Legislativa, controlada por el Presidente Bukele, destituyó al Fiscal General del Estado y a 5 jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, el equivalente al Tribunal Constitucional español.

Lo cierto es que la Constitución salvadoreña confiere este poder al parlamento, en sus arts. 192 y 186. Esta facultad de destitución sobre la cabeza de la Fiscalía e integrantes de la Corte Suprema exige de una mayoría de dos tercios y de que se dé una causa legalmente prevista. ¿Qué causa han referido los diputados? Pues, vagamente han aludido a la “falta de imparcialidad”. Sí, este es uno de los motivos de destitución, pero siempre que se pruebe de alguna manera, lo que no ha ocurrido.

“La Asamblea Legislativa, controlada por el Presidente Bukele, destituyó al Fiscal General del Estado y a 5 jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema”

Bukele goza de una inmensa popularidad, como prueba, entre otras cosas, la actual composición del parlamento, elegido el pasado 28 de febrero. La coalición gubernamental ocupa ahora más de dos tercios de los asientos. Sus prisas por purgar el Poder Judicial y la Fiscalía no parecen haberle restado apoyos. Más bien, todo lo contrario. Sus partidarios han marchado por las calles para apoyarle en esta maniobra, arrinconando las escasas protestas de los descontentos.

Hace un año, Bukele ya protagonizó otra crisis constitucional, en aquella ocasión contra el parlamento.

Como ocurre en algunas democracias presidencialistas, las elecciones presidenciales y parlamentarias no coinciden. En El Salador, la Asamblea se renueva cada tres años, mientras que cinco son años del mandato presidencial. Hasta el pasado febrero, la mayoría parlamentaria era opositora al gobierno.

“Sus prisas por purgar el Poder Judicial y la Fiscalía no parecen haberle restado apoyos”

Aunque problemático, se trata de un escenario frecuente en estos sistemas de gobierno. Los políticos lo pueden llevar con resignación hasta que lleguen las próximas elecciones –pagan el pato los ciudadanos, no ellos- o, si tienen algo de altura, intentan negociar para evitar que el choque entre el ejecutivo y el legislativo paralice al país.

Como buen populista, Bukele se mostró incapaz de ambas cosas. Durante de siete meses le estuvo reclamando a la Asamblea que le aprobara un crédito de 109 millones de dólares estadounidenses para reforzar la policía y el ejército.

Harto de negativas, el 7 de febrero, el Presidente anunció por sorpresa que convocaba a la Asamblea a una sesión extraordinaria para que votaran de nuevo sobre el crédito. La constitución (art. 167.7) autoriza al Presidente a convocar a la asamblea en días que no haya sesión prevista, “cuando los intereses de la República lo demanden”.

Naturalmente, se exige de un motivo urgente y de peso. El Presidente no puede marcar a capricho la agenda del parlamento. Esa misma tarde, la Asamblea emitió una declaración rechazando la convocatoria por improcedente.

“el 7 de febrero, el Presidente anunció por sorpresa que convocaba a la Asamblea a una sesión extraordinaria para que votaran de nuevo sobre el crédito”

¿Y qué hizo Bukele? Subir el tono de voz. Al día siguiente recordó que el art. 87 de constitución recoge el derecho a la insurrección popular contra las instituciones. Su discurso daba a entender que al negarle el crédito, el parlamento ponía en peligro al pueblo y era legítimo derrocarlo. No obstante, cuando se le interpeló aludiendo a que el derecho a la insurrección está reservado a la protección de la propia constitución, el Presidente tuvo que admitir la Asamblea no había infringido la carta magna, todavía…

Asamblea Nacional de El Salvador tomada por militares. 9 de febrero de 2020

Aquel domingo, cumpliendo su promesa, Bukele entró en la sede de la Asamblea ocupada por los militares y desde el asiento del Presidente del parlamento, en lugar del de atril, pronunció un discurso ante el puñado de diputados afines que se quedaron a escucharle. Al salir se alegró de haber visto tantos asientos vacíos. Ojalá pronto los ocuparan verdaderos servidores del pueblo.

“Bukele entró en la sede de la Asamblea ocupada por los militares y desde el asiento del Presidente del parlamento”

Pese a que la opinión pública aplaudió el gesto autoritario del Presidente, la Comunidad Internacional condenó su conducta. Además, la Sala Constitucional de la Corte Suprema dio la razón a la Asamblea. No había motivos que justificaran la convocatoria presidencial del parlamento, luego la sesión y cuanto en ella se hubiese votado era nulo de pleno derecho.

Con semejante panorama empezó a correr el rumor de que Bukele daría un paso más en su deriva autoritaria. Sin embargo, Dios quiso librar a los salvadoreños de un nuevo golpe de Estado. Sí, sí Dios. Y no porque la Iglesia Católica, junto a muchos grupos de la sociedad civil, pidiera una desescalada de tensión institucional para alejar los fantasmas de la guerra civil (1979-1992) que desangró al país durante más de una década. No, hablamos de Dios, en persona. Tras el varapalo judicial, Bukele declaró a la prensa que en sus oraciones Dios le había pedido que tuviera paciencia.

“la opinión pública aplaudió el gesto autoritario del Presidente, la Comunidad Internacional condenó su conducta. Además, la Sala Constitucional de la Corte Suprema dio la razón a la Asamblea”

Y paciencia tuvo. Un año más. Eso sí, tan pronto como ha recuperado la Asamblea le ha hecho pagar cara a la Sala Constitucional de la Corte Suprema su independencia.

¿Cuál es la ideología de Bukele? Se le suele calificar populista de derechas. Hay que matizar que en El Salvador, como en general en Centro América, la distinción derecha-izquierda no sigue los cánones europeos, ya que sus sociedades suelen ser muy conservadoras y el machismo, incluso violento, goza de gran aceptación social. Buen ejemplo de ello es que El Salvador, con un Presidente derechista, comparte con su vecina Nicaragua del sandinista Ortega, políticamente hermanado al chavismo, ser uno de los pocos países en que el aborto no es legal ni siquiera en el supuesto de riesgo para vida de la mujer –los otros son Honduras, República Dominicana y… El Vaticano.

“Tras el varapalo judicial, Bukele declaró a la prensa que en sus oraciones Dios le había pedido que tuviera paciencia”

En un país que al que poca gente emigra, priva a Bukele del mantra de la xenofobia. Su discurso gira en torno a combatir la corrupción de las élites y a la seguridad. La promesa de mano dura en un país de elevados índices de delincuencia violenta, le ha catapultado de joven alcalde a joven Presidente.

¿Ahondará Bukele en su deriva autoritaria? En Latinoamérica, los autócratas ya no sueñan con entronizarse en dictadores. Eso sí, manteniendo las formas y, hasta cierto punto la efectividad de la democracia, la pervierten para perpetuarse en el poder. Seguramente, no tardemos en ver las pisadas del Presidente salvadoreño en esa tétrica senda…

 

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