Como en el resto de Europa, el debate migratorio, en nuestro país, no hace más que escalar en relevancia. Por más antagónicos que parezcan, si se les escucha atentamente, los políticos de uno y otro extremo han optado por una estrategia común: fingir hacer algo, mientras, soterradamente, preservan el status quo. La regularización supuestamente masiva y la «prioridad nacional» son dos buenos ejemplos.

¿Por qué existe migración ilegal? Pues no porque estén regados por subvenciones públicas. Contra la creencia tan extendida, un migrante en situación irregular puede acudir a contadísimas prestaciones públicas. Lo que sí encuentra es trabajo.

«Como en el resto de Europa, el debate migratorio, en nuestro país, no hace más que escalar en relevancia»

No sé si es que hacen los trabajos que no queremos hacer, o que los hacen en unas condiciones que los ciudadanos nunca aceptaríamos. Pero hay todo un tejido empresarial dispuesto a beneficiarse de trabajadores que cobran bajos salarios, que no cotizan, que jamás se sindicarán, ni harán huelgas y que no obligan a cargar con burocracia de dar de alta y baja a la seguridad social o a retenerles IRPF.

¿Lo peor? Ningún gobierno meterá mano a este asunto. Su impacto en la cadena productiva, en ciertos sectores tan sensibles como la alimentación, es demasiado elevado. Si los echáramos a todos y sancionáramos a las empresas, literalmente, subiría el precio del pan, de la fruta, de la carne… Algo parecido ocurriría con el sector de la construcción y otros lugares comunes donde se abusa de esta explotación laboral.

«hay todo un tejido empresarial dispuesto a beneficiarse de trabajadores que cobran bajos salarios, que no cotizan, que jamás se sindicarán, ni harán huelgas»

Por lo tanto, ningún gobierno se atreverá a hacer redadas masivas. Si le interesa políticamente, las anunciará, incluso llevará a cabo algunas acciones simbólicas, pero nunca prescindirá de todos los migrantes. ¿Una buena prueba? Italia, donde después de cerrar las fronteras, Meloni ha abierto campañas para trabajadores temporales de países latinoamericanos. Estos trabajarán en un estatus legal, pero sustantivamente peor que el trabajador medio.

Para una mujer que prometió 0 migrantes mientras un solo italiano estuviera en paro, debe de haber sido una píldora muy amarga de tragar. Claro que sus alternativas eran dejar la fruta y otros productos agrícolas echarse a perder o aceptar una subida de preciosos, con el incremento de costes en mano de obra, que hubiese llevado a su linchamiento por la opinión pública.

«ningún gobierno se atreverá a hacer redadas masivas. Si le interesa políticamente, las anunciará, incluso llevará a cabo algunas acciones simbólicas»

En este marco, hemos de encajar el concepto «prioridad nacional», recientemente introducido en el ecosistema político español. Esta expresión la popularizó el Frente Nacional, en Francia, en las últimas décadas del siglo pasado. Suele decirse que se planteó como una alternativa suave a la «segregación racial». Sin duda eso es cierto, pero tenía una segunda intención compatible con la primera: su ductilidad o lo que es lo mismo, una calculada ambigüedad.

Condensado en unas pocas semanas, a este lado de los Pirineos estamos viendo un debate que en Francia se desarrolló durante más de dos décadas. ¿Qué significa «prioridad nacional»? Si lo interpretamos de literal, implica dar preferencia a los ciudadanos nacionales por el mero hecho de serlo.

«“prioridad nacional” esta expresión la popularizó el Frente Nacional, en Francia, en las últimas décadas del siglo pasado »

La pregunta es prioridad en qué y hasta qué punto. ¿Simplemente se trata de pasar por delante, o se pretende excluir totalmente a los extranjeros? Ni siquiera esto está claro.

No hace falta decir que nuestra constitución no admitiría discriminaciones arbitrarias entre españoles y extranjeros. Las diferencias objetivas entre unos y otros, por supuesto, son totalmente válidas, por ejemplo, el derecho a voto. Pero un extranjero en situación regular no deja de ser alguien que está contribuyendo a las arcas del Estado. No se le pueden denegar prestaciones, ni siquiera relegarlo, por sistema, a un segundo lugar, por su origen o nacionalidad.

«Si lo interpretamos de literal, implica dar preferencia a los ciudadanos nacionales por el mero hecho de serlo»

PP y Vox ya discuten si se va a discriminar por arraigo –haber vivido un par de años en un sitio– o por pasaporte. No pasemos por alto que, por ahora, lo de «prioridad nacional» se ha introducido en acuerdos políticos, pactos de investidura y otros discursos. Aún tenemos que verlo en reglamentos o leyes.

Cuando eso ocurra, si es que ocurre, cuando veamos la expresión «prioridad nacional» en boletines oficiales sólo podrá aparecer allí de dos formas: o bien definida en tales términos que no cambie demasiado es status quo de los extranjeros, de modo que pasará el filtro de constitucionalidad; o bien introduciendo cambios que, antes o después, tumbará el Tribunal Constitucional. ¿Qué prefiere Vox? Difícil decirlo.

«por ahora, lo de «prioridad nacional» se ha introducido en acuerdos políticos, pactos de investidura y otros discursos»

En el primer escenario, el partido de Abascal puede convencer a una parte de sus votantes de que han hecho algo. Esto siempre da puntos electoralmente, al menos, por un tiempo, hasta que la gente se da cuenta de que el cambio prometido no existe, que es pura palabrería.

En el segundo caso, tampoco hay cambios. Pero el partido puede decir que lo ha intentado y que los jueces de izquierdas no le dejan ayudar a los españoles. Durante un tiempo, esto asegura el éxito electoral, pero claro, si no entregas nada a tus votantes, la frustración los acaba desbandando.

«No sólo Vox, sino todos los partidos populistas occidentales están atrapados en esta encrucijada»

No sólo Vox, sino todos los partidos populistas occidentales están atrapados en esta encrucijada. Para ser justos, los populistas de derechas lo están un poco más que los de izquierdas, pero no mucho más.

De hecho, por el otro extremo del arco político, las cosas también incluyen una buena dosis de hipocresía. La regulación para migrantes se está haciendo bajo unas premisas oficialmente aperturistas. Sin embargo, en la práctica, el trámite administrativo encuentra tantas trabas que es improbable que muchos aspirantes concluyan el proceso. Las colas son sólo la más visual de estas dificultades.

«en la práctica, el trámite administrativo encuentra tantas trabas que es improbable que muchos aspirantes concluyan el proceso»

En paralelo, el nuevo reglamento de extranjería (Real Decreto 1155/2024), aprobado hace dos años, sobre el papel flexibiliza los trámites para renovar los permisos de residencia, el reconocimiento de arraigo. En la práctica, puede conducir fácilmente al colapso administrativo, ya que no ha venido acompañada de recursos. Esto significa que mucha gente se quedará en suspenso durante meses, sino años, mientras se resuelven sus trámites.

¿Resultado? Se mantiene el status quo. Karl Marx nos explicó que la realidad no la cambia la política, sino la configuración de los grandes medios producción económica. No suscribo plenamente sus palabras, pero hay gran parte de verdad en ellas. El rol que la explotación de los migrantes irregulares juega en nuestra economía propicia que, sin el valor de afrontar el coste económico y social, cualquier discurso político al respecto, al final del día, se quede en puro teatrillo. Y ni siquiera uno bueno.