Aunque el lunes pasado Meloni negó categóricamente haber simpatizado nunca con regímenes antidemocráticos, el vídeo de hace veinte años en que describe a Mussolini como un gran político ahí está para quien quiera verlo. Quizás, para la Primera Ministra italiana Mussolini era un demócrata, al igual que otros aseguran que lo es el régimen cubano o la extinta URSS. Pero si algo llamó la atención durante su debate de investidura, fue su empeño en que se la llame Presidente del Consiglio dei Ministri. Y yo me alegro por ella.

Digo que me alegro, porque gracias a eso sus seguidores tuvieron ocasión de embarcarse en otra épica cruzada twittera para dar la batalla cultural contra la ideología de género. ¿Y qué decir de sus opositores? Durante décadas se recordará su valor para frenar el fascismo y el machismo tuiteando entre una y dos veces de media por individuo.

«su empeño en que se la llame Presidente del Consiglio dei Ministri»

Ahora en serio, no puedo creer que los auténticos bombazos que estallaron en su discurso se eclipsaran tras tan tenue cortinilla de humo. La mujer que cuestionaba el euro y hasta amagó con un referéndum para un Italexit, se ha convertido en una europeista convencida. Su gobierno cree firmemente en el proyecto de la UE, en el euro como garantía de estabilidad financiera y, como no puede ser de otro modo, respetará la política financiera de la unión.

Para que quede claro que esto no son sólo las palabras, la señora Presidente ha otorgado las carteras de economía y finanzas a dos hombres del equipo de Mario Draghi a quien tan duramente criticó. En el banco de gobierno, a Salvini, su viceprimer ministro, se le quedó cara de gilipollas. Su partido, la Liga, rompió con el Primer Ministro Conte porque se veía ganando las elecciones con mayoría absoluta. El Presidente de la República no se avino al adelanto electoral y, en su lugar, nombró a Primer Ministro tecnócrata, Draghi. Salvini aceptó entrar en su gobierno y desde entonces, Fratelli de Italia, empezó a machacar a la Liga en las encuestas. Cuando desesperado rompió el gobierno de Draghi, forzando una crisis de gobierno por segunda vez en dos años, ya era tarde para Salvini. La Liga ha quedado desplazada totalmente en los comicios.

«la señora Presidente ha otorgado las carteras de economía y finanzas a dos hombres del equipo de Mario Draghi»

Por supuesto volvió a vociferar con que defenderá los intereses de Italia por encima de todo. No tenemos muy claro que significa eso.

También nombró a su Europa de las Naciones. La derecha populista lleva repitiendo este mantra desde que el Reino Unido nos dejó claro que abandonar la UE no era el negocio del siglo. Nunca nos concretan demasiado qué es la Europa de las Naciones. Lo más explícito nos llega de partidos que ven lejos la presidencia del gobierno en su país, como Vox, que apuesta porque en Europa las decisiones se adopten por unanimidad. Desde luego, si hoy la UE a menudo nos desespera con su lentitud, nada parece mejor idea que abandonar el sistema de decisiones por mayoría de los Estados para pasar al de la unanimidad en la UE.

Meloni no se quedó en europeista. Hasta se nos convirtió en atlantista. Quien no hace tanto admiraba a Putin, como modelo de liderazgo fuerte y guardián de la Europa tradicional y cristiana, se transformó en pacifista equidistante, tras la invasión de Ucrania. Perdón, tras el inicio de la campaña electoral, a más de cinco meses de la ofensiva. Ahora ya no tiene dudas de que hay que apoyar a Kiev contra el ogro del Kremlin y apretar lazos con la OTAN.

«Meloni no se quedó en europeista. Hasta se nos convirtió en atlantista.»

El pasado jueves, tres días después de su discurso de investidura, su aliado menos confiable, Silvio Berlusconi, en el senado, salió al paso de unas grabaciones en que aseguraba que Putin le había enviado unas botellas de licor por su cumpleaños y él unas de lambrusco. En un discurso breve pero sentidamente teatral, el ex primer ministro repudió a Putin y alabó a la OTAN.

¿Qué ha quedado de la Meloni previa a la jura del cargo? Apenas el discurso de mano dura contra la inmigración. Veremos si es capaz de ejecutarlo o eso sí se queda en palabras.

«¿Qué ha quedado de la Meloni previa a la jura del cargo? Apenas el discurso de mano dura contra la inmigración.»

A la larga, será forzoso admitir que no fueron los políticos grises, los aburridos y realistas los que se cargaron la democracia. Los que han traicionado cualquier compromiso con la verdad para seducir al electorado, esos son los verdaderos enterradores de nuestro régimen político, junto a los corruptos. Quien pasa demasiado tiempo elaborando un discurso populista suele llegar al poder y darse de bruces con las tozudas limitaciones de la realidad. O lo que es aún peor, descubre, una vez en el poder que no sabe qué hacer con él.

¿Qué aporta de la llamada nueva política? ¿Un debate acerca de si hemos de decir señora Presidente o señora portavoza? Al final sus promesas de cambios radicales acaban en naderías. En cuanto al terror que a algunos inspiraban, al final, se queda en un susto.