Estos días a Biden se le habrá puesto cara de gato frente a un plato de nata. No sólo salió de las elecciones de mitad de mandato mejor de lo que nadie esperaba. La exigua mayoría republicana en la Cámara de Representantes, de apenas diez escaños, ha decidido enterrarse a sí misma. Quince votaciones han necesitado para elegir a su speaker.

El “speaker” o portavoz es el equivalente español a presidente del Congreso. Por lo general, su elección da pocos quebraderos de cabeza. Después de todo, hasta que no hay speaker, la Cámara de Representantes está absolutamente paralizada. Por no poder, ni siquiera es posible tomar juramento a los nuevos congresistas.

“Por lo general, la elección del speaker elección da pocos quebraderos de cabeza”

En un sistema político en que sólo hay dos partidos, a la fuerza uno de ellos tendrá siempre mayoría absoluta. Esto se traduce en la norma no escrita de que el speaker se elija en la primera votación. Así ocurre, cada dos años, desde 1923. En toda la historia de Estados Unidos, únicamente en catorce ocasiones, quince contando la actual, se ha requerido más de una votación para elegir al speaker de la Cámara de Representantes. Y sólo cuatro veces se han necesitado más votaciones que en la elección actual.

Afortunadamente no se ha roto el récord de 1855, cuando hicieron falta 133 votaciones para que la Cámara de Representantes nombrara a Nathaniel P. Banks su Presidente. Durante más de dos meses, el Congreso de Estados Unidos estuvo paralizado. En aquella época la tensión entre los bloques políticos era absoluta. Después de todo el país se encontraba a las puertas de una guerra civil que estallaría en 1961.

“el récord de 1855, 133 votaciones para que la Cámara de Representantes nombrara a Presidente”

Las otras dos ocasiones en que fue terriblemente difícil escoger al speaker fue en 1849, cuando Howell Cobb necesitó 63 votaciones para su elección y en 1860, cuando hasta la cuadragésimo cuarta votación, los congresistas no acordaron que les presidiera William Pennington.

Después de entonces, con la salvedad de 1923, todos los speaker vienen haciéndose con el mazo de la presidencia de la asamblea en la primera votación. Esto nos da una idea de lo chocante que resulta para el norteamericano medio que en catorce votaciones haya sido imposible escoger a un speaker.

“Desde 1860, con la salvedad de 1923, todos los speaker vienen haciéndose con el mazo de la presidencia de la asamblea en la primera votación”

Pese a tener mayoría en la Cámara Baja, entre los republicanos hay una veintena de díscolos que se negaron a apoyar a McCarthy. Los rumores de que Trump estaba detrás de este obstruccionismo se vieron desmentidos cuando el ex Presidente pidió públicamente el voto por McCarthy. Frente a las cámaras, los diputados obstruccionistas repetían que admiraban a Trump, dos de ellos literalmente dijeron “Trump is my favorite President”. Pero acto seguido, añadían que en esta ocasión no le harían caso.

Durante sus horas más bajas, McCarthy se volvió hacia los demócratas moderados pidiendo sus votos. El problema es que McCarthy no es un republicano moderado, sino una voz bastante agresiva en su partido. Se le podría incluso catalogar de extremista, sino fuera por que la veintena de rebeldes le aventajan en extremismo.

“Pese a tener mayoría en la Cámara Baja, entre los republicanos hay una veintena de díscolos que se negaron a apoyar a McCarthy”

Risueños, los demócratas le ofrecieron entonces cambiar las reglas de juego. En 1855, hartos de votar, los congresistas cambiaron las normas para que se pudiera elegir a su presidente por mayoría simple. Dicho sea de paso, si la Cámara de Representantes funcionara como la mayoría de los parlamentos del mundo, es decir, si nadie obtiene mayoría absoluta en la primera votación, se elige presidente al que tenga más votos en la segunda, la semana pasada se habría nombrado speaker al candidato demócrata, el congresista neoyorkino, Hakeem Jeffries. En la mayoría de las votaciones, aventajó al candidato republicano, aunque si alcanzar nunca la mayoría absoluta.

La victoria de McCarthy es pírrica. Ha tenido que ofrecer a sus opositores internos puestos clave en determinados comités, que tradicionalmente se han reservado a congresistas con experiencia, por involucrar aspectos sensibles como la seguridad nacional. También ha aceptado un cambio en las reglas para poder ser destituido en cualquier momento, si a petición de un único congresista, se lo exige la mayoría de la cámara. Hasta ahora el speaker era inamovible salvo impeachment.

“La victoria de McCarthy es pírrica”

Una de las funciones que se espera de un speaker, además de que gobierne bien la cámara y el debate, es que disfrute de la confianza de sus colegas de partido. O, si se prefiere una descripción más realista, que tenga bajo control a su partido. Pensemos que el speaker dispone de un gran margen de maniobra para convocar las votaciones. Es importante que nunca lo haga antes de tener amarrados los votos. Ahora mismo, muchos republicanos duda de que McCarthy sea capaz de desempeñar esta tarea.

Ya hace un tiempo que la mucha gente ve Estados Unidos sumergido en un clima guerracivilsita. A juzgar porque sólo en los años previos a la Guerra de Secesión (1861-1865) hubo tantos problemas para escoger al speaker del Congreso, los eventos de esta semana reforzarían esta interpretación del presente estadounidense. No obstante, sin minimizar el peligro del clima de tensión social, aprecio más similitudes con el escenario de 1923.

“aprecio más similitudes con el escenario de 1923”

Para entenderlo tenemos que mirar a 1924. Aquel año se celebraron unas sui generis elecciones presidenciales en Estados Unidos con tres candidatos con posibilidades: el Presidente Calvin Coolidge, que consiguió por abrumadora mayoría, el candidato demócrata, J. W. Davis y el candidato progresista, Robert M. La Follette. El movimiento progresista nació en 1911, cuando el ex Presidente, Theodore Roosevelt, se presentó a un tercer mandato, fuera del partido republicano. La Follette, gobernador republicano de Wisconsin recogió aquella antorcha. En 1923, el Congreso tardó en escoger al speaker porque del Partido Republicano se escindieron varios congresistas partidarios de La Follette.

El trumpismo representa un peligro de escisión para los republicanos como el que en las primeras décadas del siglo pasado representó el progresismo. La mejor muestra de ello es que este movimiento va más allá de Trump y su voluntad personal. Incluso sin él en la carrera presidencial de 2024, ese sector del Partido Republicano que cree en los amaños electorales y promociona el populismo no desaparecerá. Probablemente pasarán décadas antes de ver un partido republicano reconstituido entorno a un discurso más o menos conservador, más o menos progresista, pero fundamentado en la realidad.