No por predecible es menos lamentable que los talibanes afianzan su intención de marginar a las afganas en la educación. La semana pasada se confirmó el peor pronóstico para las universitarias: la mayoría no podrán concluir sus estudios.

A finales de agosto del año pasado, los talibanes recuperaron el poder en Afganistán. Para la mayoría de los afganos, empezaba una nueva era de terror y hambre. Por supuesto, las minorías étnicas y las mujeres, sin duda, se llevaron la peor parte.

«los talibanes afianzan su intención de marginar a las afganas en la educación»

En los primeros días de la restauración de su emirato, los talibanes intentaron convencer al mundo de que ya no eran los fanáticos que habían gobernado el país con mano de hierro en los años noventa. Así que inicialmente muchas mujeres pudieron conservar sus empleos, siempre que respetaran la moral del nuevo gobierno, lo que incluía ir cubiertas de pies a cabeza. En pocos meses, sin embargo, han desaparecido del mundo audiovisual y casi cualquier profesión pública o, sencillamente, considerada «no apta para mujeres» a ojos de sus fanáticos gobernantes.

Mientras los líderes aseguraban que no habría represalias, varios milicianos jóvenes se tomaban fotos comiendo helados. En el anterior emirato, el helado estaba prohibido bajo severas penas de castigos físicos. ¿Motivo? No existían en la época de Mahoma.

«inicialmente muchas mujeres pudieron conservar sus empleos»

Claro está, estos gestos hubiesen resultado más convincentes, sin las persecuciones étnicas, asesinatos de enemigos políticos, los castigos físicos y la implantación de la policía de la moral.

La única parte de los Acuerdos de Doha, que pactaron con el anterior gobierno norteamericano, fue romper relaciones con el Estado islámico.

Pero los talibanes no querían perder las ayudas internacionales ni ver los fondos internacionales de Afganistán bloqueados. La farsa debía continuar. Empezaron por permitir que las chicas volvieran a la escuela, en algunas ciudades. Eso sí, sólo podían recibir enseñanza coránica. Sin embargo, en la mayoría del país la educación femenina quedó suspendida hasta que se restaurara el país la “atmósfera islámica”.

«los talibanes no querían perder las ayudas internacionales ni ver los fondos internacionales de Afganistán bloqueados»

Un problema especial era qué hacer con las universitarias que tenían sus estudios a medias. Al principio, se dijo que podrían seguir yendo a clase, pero segregadas de los varones. Únicamente recibirían clases de profesoras o, excepcionalmente, de profesores de avanzada edad e “intachable reputación”. Obviamente, los talibanes ya sabían que faltarían docentes para las clases femeninas.

Atrapadas en el limbo, las universitarias afganas han tratado de buscar una salida desde entonces. Hace unos meses los talibanes ofrecieron una alternativa: ir a un examen sin ir a clase. Las universitarias podrían prepararlo en clases particulares.

«qué hacer con las universitarias que tenían sus estudios a medias»

Esto llevaba a un nuevo callejón sin salida: en muchas ciudades no existen suficientes tutores. Pero las chicas no tiraron la toalla. Muchas de ellas decidieron estudiar por su cuenta para matricularse en los exámenes, pero al llegar a la universidad recibieron una sorpresa.

Si tomamos como referencia la universidad de Nangarhar, una de las más grandes del país, con trece facultades diferentes, las asignaturas de cinco de ellas están vetadas a las mujeres. Ni periodismo, ni ingeniería, ni medicina, ni veterinaria, ni agricultura, ni economía… Ninguna de estas carreras se permiten a las para las mujeres. Por tanto, sus alumnas nunca podrán graduarse, salvo que cambien a estudios como enfermería, partería o literatura.

«Ni periodismo, ni ingeniería, ni medicina, ni veterinaria, ni agricultura, ni economía… Ninguna de estas carreras se permiten a las para las mujeres.»

Evidentemente, la situación de las mujeres en el país sólo irá a peor, pero mucho me temo que el aislamiento de los talibanes empieza a romperse. La semana pasada, ocurrió otro evento que ha pasado inadvertido a occidente: la reunión de la CICA.

“CICA” es el acrónimo de Conferencia de Interacción y Confianza en Asia, un foro intergubernamental de 28 países asiáticos que se reúne periódicamente en Kazajistán. Entre sus conclusiones, los participantes, con la excepción de Israel, se mostraron partidarios de auxiliar a Afganistán. Esto acabaría definitivamente con el aislamiento internacional de los talibanes, lo que les haría sentirse más libres para exhibir su radicalismo sin miramientos.

Mientas las mujeres iraníes exigen ser las legítimas dueñas de su futuro, con inciertas esperanzas, las mujeres afganas ven como el suyo se hunde más y más en la desesperación.