Si el 2 de enero de 2018, ya tan lejano, alguien nos hubiera dicho que el año terminaría con Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España con tan solo 84 diputados y apoyado por Podemos, los independentistas catalanes, los nacionalistas vascos y Bildu, gobernando con los Presupuestos Generales del Estado del PP, esos que él calificó como los más antisociales de la historia, nos hubiéramos echado a reír. Si nos hubieran anunciado que nos veríamos con la ultra derecha de VOX en la Junta de Andalucía configurando un pacto conservador con el Partido Popular en manos de su nuevo líder, Pablo Casado, discípulo avanzado del Aznarismo y con Ciudadanos girando definitivamente al centro derecha, hubiéramos pensado que nos estaban gastando una broma. Si nos cuentan que el líder de la gente, de los de abajo, la encarnación del espíritu del 15M, Pablo Iglesias iba a comprarse un casoplón de lujo con piscina y casita de servicio en uno de los residenciales más caros de la sierra de Madrid para criar a sus hijos lejos de la plebe y que, para ello, convocaría un surrealista referéndum en Podemos para que las bases fueran copartícipes de su incoherencia y de su desfachatez, buscaríamos la cámara oculta que esconde la broma.
«Que hay que quitar dinero a los canarios o los andaluces para dárselo a Torra y con eso asegurarse unos meses más de coche oficial, pues se congelan las partidas de unos y se inflan las de otros»










