El 1 de febrero, Guinea-Bissau vivió su enésimo golpe de Estado. Desde la media mañana, hasta bien entrada la madrugada, tiroteos de fusil y ametralladora rugieron en el barrio gubernamental. El palacete presidencial quedó sitiado y durante 24 horas se desconoció el paradero del Presidente, Sissoco, y su Primer Ministro. Por suerte, en pocas horas, la desorganizada intentona militar fracasó.

Más que un Coup d’État como los entendemos en Europa o Latinoamérica, la tradición golpista en esta pequeña nación africana se expresa con algaradas de civiles y de uniformados que se disparan por las calles. Rara vez terminan con una victoria rotunda, de esas que anula a las instituciones vigentes y exilia a buena parte de los políticos y agentes sociales.

“El 1 de febrero, Guinea-Bissau vivió su enésimo golpe de Estado [… que] fracasó”

A lo largo de cuatro décadas como Estado independiente, los golpistas de Guinea-Bissau suelen conformarse con deponer al Presidente. A veces ni siquiera pretenden echarle de la política. Tanto el ex Presidente Vieria (1999), como Pereira (2012) o Ialá (2003) fueron depuestos por el ejército, pero se les permitió permanecer en política activa. Vieria incluso volvió a la presidencia en 2005, sólo para ser asesinado cuatro años más tarde.

¿Qué querían los estos últimos golpistas? Pues, aún no está claro ni quién dirigió el golpe, así que no podemos saberlo con certeza. La hipótesis más probable es que se trate de hombres afines al Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde y al ex Presidente José Mário Vaz. En 2019 este candidato del partido casi hegemónico desde la independencia (1974), perdió su reelección por un margen muy estrecho, frente a Sissoco, candidato del partido Movimiento para la Alternancia Democrática, Grupo de los 15, un movimiento cívico que dice gustar la renovación de la vieja cúpula política y sus prácticas corruptas y autoritarias.

“los golpistas de Guinea-Bissau suelen conformarse con deponer al Presidente”

Por otro lado, en un país tan pobre como Guinea-Bissau, cualquier chispazo prende hoguera. Su economía es mayormente agrícola, apenas complementada por la minería. Esta precariedad ha facilitado que los grandes narcos latinoamericanos, mediante sobornos o violencia, hayan convertido el país en el gran puerto de la cocaína de camino a Europa. La cosa llega al extremo de que en algunos organismos internacionales Guinea-Bissau se describe como “narco Estado” o en peligro de convertirse en uno. Tampoco facilita las cosas que la ex colonia portuguesa sea un puzle étnico y lingüístico de difícil encaje. Pensemos que la élite nacional, de habla lusa, no se corresponde con la mayoría demográfica y lingüística.

Sin quitarle mérito a Sissoco por resistir el golpe, el acontecimiento más relevante más relevante de estos últimos días, relacionado con Guinea-Bissau nos llega desde fuera del país. Más exactamente de la capital de Ghana, Accra, donde el día 4 ECOWAS adoptó la decisión de enviar tropas de apoyo al gobierno de Bissau.

“en un país tan pobre como Guinea-Bissau, cualquier chispazo prende hoguera”

A pocos foráneos del continente negro les suene ECOWAS, siglas en inglés de Comunidad Económica del África Occidental. Esta organización internacional de Estados africanos se fundó en 1975, en la ciudad más grande de África, la nigeriana Lagos. Su propósito, dice su tratado fundacional, es lograr la autosuficiencia económica del África occidental.

De buenas a primeras, uno diría que ECOWAS no ha tenido mucho éxito. Sin embargo, conviene pensarlo dos veces, porque esa conclusión sería precipitada.

“el día 4 ECOWAS adoptó la decisión de enviar tropas de apoyo al gobierno de Bissau”

Injusto resultaría compararla sin más con la UE. Desde su origen, las Comunidades Europeas agruparon a algunos de los Estados con renta per cápita más alta del mundo. Por el contrario, la ECOWAS integra entre sus socios a algunos de los más pobres. Pese a un punto de partida tan poco envidiable, esta organización ha consolidado un marco institucional de cooperación estable, en gran medida gracias al peso económico de Nigeria.

Nada hay de excepcional en que los países africanos fragüen organizaciones de auxilio mutuo. A nivel continental, existe la Unión Africana, y a nivel regional encontramos, entre otras: la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo de África Orienta, la Comunidad Africana Oriental, la Comunidad de Desarrollo de África Austral o la Comunidad Económica de los Estados de África Central.

Países del ECOWAS

El rasgo que desde hace unos pocos años se viene haciendo distintivo en ECOWAS es el compromiso por la democracia, o, al menos, para avanzar hacia ella, siendo tajante contra los golpes de Estado. Este matiz obedece a que según los estándares internacionales más aceptados varios de sus miembros distan de ser democracias consolidadas.

En el resto del planeta, el internacionalismo sucede a la consolidación de los Estados. El peculiar contexto de la colonización africana invirtió este proceso en el continente, cuyos habitantes sintieron más hondo el panafricanismo que el nacionalismo por unos países cuyas fronteras, a menudo, les venía impuestas.

«el internacionalismo sucede a la consolidación de los Estados. El peculiar contexto de la colonización africana invirtió este proceso»

Desde que Ghana (1957) diera el pistoletazo de salida, las independencias se fueron sucediendo, en paralelo al reforzamiento de vínculos diplomáticos entre los nuevos Estados. Sin embargo, el panafricanismo se estancó severamente ante dos dificultades casi insalvables: la pobreza y la contradicción política.

Centrándonos en esta última, hemos de pensar que el discurso anticolonial se fundamentaba, como es lógico, en la libertad y la igualdad. Sin embargo, este discurso se vio empañado en su origen ya que el principal portavoz internacional del africanismo era el emperador etíope Haile Selassie, quien no destacó nunca por sus convicciones democráticas. La cosa empeoró a medida que muchas naciones recién independizadas descendían en hacia la dictadura pura o formas híbridas de gobierno autoritario.

Guinea-Bisau

Si la Unión Africana no puede avanzar más en las políticas de Derechos Humanos, en gran medida se debe a que se rompería, pues buena parte de sus miembros defienden los DDHH como formalidad protocolaria, sin convicciones. Pocos Estados africanos han consolidado los rasgos institucionales de una democracia estable. Varios, como Guinea Ecuatorial, sólo pueden describirse como dictadura, calificativo que, por cierto, no incomoda a su Presidente, sino todo lo contrario. Obiang se ha vanagloriado de ser un dictador.

En semejante escenario, cualquier proyecto africanista de cooperación se ha embarrancado en la tolerancia hacia gobiernos despóticos. ECOWAS se está convirtiendo en una excepción a esta regla penosa.

«ECOWAS se manifiesta decidida a no quedarse sólo en palabras. Este envío de tropas a Guinea-Bissau»

En la actualidad, tres miembros de la organización están suspendidos: Mali (2021), Guinea-Conakry (2021) y, desde el 31 de enero, Burkina-Faso. Los tres por el mismo motivo: ascenso al poder de un gobierno militar golpista. Esto ha tenido un efecto contagio en la Unión Africana que al sentirse en evidencia ha suspendido a esos tres países y a Sudán. Este gesto ha puesto nervioso a más de un gobierno africano.

Sin embargo ECOWAS se manifiesta decidida a no quedarse sólo en palabras. Este envío de tropas a Guinea-Bissau, en apoyo del gobierno legítimo, demuestra la firme voluntad de sus socios de auxiliarse cuando se vean amenazados por inestabilidad política. Como declaró, el viernes, el Presidente de Ghana, Akkufo-Addo, África no puede permitirse un nuevo auge de golpismo militar.