Mucho se ha escrito acerca del franquismo y el fútbol. Entre los culers se aviva el rumor de que el dictador compró o influyó para que el Real Madrid ganara muchas Copas de Campeones o Champions. Palabra de “colchonero”, el Real ganó seis Champions durante el franquismo sin la mediación del Caudillo. Hasta donde sabemos, Franco sólo intervino directamente una vez en fútbol y fue para eliminar a la selección española la primera Copa de Europa.

Corría el año 1960. Para desesperación de sus ministros, el dictador prohibió a la selección jugar los dos partidos de cuartos de final contra la Unión Soviética. Jugar con comunistas era ensuciar el nombre de la Nación.

“Franco sólo intervino directamente una vez en fútbol y fue para eliminar a la selección española la primera Copa de Europa”

España quedó automáticamente eliminada. En una sociedad forofa del fútbol, la decisión cayó como un jarro de agua fría. Tanto se disparó la impopularidad del Caudillo que la prensa oficial empezó a inventar excusas: que Moscú se negó a jugar en España, que Moscú se negó a jugar en un país neutral, que los soviéticos iban a ofender al himno, hasta se insinuó un posible secuestro de los jugadores españoles…

Ya se notará que algunas de estas excusas se contradecían entre sí. La coherencia no es una virtud que preocupe mucho a quienes no pueden ser criticados.

En 1964, después de hacer las paces con la FIFA, España acogió la final de la Copa de Campeones entre la selección anfitriona y… la URSS. Escarmentado por el tiro en el pie de 1960, el dictador no planteaba retirar a la selección esta vez. Sin embargo, se rumoreó que Franco no asistiría a la final. Si los soviéticos ganaban, tendría que entregarles la orejuda y ¡qué papeleta! Un funcionario falangista sugirió la descabellada idea de drogar el agua de los soviéticos. Naturalmente, no se llevó a cabo.

“En 1964, España acogió la final de la Copa de Campeones entre la selección anfitriona y… la URSS”

Para pasarle el mal trago de oír el himno soviético, se distribuyeron falangistas por el estadio que corearon al unísono “¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!” cuando el Caudillo y su esposa asomaron por el palco de honor. Enseguida se les sumaron los 120.000 aficionados. Entre eso, que España venció 2 a 1 y que Olivella, capitán de la selección, le dedicó al Jefe de Estado tanto la victoria como el trofeo.

A menudo, algunos supuestos intelectuales han asegurado que Franco convirtió España en un país de ignorantes fanáticos del fútbol, poco habidos de lectura. Esta caricatura simplista, tan poco intelectual, se completa alabando una supuesta era dorada de la cultura española bajo la Segunda República.

Hay verdad en ese relato. El franquismo nunca mostró un gran interés en fomentar la cultura de masas. Entre otras cosas, hubiese sido un poco difícil hacerlo cuando la voracidad de su censura, apenas salvaba un puñado de clásicos de la literatura y la filosofía universales. Ahora bien, también es cierto que durante el franquismo la tasa de analfabetismo bajó de casi un setenta por ciento a apenas un treinta. No es un gran mérito en cuarenta años de gobierno, pero ahí queda…

“algunos supuestos intelectuales han asegurado que Franco convirtió España en un país de ignorantes fanáticos del fútbol”

Más o menos lo mismo puede decirse de las ediciones de clásicos asequibles subvencionadas por el Estado. Por supuesto, muchos volúmenes tuvieron que esperar a 1966, cuando la Ley de Prensa e Imprenta, ideada por Fraga suavizó la censura. Sin embargo, no es mérito del franquismo el entusiasmo patrio por el fútbol.

Desde que se introdujo en el país a finales del S XIX, el entonces llamado “balompié” levantó pasiones. Enseguida su público compitió con el de los espectáculos taurinos, hasta entones el evento que más pasiones levantaba. En 1903, un jovencísimo Alfonso XIII creó la Copa del Rey, imitando la competición futbolística que Eduardo VII había instaurado en el Reino Unido.

“no es mérito del franquismo el entusiasmo patrio por el fútbol”

La vida de este trofeo simboliza como el furor futbolístico sobrevive en España a cualquier cambio de régimen. En 1931 la Copa del Rey pasó a llamarse Copa de la República y desde 1940 se jugó como Copa del Generalísimo, hasta que en 1976 recuperó su denominación original. Siempre la ha entregado el Jefe del Estado.

A diferencia de Oliveira Salazar, Franco nunca incluyó oficialmente el fútbol en su ideario. El dictador portugués oficializó el lema de “Fe, fútbol y fados” como base socio-cultural de su Novo Portugal. Irónicamente, Salazar era un empedernido de la lectura, poco amante del fútbol, desapasionado de los fados, y un feligrés más que escéptico.

Pese a no usar nunca un lema similar, a Franco sí le encantaba el fútbol. Aunque, diferencia de la caza, la pesca, el golf y otros deportes, del fútbol, prefería ser espectador a jugador. ¡Ah y jugar a la quiniela! Echaba una cada semana.

“A diferencia de Oliveira Salazar, Franco nunca incluyó oficialmente el fútbol en su ideario”

En esta afición se confirma una vez más la fama de suertudo del general. Cuando luchó en África contra los rebeldes rifeños, sus tropas marroquíes decían que tenía baraka, algo así como “fortuna” o “suerte providencial”. Pese a que le encantaba estar en primera línea, luchar cuerpo a cuerpo y bañarse en sangre, sólo una vez recibió una herida, una bala en el abdomen bajo que, según parece descendió hacia la bolsa escrotal –por lo visto algo bastante común en este tipo de heridas- y el resto, como suele decirse, es de sobra conocido.

La buena fortuna le acompaño el resto de su vida política, pero también como echador de quinielas. ¡Dos veces le tocó! Y una vez más, no hay pruebas de favoritismos o trampas en su favor.

“A Franco sí le encantaba el fútbol”

En resumen, el gobierno franquista no inoculó el fútbol a las masas, pero sí explotó esa pasión. Más o menos del mismo modo explotó el gusto por las danzas, las fiestas patronales y cualquier evento que entusiasmara a las masas. Los grandes derbies como Barça-Madrid se hacían coincidir con fechas reivindicativas para los distintos factores de la oposición: 1 de mayo, 14 de abril y otras.

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