Afronto la escritura de estas líneas con una misión complicada: explicar qué significa Alvise para la política española. El resto de preguntas que uno se pueda hacer sobre el eurodiputado ya han sido contestadas. Ya sabemos que coqueteó con UPyD, que estuvo en Ciudadanos, que tiene asuntos pendientes con la justicia, que mantiene una relación complicadísima con la prensa tradicional y que su futuro parece oscurecerse tras las últimas revelaciones acerca de su persona. Él mismo ha reconocido ya en Telegram que recibió los 100000 euros del empresario conocido como CryptoSpain; su periplo por diferentes instancias judiciales no ha hecho más que empezar.
Alvise Pérez no es más que la materialización de un fenómeno que ha ido cogiendo fuerza con el paso de los años: la desconfianza absoluta y radical de parte de los españoles respecto a todas las instituciones de su país. No hay ninguna otra forma de explicar que un personaje de Internet, desahuciado de todas las redes sociales y refugiado en Telegram, agrupe a 800000 personas dispuestas no ya a votarlo, sino a ir a recoger la papeleta presenciamente antes de las elecciones por si acaso las escondían los apoderados enemigos. No estoy siendo irónico al decir que es una proeza gigantesca, y una demostración palpable de que los seguidores de Alvise se toman lo que dice muy en serio.
“Alvise Pérez no es más que la materialización de la desconfianza absoluta y radical de parte de los españoles respecto a todas las instituciones de su país”
Con el corazón en la mano diré que estoy convencido de que los “radicales”, de un lado y del otro, son los que más informados están sobre política. El votante de Podemos suele estar más al día que el votante del PSOE; el votante de VOX lo está más que el del PP, y a la par que el de Alvise. El votante de los partidos tradicionales es mucho más inercial: tiene claro lo que va a votar y las vicisitudes del mundillo le dan igual. ¿Que el PP ha votado con el PSOE para incumplir su programa electoral? Pues vale. ¿Que el PSOE prometió derogar la Ley Mordaza y la ley no se va ni con agua hirviendo? Qué más da. El analista político suele ver las cosas al contrario, curiosamente, como si los votantes tradicionales fuesen personas más equilibradas y ecuánimes. No es tranquilidad, sino indiferencia, resiliencia, ascetismo. La información les entra por un oído y les sale por el otro. Que ojo, estoy casi seguro de que es mejor estrategia que cualquier otra.
El votante saturado por estímulos es impredecible. El caso es que los partidos tradicionales (e incluso los “nuevos”) han fracasado a la hora de adaptarse al mercado. Muchos votantes ven cada desviación respecto a sus ideales como una ofensa, y cada demostración de tibieza como una traición. Y ahí es donde el flamante eurodiputado destaca por encima de los demás. Alvise siempre va más allá, lo que transforma a sus rivales en la derecha en tibios acomplejados. Voy a poner unos cuantos ejemplos:
- La pandemia del COVID.
¿Criticó VOX el confinamiento en el año 2020? Sí, pero su disgusto se quedó corto, comparado con el de Alvise. Los diputados del partido verde defendieron la vacunación, de modo que Alvise, que estaba en contra de ella (e incluso habló de organizar una cena en Nochebuena para todos aquellos que habían sido condenados al ostracismo por sus familias) y denunció “los intereses de Pfizer y de la UE” fue el único en llegar al fondo del asunto.
No hay que olvidar que solo él elaboró un documento para eximir a quien lo cumplimentase de llevar mascarilla, que solo él aseguró que las vacunas provocaban miocarditis y que solo él denunció que te podían dejar estéril. Cada vez que surgía una nueva línea, Alvise la exploraba: el virus chino, el experimento norteamericano, el invento de Bill Gates para despoblar el planeta. No escatimó en esfuerzos por diferenciarse.
- El sistema electoral.
¿Critica la derecha el sistema electoral? Sí, pero se callan lo que de verdad es disruptivo y revolucionario. No hablan de “pucherazo” en España o en las elecciones europeas, ni desarrollan un software para hacer un conteo alternativo de las actas (sepa Dios con qué resultados, porque nunca volvió a hablar del tema). Tampoco faltan sus papeletas en las urnas, no como las de Alvise… que también estaban disponibles, pero sus seguidores fueron a recogerlas en la calle. El resto de la derecha no ha denunciado a INDRA ante los tribunales, ni ha publicado en la noche electoral “resultados filtrados” que daban a PP y VOX una mayoría absolutísima que “no se atrevieron a defender”. Ellos se dejaron robar las elecciones; Alvise es distinto.
- El enfrentamiento con el Gobierno.
¿Hacen el PP y VOX oposición a Pedro Sánchez? Sí, pero no hablan de meterlo en prisión. Eso solo lo hace Alvise. Los otros quieren derrotarlo en las urnas, cosa imposible porque las elecciones están compradas. Por mucho que la derecha intente imitarlo, siempre se va a quedar corta. Además, todo lo que ocurre en la izquierda española pasa por Alvise. Si el gobierno quiere aprobar una ley para “controlar” medios y redes sociales, en Telegram se dice que “actúa contra Alvise Pérez”. Todos los periodistas están en su contra, no hacen más que insultarlo en la prensa, el sistema lo odia. ¿Que tú has estado semanas entrando en los periódicos sin encontrar más allá de alguna pequeñísima referencia a él? Eso es porque no has prestado atención. En el fondo, la campaña de descrédito es brutal, y salen miles de artículos al día.
- Lucha contra la criminalidad.
¿Es dura la derecha con los criminales? Sí, pero Alvise quiere construir una megacárcel para los pandilleros y corruptos, siguiendo el modelo de Bukele. VOX quiere meterlos en cárceles con piscina y gimnasio, Alvise que se pudran o trabajen a cambio de un plato de arroz. Ni punto de comparación.
- Defensa de Ceuta y Melilla.
¿Defiende alguien en la política española darle Ceuta y Melilla a Marruecos? No, pero Alvise cree que hay que levantar a la sociedad civil “en armas” para que se defienda cuando nos ataquen. El resto de partidos exploran la diplomacia, él cree en la gente, y por eso dice que, en unos meses, irá con generales del Ejército de España a ver qué se puede hacer para repeler la futura invasión.
- Israel y el mundo árabe.
¿Es Alvise el único político que hace críticas feroces al islam político? Ni muchísimo menos. Sí que es, no obstante, el único que combina una postura dura con Israel (al menos, lo hacía antes, porque el otro día en el Parlamento Europeo les declaró su amor) y una verborrea afilada al máximo contra los musulmanes.
- Ucrania y Rusia.
¿Es Alvise el único político de derechas que ha criticado la guerra de Ucrania? No, pero sí ha monopolizado la oposición frontal a Zelenski, difundiendo que Ucrania iba a caer en 2023 y que Zelenski era poco más que un actor indiferente al futuro de su pueblo. Eso se ha escuchado en la izquierda, pero no en la derecha tradicional.
En fin, podría pasarme una semana enumerando las formas que ha encontrado Alvise para ir más allá de la política tradicional, pero creo que cualquiera que desee más información lo que tiene que hacer es sumergirse en su Telegram. El mejor termómetro de lo que ha llegado a “prometer” Alvise es que siempre aparecen seguidores que le exigen que apriete más. Los descontentos por no estar dedicando el tiempo adecuado a relacionar las vacunas con el autismo, a denunciar las estelas de los aviones en el cielo porque nos están fumigando o a hacer pagar a Indra por el fraude electoral se están sumando, en las últimas fechas, a los descontentos porque no han salido a la luz “los audios”.
“podría pasarme una semana enumerando las formas que ha encontrado Alvise para ir más allá de la política tradicional”
Los benditos audios. La campaña de Alvise para las elecciones europeas es merecedora de un estudio pormenorizado. La figura, como ya hemos visto, se fue solidificando en redes a través de la premisa de “hablar de lo que nadie habla”. Alvise llega más lejos, es el único que tiene el valor suficiente y, al final, es cuestión de tiempo que se sume a la política. Pero ojo: tampoco podía pasarse de listo, porque muchos de sus seguidores son votantes de VOX. El salto debía ser planificado con cuidado y así fue.
La clave fue la ambigüedad. Es difícil determinar qué es Se Acabó La Fiesta. No es un partido político, sino una agrupación de electores. Tampoco es solamente Alvise, a pesar de que los otros dos eurodiputados no han aportado absolutamente nada hasta el momento y poco se sabe de ellos más allá de sus nombres. La campaña para las europeas tenía como única función darle inmunidad a Alvise para denunciar la corrupción, pero al mismo tiempo hablaba de medidas concretas que, además, solo se podían dar si se presentaba a unas Generales en España y no si lo elegían eurodiputado. En definitiva, un partido no-partido con un candidato no-candidato con un programa no-programa. La gracia era jugar con eso, y le salió rematadamente bien. El problema es que esa estrategia de que cada uno oyese lo que quería oír llevaba a que, a medio plazo, solo unos pocos recibiesen lo que querían obtener. Pero para eso también tenía solución.
“un partido no-partido con un candidato no-candidato con un programa no-programa”
Si alguien está dispuesto a votar a esa amalgama indefinida es porque está dispuesto también a defenderlo. Hasta la fecha no ha salido ninguno de esos audios que iban a destruir el statu quo español, ni Alvise se ha manifestado en contra de Ucrania o Israel en el Parlamento Europeo (de hecho, ha apoyado la entrega de armas a Ucrania y defendido a Israel), ni ha puesto su granito de arena para mejorar la situación del campo (se ausentó de las votaciones), ni ha constituido nada parecido a un partido político ni explicado quiénes son los otros europarlamentarios que lo acompañan, ni por qué solo él sortea su sueldo, llevándoselo los otros dos a casa tranquilamente. ¿Eso le ha hecho perder apoyos? No, y hay una lectura que sacar de esto. El votante de Alvise es igual al del resto de partidos políticos; siente la misma identificación con el personaje. Es “alvisero”, por decirlo de alguna manera. Le gusta Alvise, le gusta que esté ahí “dando caña”, “diciendo las cosas claras”. ¿A quién? No lo tengo muy claro, pero el tío es rebelde.
Después de estos meses de absoluta inacción (más allá de sortear el sueldo, única cosa a la que se comprometió con firmeza, al César lo que es del César), Alvise se ha visto inmerso en su primer escándalo. He de admitir que ha salido de él (respecto a sus seguidores, la justicia es otra cosa) con mucha inteligencia. Ha recurrido al “alvisismo militante” que, como digo, se ha generado en torno a su figura. Le ha contado a sus seguidores que lo que ha pasado es que ha cobrado 100000 euros en negro. Solo es un autónomo que se rebela contra el estado opresor, que le obliga a pagar impuestos abusivos. No han faltado los que, en su Telegram, han advertido que “si hacía falta para montar el partido, poco ha robado”. Se ha buscado una excusa peregrina para algo para lo que, al parecer, ni falta le hacía una excusa. Habrá aprendido la lección para la próxima, si es que la hay.
“Hasta la fecha no ha salido ninguno de esos audios que iban a destruir el statu quo español, ni Alvise se ha manifestado en contra de Ucrania o Israel en el Parlamento Europeo”
La realidad es que un empresario de las criptomonedas presuntamente corrupto ha reconocido ante un juzgado que le dio 100000 euros en metálico a Alvise. ¿A cambio de qué? Eso que lo juzgue cada uno como quiera, pero también ha aportado unos whatsapps en los que Alvise reconoce que le hacen falta unos 300000 euros para su campaña de las europeas, que las donaciones de sus seguidores llegan despacio y que, tal y como van las encuestas, tampoco costaría tanto meter el Bitcoin y la lucha por la libertad financiera como condición para un futuro gobierno con Feijoo y Abascal. ¿De aquí alguien quiere sacar la conclusión de que esos 100000 euros pagaban algún servicio concreto que nada tiene que ver con la política, y que Alvise decidió no reclamar hasta que necesitó liquidez para montar su partido político? Pues oye, quizá eran una contraprestación por participar en un acto de CryptoSpain, o por difundir la existencia de esa empresa en su Telegram. Quitando el pequeño detalle de que esa entidad era una estafa piramidal, tampoco habría nada de malo. Quitando el tema este de que pidió 300000 euros y le dijeron que “pasara a recoger 100000”, no hay nada sospechoso en que fuese un pago de unos servicios. Supongo que, a buen entendedor, pocas palabras bastan.
La historieta de Alvise es café para los muy cafeteros. Tiene detalles rocambolescos, como decir que los Inspectores de Hacienda cobramos más que los magistrados del Tribunal Supremo. Teniendo en cuenta el sueldo que me han dicho que voy a cobrar el año que viene y lo que está publicado como sueldo de esos magistrados, supongo que lo que falta me lo compensarán en acciones de Nueva Rumasa. O me lo pasará Madeira Invest Club, que está muy de moda. Ahora, en mi caso, si son tan amables, que me lo den por transferencia bancaria y retengan lo que corresponda, que a mí lo de pagar impuestos me duele menos.
“Quitando el tema este de que pidió 300000 euros y le dijeron que “pasara a recoger 100000”, no hay nada sospechoso en que fuese un pago de unos servicios”
Dejando un poco atrás la ironía, Alvise es un personaje que a mí no llega a generarme animadversión. Si quitamos sus problemas con la justicia, el mayor punto en contra que veo en su trayectoria es que toda su labor es una mezcla de medias verdades, mentiras flagrantes, algunos éxitos brutales y muchísimo autobombo. Digamos que es como ese colega que siempre que sale de fiesta liga, excepto cuando estás tú presente. Cuando sabes de qué está hablando (en mi caso, algo de impuestos sé, sin necesariamente ser el mayor experto) te das cuenta de que tiene enormes carencias o, al menos, que su cualificación como experto es indudablemente exagerada. Me queda la duda de si me pasaría lo mismo si yo me hubiese formado específicamente para dominar cada uno de los temas de los que él habla con brutal soltura, porque como todo político es un gran maestro liendre (de todo sabe y de nada entiende).
¿Aprecio su lucha contra la corrupción? Pues sí, pero mi manía de hacer un seguimiento de las cosas que va diciendo y prometiendo me impide disfrutar del personaje. Alvise es más resultón cuando uno es capaz de tomar cada elemento de su discurso de forma aislada, sin pretender entenderlo ni encorsetarlo en límites que lo afean. ¿Nos vamos a encontrar con muchos gatillazos si empezamos a revisar la cantidad de veces que ha llevado un caso a la justicia y se ha quedado en nada? Puede ser. ¿Ha metido la pata en multitud de ocasiones y borrado muchos posts, como cuando difundió los datos y la foto de un ciudadano inocente para acusarlo de matar a los guardias civiles de Barbate? Sí. ¿Ha sacado infinidad de temas en sus famosas “noticias de verdad” que ha descontinuado en seguida, no volviendo a mentarlos jamás? Cierto. Al final, lo que sé con seguridad es que ha presentado multitud de denuncias, que ha comentado en su Telegram innumerables ignominias por parte de altas instancias gubernamentales y que está al quite cada vez que hay que apuntar con el dedo a alguien. ¿En qué acaba quedando cada uno de esos disparos frenéticos de Alvise? Como diría un conocido, lo saben los mayas.
“Alvise es más resultón cuando uno es capaz de tomar cada elemento de su discurso de forma aislada”
A mí me quedan claras dos cosas del fenómeno Alvise: una, que el ritmo frenético e irreflexivo de las redes sociales favorece estos perfiles; dos, que los partidos políticos tradicionales son tan sumamente malos que la gente ya no pide ni saber para qué está votando. Entrar en el Telegram de Alvise es meterte en un microuniverso en el que cada día aparecen mil escándalos. Unos magrebíes le han pegado a no sé quién, no sé qué alto cargo ha robado dinero, Alvise ha denunciado a una empresa y está a la espera de juicio… no te da tiempo ni a procesar cada noticia y ya te ha llegado la siguiente. Es dopamina pura.
Aún así, no puedo evitar ser duro con los votantes españoles. Nuestra democracia no puede ser tomada con tanta ligereza. España necesita estructuras políticas firmes y servidores públicos de calidad, porque el reto es mayúsculo y no vamos por buen camino. Que haya un porcentaje no desdeñable de españoles que estén dispuestos a entregarle las llaves de la gobernabilidad de una de las mayores economías de la zona euro a alguien a quien perciben como el encargado de “dar caña” asusta a cualquiera. Que hayan aupado al Parlamento Europeo a alguien que no se ha comprometido a nada en temas como la economía (más allá de decir que no le gustan los impuestos), la inmigración (más allá de decir que pondría al Ejército a patrullar las costas), la seguridad (más allá de prometer construir una cárcel en el centro de Madrid al más puro estilo Bukele), la educación o el mercado de trabajo es una locura solo al alcance de un país con una clase política lo suficientemente podrida como para que al ciudadano común todos esos temas no le importen un carajo. Para qué quieren un programa electoral, si la gracia está en que la política no vale para nada y merece la pena pegarle fuego al chiringuito con los diputados dentro.
“Alvise: una, que el ritmo frenético e irreflexivo de las redes sociales favorece estos perfiles; dos, que los partidos políticos tradicionales son tan sumamente malos”
Si alguna vez Alvise leyese esto (por mucho que lo dude, tampoco es imposible), mi consejo para él sería que, si acaso le queda vida en el mundillo político, se tome mucho más en serio el poder que tiene en sus manos. Congregar a millones de personas que lo siguen de forma acrítica no le da derecho a hacer lo que quiera con su confianza. Si quiere ser decente, que construya un partido político con los mejores en cada puesto, transparencia absoluta, un programa claro y un personalismo mucho más reducido. Quizá así no sería el héroe que España quiere, pero sí el hombre de Estado que España necesita.










