Apenas se cumple un mes desde que el Rey sancionara la cuarta reforma de nuestra constitución. Si no te habías enterado, es normal. Apenas se ha hablado de ella. ¿Su propósito? Que Formentera disponga de un senador propio. ¿Y, uno se pregunta, no habría nada más a modificar? ¿El propio senado, para empezar? ¿El marco competencial entre Estado, autonomías y municipalidades? Más apegadas a esta legislatura, me vienen a la mente reformas constitucionales sobre los presupuestos y sobre la moción de censura.
Hasta ahora, el art. 69 de la Constitución dictaba que Ibiza y Formentera compartían un único senador. Reescribirlo para otorgarle un asiento propio en la cámara alta a la pequeña isla, de entrada, parecería un gesto que aumenta su dignidad política. ¿Problema? Pues que teniendo en cuenta el escaso poder del senado, la medida se reduce a lo simbólico y poco más. Bueno, para el político afortunado y su partido, significará una fuente adicional de ingresos, claro.
«Apenas se cumple un mes desde que el Rey sancionara la cuarta reforma de nuestra constitución.»
Poco extrañará entonces que la reforma constitucional, un evento extraordinario al que se presupone gran relevancia política y social, haya pasado totalmente desapercibida. Entre sus principales afectados parece despertar indiferencia.
Coincidencias de la vida, la pareja de una amiga mía es de Formentera. Trabaja allí de auxiliar de enfermería. Cuando le pregunté qué opinaba de la reforma, me contestó, sencilla y lisamente, «me da igual». Y me dio a entender que es la opinión dominante entre los formenteranos que conoce.
«Apenas se ha hablado de ella. ¿Su propósito? Que Formentera disponga de un senador propio.»
Estoy bastante seguro de que, antes que un senador, los vecinos de la islita habrían preferido otras muchas cosas. A saber, mejores comunicaciones (frecuencia de ferris, helipuertos etc.), mejores servicios educativos y sanitarios o incluso un diputado propio –como Ceuta y Melilla– que, por lo menos, mandaría un poco más que un senador.
Sin embargo, la cuarta reforma constitucional de nuestra historia, la segunda de esta legislatura, nos demuestra que PP y PSOE pueden alcanzar acuerdos, aunque sean acuerdos de vuelo gallináceo. ¿Y no podrían acordar reformas que fuesen más allá del simbolismo? Vamos que tuvieran impacto en la vida cotidiana de la gente…
«la cuarta reforma constitucional de nuestra historia, la segunda de esta legislatura, nos demuestra que PP y PSOE pueden alcanzar acuerdos»
Andamos camino de concluir la primera legislatura de nuestra historia que, pese a completar sus cuatro años, no habrá aprobado un solo presupuesto. ¡Es grave! Y, aunque no seamos conscientes, tiene importantes repercusiones en el día a día.
La constitución es, en apariencia, taxativa (art. 134.3). A más tardar, el 1 de octubre el gobierno debe presentar los presupuestos en el Congreso. No añade «si lo considera oportuno» o «si cuenta con apoyos para aprobarlos». Es su deber. ¿Que se aprueban? Bien, que el gobierno no consigue la confianza de la cámara, pues se prorrogan las cuentas anteriores.
«Estoy bastante seguro de que, antes que un senador, los vecinos de la islita habrían preferido otras muchas cosas.»
Ahora bien, la constitución no prevé una sanción, en caso de que esta obligación se incumpla. ¿Resultado? Todos los gobiernos que no han disfrutado de la mayoría absoluta han incumplido alguna vez este deber.
Dentro de la filosofía del derecho, existe un interminable debate bizantino acerca de si una obligación jurídica que carece de sanción específica, para su incumplimiento, es realmente una «obligación». Ningún gobierno debería poder gobernar indefinidamente sin presupuestos. Feijoo ha hablado de modificar la constitución para que, tras dos años sin presupuestos, se convoquen elecciones.
«Andamos camino de concluir la primera legislatura de nuestra historia que, pese a completar sus cuatro años, no habrá aprobado un solo presupuesto.»
Sin acuerdo con el otro gran partido, cualquier propuesta de reforma constitucional se queda en agua de borrajas. En las circunstancias actuales, el PSOE jamás aceptará semejante propuesta. ¿Y para qué engañarnos? También dudo de la vocación del PP de verla aprobada. Siempre que un partido propone reformas constitucionales sin hablar con los demás, hace un anuncio de caras la galería. No una propuesta seria de reforma.
A propósito, la propuesta del PSOE de aprobar una modificación constitucional para blindar el derecho el aborto va en la misma línea…
«Siempre que un partido propone reformas constitucionales sin hablar con los demás, hace un anuncio de caras la galería.»
Pero no nos desviemos. Si el gobierno no puede aprobar presupuestos, no sé si debería convocar elecciones o someterse a una cuestión de confianza, pero algo debería pasar. De otro modo, puede repetirse la historia y que, en un futuro, no necesariamente distante, nos pasemos cuatro años sin aprobar unas cuentas.
Lo que nos enlaza con la moción de censura. En 1978, España optó por una moción de censura constructiva o alemana. Echar a un presidente del gobierno sólo es posible si el Congreso acuerda un candidato sustituto.
«En 1978, España optó por una moción de censura constructiva o alemana»
En Italia, Francia, Portugal o el Reino Unido, el gobierno puede ser censurado, esto es destituido por el parlamento, mediante un voto de no confianza. Entonces, corresponde al Jefe del Estado dar con un candidato para el reemplazo y, si no lo encuentra, normalmente tras un plazo fijado, disolverá el parlamento.
Personalmente, yo mantendría el modelo de moción de censura constructiva. Limita la inestabilidad institucional. Si bien, no está exento de problemas. Ahora mismo, por ejemplo, parece evidente que el gobierno carece de confianza entre la mayoría de los diputados. El apoyo de Junts es inexistente. Los diputados de Podemos y del PNV se muestran renuentes, como poco, a apoyar su agenda legislativa.
«Los diputados de Podemos y del PNV se muestran renuentes, como poco, a apoyar su agenda legislativa»
Sin embargo, investir a Feijoo en una moción de censura, obligaría a alguno de estos partidos a apoyar un gobierno en que Vox participaría. Si no con carteras ministeriales, desde luego le marcará el paso muy de cerca. Para las derechas vasca y catalana eso no es sólo una línea roja, sino un tabú, un verdadero anatema.
En este escenario de bloqueo, lo más correcto sería que el gobierno asumiera su responsabilidad. Bien puede plantear una cuestión de confianza para que el parlamento lo despida –o lo mantenga, si, pese a todo, lo consideran «el menor de los males»– o llamar a elecciones.
«investir a Feijoo en una moción de censura, obligaría a alguno de estos partidos a apoyar un gobierno en que Vox participaría»
Ahora bien, si el gobierno ya ha decidido que puede gobernar cuatro años sin presupuestos, pues poco obtendremos apelando a su responsabilidad ética. De ahí que fuera conveniente introducir algún mecanismo para que un parlamento pudiera autodisolverse y convocar elecciones, si se constata que el gobierno ha perdido la mayoría y no está dispuesto a asumir su responsabilidad política.
Estas sí serían reformas constitucionales que agitarían el debate social y nos devolverían algo de confianza en nuestros políticos. Demostrarían sentido de la responsabilidad. De ahí que crea que aún tendremos que esperar mucho para verlas materializadas, si es que eso ocurre alguna vez…










