Del diseño gráfico a una vida atravesada por el arte
Creativa, alegre, tímida, indecisa y muy perfeccionista. Así se define Nerea Bryksy, diseñadora gráfica de formación, aunque su vínculo con el arte comenzó mucho antes de decidir qué carrera estudiar
«Lo que siempre me ha apasionado es pintar», reconoce. Empezó a asistir aclases de pintura con apenas seis años y durante cerca de nueve años convirtió esta disciplina en una constante de su vida
No fue hasta llegar al Bachillerato artístico donde sintió que, por fin, estudiaba aquello que realmente le llenaba: historia del arte, cultura visual, cine, fotografía o dibujo sustituyeron parte de aquella educación basada en memorizar con la que nunca había terminado de conectar y que no dejaba dar paso a su creatividad.

Íntimo: poner rostro a una generación de artistas
Fue precisamente su acercamiento al mundo del arte desde dentro lo que terminó dando forma a Íntimo. Tras volver de Erasmus, Nerea comenzó a trabajar en una galería y se encontró con una realidad que le resultó difícil de ignorar: pese a haber crecido visitando museos y exposiciones, desconocía a muchos de los artistas españoles que estaban creando en ese mismo momento. «Son los futuros Goyas, Velázquez o Picasso», explica, sorprendida por la distancia que todavía existe entre el público y buena parte del arte contemporáneo.
Esa inquietud acabó trasladándose a su Trabajo de Fin de Grado. La primera idea fue crear una especie de atlas que reuniera a un centenar de artistas españoles, pero la investigación terminó llevándola en otra dirección. Poco a poco, la propuesta se volvió también más personal: en lugar de construir una selección pretendidamente objetiva, Briksy decidió centrarse en los artistas jóvenes cuya obra realmente le transmitía algo.
Así nació un proyecto que inicialmente debía reunir a 21 artistas, una cifra elegida por coincidir con su edad y por el significado que encontró en ella: creatividad y éxito después de un periodo de maduración. Finalmente fueron 17 los que pudo fotografiar y entrevistar.
Con el tiempo, también comprendió que el número nunca había sido lo verdaderamente importante y, es que, el hilo que unía todas aquellas experiencias era otro: la intimidad que había alcanzado con cada uno de ellos. De ahí surgiría el nombre definitivo, Íntimo, y con él la posibilidad de que el proyecto pueda seguir creciendo en futuras ediciones sin depender de ninguna cifra.
Ahora, Íntimo da un paso más allá del proyecto académico. Este 2 de octubre, a las 19:30 horas, la Galería Sara Caso acoge su inauguración en forma de exposición colectiva, acompañada de la presentación y venta exclusiva del libro. Una oportunidad para acercarse a ese universo de artistas jóvenes que Bryksy comenzó a construir desde la universidad y que ahora encuentra un espacio propio fuera de ella.

Entrar en la intimidad del artista
Para construir Íntimo, Bryksy entró en los estudios y las casas de los artistas, compartió comidas con ellos e incluso llegó a quedarse a dormir en casa de algunos. Las entrevistas, grabadas únicamente en audio, favorecieron conversaciones más cercanas, hasta el punto de sentir que había «convivido realmente con ellos»
Esa cercanía le permitió descubrir lo que no siempre se ve en una obra: miedos, recuerdos, preocupaciones o experiencias personales que terminan influyendo en aquello que cada artista crea.
Y, sobre todo, aprender a mirar de otra manera. Unos le enseñaron a fijarse en los objetos de la casa de una abuela; otros, en una mirada, una fachada destinada a desaparecer o las flores de un jardín familiar. Pequeños detalles que, después de conocer su historia, adquieren un significado completamente distinto.

El arte no necesita ser entendido para ser sentido
Para Nerea, una de las principales barreras del arte contemporáneo aparece cuando creemos que necesitamos entenderlo para poder disfrutarlo: «Tú ves una obra y te enamoras y ya está», explica. A veces esa conexión surge porque reconocemos algo propio: un recuerdo, una emoción o un objeto que nos transporta a otro momento. A ello se suma el desconocimiento que todavía rodea a las galerías, espacios que muchos siguen percibiendo como reservados para expertos o para quienes pueden permitirse gastar grandes cantidades de dinero.
Íntimo busca romper precisamente esa distancia.
El proyecto propone acercarse a los artistas, conocer qué existe detrás de sus obras y perder el miedo a no comprenderlas. Porque, al final, quizá no se trate tanto de entender como de, en palabras de la diseñadora gráfic, «permitirse la libertad de sentir y ya está».

Fotografiar a través de sus propios ojos
Aunque Íntimo pone el foco en los artistas, la mirada de Bryksy atraviesa todo el proyecto. Siempre había hecho fotografías de manera intuitiva, pero nunca con un objetivo tan definido. Reconoce incluso cierto síndrome del impostor ante una disciplina en la que siente que todavía tiene mucho que aprender.
Su fotografía bebe del arte, pero también de la moda, las revistas y una estética mucho más editorial.
Por eso, sus retratos no buscan únicamente documentar quiénes son los protagonistas: intenta mostrar cómo los ve ella, fijándose incluso en detalles a los que quizá ellos mismos no conceden importancia. El proyecto termina así uniendo dos mundos que siempre habían convivido en ella: la sensibilidad artística y las herramientas de composición, color, edición y maquetación adquiridas durante sus estudios de Diseño Gráfico.

Lo que viene después de Íntimo
Después de dedicar prácticamente todo su tiempo a Íntimo, Nerea todavía no tiene claro cuál será el siguiente paso. El proyecto absorbió buena parte de su último año de carrera y reconoce que apenas ha tenido tiempo para detenerse a pensar qué quiere hacer ahora. Lo que sí tiene claro es que ha sido «el proyecto con el que más feliz» ha sido trabajando.
Le gustaría continuar vinculada al mundo del arte, quizá desarrollando proyectos similares para galerías, pero también seguir explorando la fotografía, la moda, las editoriales o la dirección creativa. Por ahora, más que elegir un único camino, quiere seguir aprendiendo.
El propio cambio de nombre permitió liberar el proyecto de aquella selección inicial de 21 artistas y abrir la puerta a futuras ediciones, nuevas miradas y nuevas historias en las que volver a entrar.











