El 11 de febrero, Bangladesh celebró elecciones parlamentarias y un referéndum de reforma constitucional. Agotado por décadas de corrupción y autoritarismo –poco– encubierto, el aparato institucional bengalí saltó por los aires en julio de 2024, cuando las protestas juveniles forzaron la caída y exilio de la primera ministra Hasina. Durante más de un año, un gobierno interino ha trabajado en distintas propuestas de reformas institucionales demandas por la sociedad que se han en referéndum.

Entre esas demandas hay una que a los españoles nos chocará, sin duda: la implantación de un senado. Para comprender esta reivindicación, hemos de analizarla hermanada al pack de reformas votadas en el referéndum. El senado no es un fin en sí mismo, sino un engranaje más de una reforma democrática.

«El 11 de febrero, Bangladesh celebró elecciones parlamentarias y un referéndum de reforma constitucional»

Hablamos de «democracia» en un sentido profundo del término. Los bengalíes desean consolidar la división de poderes y las garantías en torno a sus derechos y libertades. En julio de 2024, los jóvenes del país reclamaron el fin de la corrupción y de los abusos de poder.

Desde 1990, en Bangladesh rige una democracia parlamentaria, monopolizada por dos partidos, el Partido Nacional de Bangladesh –ganador de estas elecciones– y Liga Awami (Liga Popular), al frente de los cuales dos mujeres, Khaleda Zia y Sheikh Hasina se han turnado el poder.

«el aparato institucional bengalí saltó por los aires en julio de 2024, cuando las protestas juveniles forzaron la caída y exilio de la primera ministra Hasina»

Primera ministra entre 1991-1996 y 2001-2006, Khaleda Zia se convirtió en la segunda mujer en presidir en un gobierno en un país musulmán –después de la pakistaní Benazir Bhutto. Zia recogió la popularidad de su esposo, el Presidente Ziaur Rahman, quien dirigió el país entre 1976 y 1981, año en que fue asesinado. Después de salir del gobierno, la líder del Partido Nacional se mantuvo como una figura política relevante hasta su muerte en 2025.

Visto por muchos como un héroe de la independencia bengalí en 1971, sus partidarios recuerdan a Ziaur como el restaurador del multipartidismo en el país, abolido por Sheik Majibur primer jefe de Estado del Bangladesh independiente. El héroe, no obstante, no escapa a la polémica. En respuesta a varios intentos de golpes de Estado contra su gobierno dirigió una brutal represión, en octubre 1977, ahorcando sin procesamiento a 1.143 sospechosos encarcelados.

«Entre esas demandas hay una que a los españoles nos chocará, sin duda: la implantación de un senado»

La rival de Zia, Hasina es, ni más ni menos que la hija de Sheik Majibur, quien también fue asesinado en la presidencia en 1975. Pese a que su condición de dictador resulta indiscutible, el nombre de Sheik Majibur sigue rodeado por el halo místico de padre de la patria que llevó a Bangladesh a la independencia.

Si los gobierno de Zia estuvieron marcados por la corrupción y los abusos, los de Hasina, la jefa de gobierno bengalí más longeva (1996-2001 y 2009-2024) superaron a su rival. Así, cundió, entre los bengalíes, la imagen de que sus élites políticas se habían asegurado una esfera de poder ajeno a cualquier control o contrapeso.

«Si los gobierno de Zia estuvieron marcados por la corrupción y los abusos, los de Hasina, la jefa de gobierno bengalí más longeva (1996-2001 y 2009-2024) superaron a su rival»

Las supuestas reformas que desde finales de los 90 han tratado de satisfacer, en repetidas ocasiones, las demandas populares de ética política han quedado en lo puramente estético. De decepción en decepción, se terminó llegando al estallido final: las protestas de 2024.

Tras la fuga de Hasina, el Presidente de la República, Mohammed Shahabuddin accedió a nombrar un gobierno que simpatizara con el clima en la calle. Shahabuddin, por cierto, es una figura compleja. Aunque era el candidato del partido de Hasina a la Jefatura de Estado –allí al Presidente lo votan los diputados–, había servido como juez anticorrupción y manifestó siempre una vocación reformista. Pese a todo, su rol presidencial es bastante limitado, como ocurre en el parlamentarismo.

«el Presidente de la República, Mohammed Shahabuddin accedió a nombrar un gobierno que simpatizara con el clima en la calle»

Encargó formar gobierno a Muhammad Yunus, un académico, empresario y activista de los derechos civiles, además de Premio Nobel de la Paz y Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Este impulsó un comité integrado por más de 30 partidos políticos y plataformas ciudadanas. Su propósito era escribir una hoja de ruta para las reformas más importantes, en especial, las constitucionales, respondiendo a las demandas de la revolución de julio de 2024. De sus trabajos emana la Carta de Julio de 2025, sobre cuyas premisas se preparó el referéndum constitucional del día 11.

Al margen del senado, se pide limitar la autoridad y los mandatos del primer ministro, para que nadie se eternice en el cargo. También, reforzar la independencia de los agentes de la administración para controlar la corrupción, reducir las inmunidades jurisdiccionales de los cargos políticos, dotar de más medios a la justica y, sobre todo, hacer efectivas las garantías de los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos, poniendo énfasis en las libertades públicas: reunión, protesta, libertad de expresión, imprenta y publicación, así como la supervisión judicial contra detenciones ilegales, el llamado habeas corpus.

«De sus trabajos emana la Carta de Julio de 2025, sobre cuyas premisas se preparó el referéndum constitucional del día 11»

Bangladesh no es el único país donde el malestar de los jóvenes ha estallado en los últimos dos años. Nepal, Madagascar, Perú, Indonesia, Sri Lanka, Irán… Incluso Japón, Italia o Francia, a una escala diferente, han visto sus calles inflamadas en los últimos 24 meses. Aunque el caso bengalí presenta una serie de particularidades muy similares a las protestas vividas recientes en nuestro vecino meridional, Marruecos.

¿Cuáles son? Bangladesh es uno de tantos países que ha visto crecer su economía de forma considerable en las últimas décadas, sin que esto se traduzca en mejores oportunidades o beneficios en la vida de la gente. De ahí que podamos afirmar que las reformas para democratizar el país han de ser sólo el primer paso, seguido de políticas redistributivas o el malestar social únicamente dormitará por un tiempo, hasta que despierte, de nuevo, con renovado furor.