Las invasiones de Irak y Afganistán ejemplifican como el desmantelamiento del ejército regular enemigo no siempre basta para alzarse con la victoria. La guerra de guerrillas que sigue, como David contra Goliat, acaba triturando el poderío militar del aparente vencedor. Mali lleva casi dos décadas sumergida en una eterna guerra civil irregular. Se han producido algunas batallas, pero predominan los atentados y las emboscadas. Sin embargo, hace dos semanas se dio un salto cualitativo, cuando el ejercito maliense y los mercenarios de Wagner sufrieron una devastadora derrota en un intento de expulsar a los tuaregs Kindal, ciudad occidental del país.

La presencia Rusia en África no es tan reciente como se cree. Menos visibilizados que Indochina, Afganistán o Latinoamérica, los africanos sufrieron no pocos enfrentamientos delegados durante la Guerra Fría, a cuenta de EE.UU. y de la URSS. Dicho sea de paso, la China maoísta también extendió su influencia sobre el continente negro en esa época, en países como Zambia o Zimbabue (entonces Rhodesia), entre otros. Si bien, sus comienzos resultaron mucho más infructuosos que los del Kremlin y La Casa Blanca.

“el ejercito maliense y los mercenarios de Wagner sufrieron una devastadora derrota en un intento de expulsar a los tuaregs Kindal”

Junto a estas grandes potencias, en África ha morado por muchas décadas otro superpoder: Francia, antiguo colonizador del área occidental y central del continente negro. Precisamente, la decadencia de la influencia gala en el Sahel en los últimos años ha propiciado el auge de la rusa. África ha sido el campo preferente de misiones del Grupo Wagner, que permite a Moscú operar a través de un agente interpuesto.

Después del golpe de Estado de 2020, el acercamiento de la Junta Militar de Mali al Kremlin se acelera a pasos agigantados. Una (de muchas) crisis que ha heredado el coronel Assimi Goïta, Jefe de Estado de facto, es la guerra civil contra los tuareg.

“África ha sido el campo preferente de misiones del Grupo Wagner”

Ya bajo la antigua colonia francesa, este pueblo nómada exigió más autonomía y un trato étnico diferenciado. Como muchos Estados africanos, las fronteras de Mali son bastante artificiales. No tanto por su rectitud –las líneas rectas se extienden sobre zonas de desierto– como por la agrupación multiétnica y mal cohesionada que constituye.

Apenas dos años después de la independencia maliense (1960), se produjo la primera rebelión tuareg que se prolongaría hasta 1964. Gracias al apoyo incondicional de Marruecos, Argelia y la propia Francia, los tuaregs fueron entonces barridos y sus líderes detenidos. Las regiones de mayoría tuareg quedaron bajo férreo control militar.

“Después del golpe de Estado de 2020, el acercamiento de la Junta Militar de Mali al Kremlin se acelera”

Quizás por no abrir antes la mano, la opresión de Bamako infligió un daño irreparable a la integración tuareg en Mali. Dos rebeliones más, se sucedieron entre 1990-1995 y 2007-2009. A estas les siguió un nuevo estallido en 2012, conocida como guerra de la independencia.

En la localidad de Gao, los líderes del Movimiento de Liberación de Azawad, proclamaron la independencia del noreste del país, como República de Azawad. En plena Primavera árabe y con el Estado Islámico en auge, las conexiones tuareg con Al Qaeda y otros grupos islamistas alarmaron a occidente y a la Comunidad Económica del África Occidental. París no tardó lanzar una intervención militar a gran escala para auxiliar a Mali.

“En la localidad de Gao, [en 2012] los líderes del Movimiento de Liberación de Azawad, proclamaron la independencia del noreste del país, como República de Azawad”

Pero ¿tan conectados están los tuaregs con los salafistas? Digamos que al Movimiento de Liberación de Azawad podría hacer suya la frase de Churchill: “Si Hitler invadiera el infierno, yo pactaría con el diablo”, cuando tuvo que justificar su alianza con la Unión Soviética.

Cuando uno está desesperado y sin aliados, pacta con cualquiera que le ofrezca ayuda. Cierto es que los tuaregs son una comunidad musulmana profundamente conservadora. Pero reducir el Movimiento de Liberación de Azawad a un apéndice de Al Qaeda o Estado Islámico es, como poco, un error grosero.

“¿tan conectados están los tuaregs con los salafistas?”

De hecho, su alianza con el salafismo en la guerra de 2012-2013 fue poco menos que un accidente forzado por la necesidad. Desgraciadamente, muchos periódicos occidentales publicaron que era el Estado Islámico quien tomaba el control de Azawad, manchando para siempre el nombre de la oposición tuareg.

En realidad, el Movimiento de Liberación de Azawad no tardó en cortar cualquier lazo con Al Qaeda, Estado Islámico y cualquier grupo salafista de la zona. Desde entonces se ha enfrentado al islamismo radical, al que tiene por uno enemigo tan cierto como el ejército maliense o las fuerzas rusas de Wagner.

“el Movimiento de Liberación de Azawad no tardó en cortar cualquier lazo con Al Qaeda, Estado Islámico y cualquier grupo salafista de la zona”

Esto provocó escisiones internas. Después de 2013, advertimos la presencia grupos tuaregs de resistencia menos importantes, como Ansar Dine (auxiliadores de la Religión), su sucesor, Jama’at Nasr al Islam (Grupo de apoyo al Islam y a los Musulmanes) que sí son abiertamente salafistas y se encuentras en buenas relaciones con la escisión de Al Qaeda en la zona, Movimiento por la Unidad de la Yihad en el África Occidental.

A finales de junio de 2013, las batallas de Gao y Timbuktú se saldaron con una victoria de Bamako que recuperó el control de ambas ciudades, lo que se considera como la muerte del autoproclamado Estado tuareg de Azawad. Tras este duro golpe, los tuaregs vieron reducido su poder al control de algunas áreas desérticas y un puñado de barrios periféricos de los núcleos urbanos próximos a Argelia. Las afueras de ciudad de Kindal se encontraban entre tales dominios.

“A finales de junio de 2013, las batallas de Gao y Timbuktú se saldaron con una victoria de Bamako”

Consciente de que era cuestión de tiempo que el conflicto tuareg se reanimara, el gobierno maliense abrió varios canales de negociación con el Movimiento de Liberación de Azawad. Francia incentivó estas conversaciones de paz.

Tras muchos tira y afloja, se prometió a los tuaregs la reorganización administrativa del noreste del país, convirtiendo Azawad en una región con autonomía política. Incluso se llegó a pactar la celebración de un referéndum en 2017 que validara esta propuesta. Sin embargo, en el tiempo de descuento, como se suele decir, Bamako paralizó la consulta arguyendo que había que reformar antes la constitución del país.

“se prometió a los tuaregs la reorganización administrativa del noreste del país, convirtiendo Azawad en una región con autonomía política”

Después de tomar el poder, la Junta Militar ha optado por un enfoque mucho más agresivo contra los tuaregs. En vez de a París, el nuevo gobierno volvió sus ojos a Moscú que les envió al Grupo Wagner. Pero las cosas no han terminado de salir bien. La situación económica del país sigue empeorando y la mano dura del ejército se estrella una vez tras otra contra la obstinada población local de Azawad.

Recordemos que el gobierno del coronel Goïta tampoco goza de reconocimiento unánime ni en la Unión Africana ni de la comunidad internacional, en general. La Comunidad Económica del África Occidental mantiene la suspensión de Mali como miembro, hasta que no se regrese a la democracia.

“la Junta Militar ha optado por un enfoque mucho más agresivo contra los tuaregs”

La operación militar de Kindal hace dos semanas tendría que haber terminado, al menos, con una victoria militar formal. El resultado ha sido el opuesto. Emboscadas, las tropas de Wagner y Bamako, sufrieron un considerable número de bajas. Su caótica y confusa retirada ha terminado por dejar la totalidad Kindal, incluidos el distrito gubernamental y el Campamento Militar nº1 cercano a la ciudad, en manos del Movimiento de Liberación de Azawad.

¿La respuesta de Bamako? Recordar lo vinculados que los tuaregs están con el salafismo para que a nadie se les pase por la cabeza echarles una mano. Mientras tanto lloriquean al Kremlin por más apoyo militar, que Moscú no se encuentra en condiciones de proporcionar. Miran hacia Pekín, pero el gigante asiático nunca ha querido intervenir militarmente en el continente negro. Y algunas voces dentro de la Junta Militar empiezan a replantearse el alejamiento de Francia.

“Su caótica y confusa retirada ha terminado por dejar la totalidad Kindal, en manos del Movimiento de Liberación de Azawad”

Resulta muy difícil pensar que, a la larga, los tuaregs se impongan. Por no hablar de que es imposible que nadie reconozca un Estado tuareg. Lo más probable es que el conflicto se estanque y el noreste de Mali agrave la inestabilidad del África occidental por la incapacidad de abordar los viejos conflictos étnicos.