Carola Alonso (Logroño, 1976) es un mujer comprometida con la sociedad y con los derechos. Es la Presidenta de Chrysallis, Asociación Estatal de Menores Trans de España y madre de Álex. En este maravilloso encuentro con ella he podido escuchar y aprender más sobre diversidad sexual e identidades de género, de la mano de una mujer con las ideas claras y con una lucha firme: defender los derechos de la infancia  y juventud trans. Diversidad, Ley trans en España, binarismo, feminismo, hormonación… Hablamos de diversos temas para intentar arrojar luz ante tanta oscuridad. Estos Encuentros por los Derechos Humanos están pensados para dar voz a personas como Carola y a la asociación Chrysallis. Pasen y disfruten de la diversidad sexual.

 

¿Cree que los derechos de los menores trans están siendo protegidos y defendidos en España y en Europa? ¿Qué echa en falta o que aplaude en este sentido?

Definitivamente, no. Mientras no se elimine cualquier requisito médico, de “valoración” psicológica o cualquier otro que sencillamente suponga el tutelaje de las personas y no reconozca el derecho a la libre determinación de identidad, van a estar siendo vulnerados varios derechos, como el de la intimidad personal y a la propia imagen, el derecho a la salud o a la integridad física y moral, entre otros. Es absolutamente necesaria la aprobación de una Ley Trans a nivel estatal, que reconozca el derecho a la modificación de nombre y sexo registral simplemente con el deseo y voluntad de la persona interesada. Y en el caso de menores, si algune de sus progenitores no estuviera de acuerdo, habría de hacerse valer el interés superior del menor, tal como asevera la Convención de los Derechos del Niño, formulada por Naciones Unidas. Esto en lo más esencial, pero en la vida de la infancia y juventud trans hay muchos espacios en los que vemos sus derechos mermados o directamente vulnerados; por ejemplo, a la hora de ver su realidad reflejada y explicada en los centros y materiales educativos, a la hora de acceder al deporte o a determinados estudios, entre otros.

 

Hay polémica en ciertos sectores de la sociedad al respecto de la hormonación temprana en los menores, ¿qué tiene que decir al respecto?

Esta polémica, como muchas otras, están fundamentadas en el desconocimiento. Para empezar, en menores hasta ciertas edades (en cada persona puede variar el momento de comenzar o cambiar el tratamiento) no se usa la hormonación cruzada, se utiliza el tratamiento con bloqueadores de la pubertad. Estos tratamientos suponen tan solo una pausa para que no se desarrollen los caracteres sexuales secundarios que la persona no desea que se desarrollen. En otras palabras, otorga tiempo para decidir sobre el propio cuerpo. Cuando se utilizan los bloqueadores, el tratamiento posterior, si procede, es mucho menos invasivo. Es decir, se trata de darle a esa personita tiempo para decidir sobre su cuerpo, con el menor impacto posible. Si la personita decide ser con un cuerpo no normativo, también el desarrollo se produce de manera natural. Esto por explicar un poco el funcionamiento. Les profesionales de la medicina, desde la endocrinología, han dejado claro en innumerables estudios y ocasiones, la seguridad e idoneidad del uso de dichos tratamientos. Me parece un ejercicio de prepotencia cuestionar eso, por razones ideológicas que no están fundamentadas. Sinceramente, estoy convencida de que hay una cuestión ideológica detrás de la demonización del uso de tratamientos hormonales en infancia y juventud trans*. Los fármacos utilizados tienen otros usos médicos y nadie clama al cielo por ello.

Además, esta polémica es profundamente adultocentrista al dar a entender que les niñes no son capaces de decir quiénes son. Tampoco tiene ninguna mirada crítica hacia la sociedad ciscentrista, puesto que la mayor parte del sufrimiento no viene generado por el propio desarrollo de los caracteres secundarios en sí, sino por la presión del exterior.

“Hay una cuestión ideológica detrás de la demonización del uso de tratamientos hormonales en infancia y juventud trans”

¿Podría hablarme acerca de cómo ha sido su proceso familiar? ¿Cómo lo ha vivido la familia en su conjunto?

En casa el tránsito de Alex se ha vivido con absoluta aceptación y naturalidad. Él nunca tuvo comportamientos muy normativos en un sentido ni en otro. A los 6-7 años empezó a expresar que le gustaba más un tipo de ropa, luego hablaba de que no era un niño ni una niña… Siempre le acompañamos y respetamos. Cuando me expresó, con 10 años, que era un niño reconozco que me impactó un poco, no por el hecho en sí, sino porque me parecía una decisión como muy firme, yo pensaba que era mejor para él no posicionarse tan tajantemente, sino seguir con esa fluidez que venía expresando anteriormente. Pero él se enfadó mucho conmigo, porque lo tenía muy claro. El impacto me duró una noche. Al día siguiente empecé a tratarle en masculino, a llamarle por su nombre y a informar al entorno. Su profe del cole fue maravillosa, en seguida me habló del Protocolo que existe en el sistema educativo para la atención a la diversidad de identidades sexuales y de género y lo pusimos en marcha. Salvo contadísimas excepciones, todo nuestro entorno le acogió con amor y naturalidad. Él ha pasado por distintos momentos, en los que ha expresado una identidad más claramente de chico y en otros, una identidad no tan binaria. Simplemente, le escucho, acompaño, respeto y ayudo en lo que me pide. Formar parte de Chrysallis ha sido fundamental tanto para mí como para él. Él, al relacionarse con iguales, ha tenido información y acompañamiento que yo, como persona cis adulta, no puedo darle y ha sido muy empoderante para él. Y para mí, supone un espacio para compartir con otras familias y sobre todo, un espacio de activismo por sus derechos.

 

Los Principios de Yogyakarta protegen explícitamente a los menores trans. ¿Cómo está la cuestión legal y judicial en España? ¿Cuáles son los principales problemas con los que se encuentran en este sentido? 

En España estamos necesitando una Ley Trans estatal con urgencia, que reconozca la identidad sexual de las personas, con independencia de la edad de dichas personas. Hay algunos territorios que tienen unos Protocolos sanitarios y educativos aceptables, conseguidos con bastante esfuerzo por parte de muchas personas y asociaciones, que son siempre mejorables, pero que al menos parten de un reconocimiento del derecho a la autodeterminación de la propia identidad, establecen mecanismos de empoderamiento y protección y formas de operativizar esos derechos, convirtiéndolos en medidas concretas. Aun así, siguen siendo parches. En otros territorios, aún no hay nada determinante y depende de la voluntad de las personas profesionales que te encuentres, tanto en entornos escolares, como sanitarios o judiciales. La Ley Trans Estatal eliminaría esas diferencias territoriales además de mejorar las medidas existentes. La sentencia del Tribunal Constitucional solo sirvió para reconocer que en 1997 la ley fue inconstitucional, pero el reconocimiento legal a todas las personas trans* sigue pendiente. Aspectos urgentes e importantes son la eliminación de cualquier requisito patologizante o que suponga tutelaje sobre la voluntad de las personas para acceder a una documentación que refleje su nombre y sexo, acorde con su identidad. Pero no sólo necesitamos una batería de medidas administrativas que regule los cambios de nombre en el DNI, necesitamos todo un marco legislativo que acoja, de forma transversal, las demandas y necesidades del colectivo y que contemple aspectos relacionados con los derechos personales, educativos, deportivos y de ocio, derechos sexuales y reproductivos, laborales… Queda mucho. También demandamos el reconocimiento de las identidades no binarias en todos los textos legislativos que se van produciendo, puesto que tienen unas necesidades específicas que no son contempladas desde la mirada de una sociedad binarista.

“Es urgente la eliminación de cualquier requisito patologizante o que suponga tutelaje sobre la voluntad de las personas para acceder a una documentación que refleje su nombre y sexo, acorde con su identidad”

Hay un sector del feminismo y también de la extrema derecha y sectores ultra católicos que niegan directamente la realidad de los menores trans e incluso pasan al ataque de sus derechos. ¿Se plantean tomar medidas al respecto? ¿Cómo se sienten sus hijos, hijas e hijes cuándo escuchan que les niegan su identidad?

Francamente, al ruido que hace la extrema derecha al respecto, no vamos a darle bombo ni cabida. Sí me parece importante que los Gobiernos, tanto centrales como autonómicos y locales, se posicionen claramente y no dejen lugar a ninguna duda, por parte de la sociedad, de que las medidas propuestas por estos grupos no van a ser llevadas a cabo. Medidas como, por ejemplo, el tan sonado y polémico intento de censura, conocido como veto parental, que no tienen ningún recorrido legal porque vulneran numerosos derechos reconocidos en leyes autonómicas y estatales, son un intento de generación de conflicto social, de creación de un caldo de cultivo para la transfobia y en general la LGBTIfobia. No nos asustan ese tipo de llamadas de atención, pero si demandamos un posicionamiento firme al respecto por parte de los Gobiernos. La escuela, como cualquier otra institución pública, tiene la obligación de garantizar los derechos y la integridad de todo el alumnado y su diversidad, así como de ser una herramienta para la educación y crecimiento social.

Respecto a ese sector del feminismo que niega a las mujeres trans* en particular y la realidad trans* en general, las animo a acercarse y a conocer; a informarse, a no tener miedo. Yo llevo muchos años militando en el feminismo, por lo que conozco bien el discurso en el que se sustenta ese miedo. Miedo a no avanzar; miedo a que lo poco que se ha conseguido en material de igualdad de hombres y mujeres, se desvanezca. En ese sentido, en cuestión de igualdad, queda mucho, mucho por hacer. Son unas demandas legítimas sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas de mujeres que reconozco y apoyo. Pero el sujeto mujer es muy amplio. Por el hecho de ser mujeres, no tenemos absolutamente las mismas necesidades y demandas. Desde una mirada interseccional, una mujer blanca, europea, una mujer migrante, racializada, con diversidades funcionales o una mujer trans*, tendremos diferentes necesidades y demandas. Y todas sufrimos violencias, algunas compartidas y otras específicas. Algunas violencias que recaen sobre determinados cuerpos de mujer, también recaen sobre determinados cuerpos de hombres o de personas no binarias. Entender que el enemigo es común y se llama cisheteropatriarcado es la llave fundamental para unirnos y caminar unides para vencerlo.

“Algunas violencias que recaen sobre determinados cuerpos de mujer, también recaen sobre determinados cuerpos de hombres o de personas no binarias”

 Hablemos del entorno familiar y escolar. ¿Están los centros educativos en disposición de asegurar los derechos de sus hijos, hijas e hijes? ¿Qué hacen cuándo se encuentran con problemas en estos ámbitos?

Como hemos comentado anteriormente, en determinados territorios existen protocolos educativos. Algunas medidas como la facilitación del cambio de nombre en los listados, boletines, etc., son necesarias, pero no están claras y si la Dirección del centro en particular no tiene voluntad de hacerlo, al no existir medidas sancionadoras, puede optar por no facilitar, generando así mucho sufrimiento. Y esto es aplicable a otras cuestiones como, por ejemplo, la utilización de un material curricular inclusivo, que contemple toda la diversidad corporal y humana o la utilización de baños y vestuarios mixtos, por nombrar algunas cuestiones que habría que solventar con urgencia. Ocasionalmente, cada vez más, nos encontramos equipos educativos y directivos con apertura a hacer las cosas bien, facilitando los cambios de nombre, programando actividades de sensibilización o utilizando materiales educativos inclusivos. Pero una vez más, todo esto son parches y dependen de la voluntad de las personas y los equipos. Demandamos una Escuela verdaderamente diversa, con equipos formados en materia de igualdad y diversidad, con materiales curriculares inclusivos, baños mixtos, bases de datos que contemplen la facilidad de los cambios de nombre… pero todo esto ha de ir recogido en leyes y protocolos que recojan un régimen sancionador para asegurar el cumplimiento de todas estas medidas.

 

A todos los seres humanos a veces el futuro nos genera inquietud o preocupación. ¿Qué le preocupa a usted en materia de derechos y libertades?

En estos momentos que vivimos con la crisis sanitaria, me da miedo que los derechos del colectivo LGBTIQ+ y en particular de las personas trans* se queden en un cajón porque “haya cosas más importantes que atender”. En momentos de crisis, históricamente hablando, los derechos de determinados colectivos vulnerables no son contemplados como prioritarios por el conjunto de la sociedad, ocupada en poner su atención en otras cuestiones. Pero no hay derechos de primera ni de segunda; no hay personas de primera o de segunda. Los derechos de las personas LGB, trans*, queer, intersexuales… son derechos fundamentales y que tienen un carácter vital para las personas que los estamos reivindicando. Creo que a las asociaciones y a los colectivos nos va a tocar gritar bastante fuerte por un tiempo, para que nuestros derechos estén en la primera línea de atención. Afortunadamente, el Gobierno actual parece bastante abierto y dispuesto a ello, pero no podemos bajar la guardia, el clima y el discurso social son igualmente importantes.

 

Personalmente pienso que la sociedad está en deuda con sus familias y necesita dar respuestas más contundentes a su realidad. ¿Cree que la sociedad está realmente concienciada de lo que significa diversidad familiar? ¿Qué podríamos hacer los defensores de derechos humanos para seguir concienciando al respecto?

Hay una enorme confusión y falta de información social acerca de la realidad trans*. Respecto a lo relativo a la diversidad de orientaciones sexuales, hay bastante más camino recorrido. Por supuesto, falta mucho por hacer, reconocer y garantizar, pero es que en cuestión de diversidad de identidades la población está muy perdida. El imaginario social en torno a la transexualidad no se ha construido sobre referentes positivos en la mayoría de las ocasiones y eso no ayuda. Toca educar, toca asumir la responsabilidad personal a la hora de informarse sobre diversidad y derechos. Toca honrar y reconocer el trabajo y la labor de visibilidad de las personas trans*, sobre todo mujeres, en los inicios de este movimiento. Toca visibilizar a las personas trans* como la aportación que son a la riqueza de la diversidad humana. Toca poner en su sitio las aportaciones históricas y actuales de las personas trans* a los ámbitos culturales, tecnológicos, sociales, políticos….Toca compensar y resarcir al colectivo de personas trans* por todas las desigualdades e injusticias. Toca celebrar y vivir la diversidad desde la alegría.

“Toca compensar y resarcir al colectivo de personas trans por todas las desigualdades e injusticias”

Personalmente, me siento muy cercano a vuestra lucha por mi defensa de los Principios de Yogyakarta. Y esta sección pretende precisamente dar voz o ampliar el mensaje de las personas que defienden los Derechos Humanos o que son víctimas de conculcaciones de derechos. ¿Qué es lo más urgente, en cuanto a derechos se refiere, que necesitan los menores trans? ¿Y sus familias?

Nuestra mayor demanda en este momento es la aprobación de la Ley Trans Estatal. Es un texto que recoge las demandas y necesidades del colectivo, demandas relativas a derechos necesarios y urgentes. Es un texto participado, más que consensuado, construido desde el propio colectivo y con su propia voz. Se ha ido dejando para más adelante una y otra vez. Ya es hora de que se ponga sobre la mesa, se apruebe y empecemos a caminar con ella. Si en su implementación van surgiendo necesidad de mejoras, que surgirán, las iremos abordando. Pero ¿para qué seguir sumando demandas, si esta es una, clara, contundente y compartida por todo el colectivo, desde las organizaciones sociales? Demandamos su aprobación de la forma más inmediata posible.

 

Dígame un deseo que le gustaría ver cumplido

Me gusta pensar en un mundo en el que la palabra “normalizar” esté desterrada. A veces se habla de “normalizar” a nuestres hijes, su diversidad… y yo no quiero “normalizar” nada. Yo quiero que todes podamos ser, que la diversidad sea un valor. Que los derechos de todas las personas sean garantizados, que no pretendamos que todes pasemos por el mismo aro o por el mismo patrón. Que la forma de ser hombre, mujer u otras identidades sean un proceso creativo y de construcción propia de cada persona, sin estereotipos ni mandatos. Y que eso sea un valor social y las leyes e instituciones lo protejan como tal.

 

Un mal a erradicar

La falta de mirada crítica hacia une misme. Las vulneraciones de derechos, las agresiones, las violencias… no surgen de la nada, no vienen del aire. Son ejercidas por personas, por entidades, por instituciones. Hasta que no seamos conscientes de nuestra responsabilidad personal y colectiva de construir una sociedad justa, igualitaria y libre de violencia, no habremos avanzado lo suficiente.

 

Un derecho irrenunciable

A la felicidad. No como una idea ñoña y romantizada, si no como la capacidad y el derecho de las personas a vivir una vida lo más plena y satisfactoria posible, desde una mirada personal, de salud, de relaciones, económica, laboral, cultural, de seguridad y sin violencias.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here