Si es usted de esos que deciden tener hijos porque le gustan los niños, necesariamente será también de los que cría gusanos de seda porque le gustan los gusanos. Porque, como es bien sabido, los niños y los gusanos de seda no son más que una etapa larvaria de transición hacia el individuo adulto o hacia una bonita polilla de tamaño gigante, dependiendo del caso. Y aunque habrá muchos que se alzarán iracundos ante tal disquisición (dado lo extendida que está la admiración por las polillas gigantes), me gustaría que todos esos ofendidos me respondieran la siguiente pregunta:
¿Cuántos de ustedes sienten admiración por los individuos adultos?

Efectivamente, según recientes estudios sobre la incidencia del lenguaje sobre el comportamiento humano, si en lugar de denominarse niños, se denominasen adultos en etapa larvaria, en menos de cinco años la población mundial del primer mundo se reduciría en un cincuenta por ciento. ¿No me cree? Hágame el favor de proyectar en su mente la escena cotidiana de una entrañable parejita en medio de una comida familiar:

—Queremos anunciaros que Pepe y yo vamos a tener un adulto en etapa larvaria.
—¿Estáis locos? ¿Por qué no os compráis un periquito?

Y ahora imagínese a otra parejita degustando una maravillosa cena romántica:

—Qué tonta me ha puesto este vino. Hazme un adulto en etapa larvaria, aquí y ahora.
—Esta noche no, me duele la cabeza.

Y ahora, a otra parejita, dos gloriosos agentes de nuestra honorable guardia civil:

—Teniente, nos ha llegado el aviso de que un autocar con cincuenta adultos en etapa larvaria ha volcado junto a la N-40
—Pues ya, si eso, vamos mañana que esos bichos son muy resistentes.

Es por eso que si lo que usted quiere es un niño, debe saber que no va a disfrutar ni diez años de su entrañable gusanito antes de que mute en un capullo adolescente. Recién entrado en la veintena, renacerá como polilla de tamaño gigante para, tal como está el panorama, quedarse revoloteando durante veinte años más por su casa, parando de vez en cuando para descansar sobre la cara interior de las puertas de los armarios, mientras usted se lamenta para sus adentros: «Si parece que fue ayer cuando reptaba por los rincones».

Así que tal vez deba usted reformular el lema vital que a todos nos dicta reprodúcete por el de reproduce té. Sí, lo ha leído bien. Limítese a plantar unas cuantas macetas con semillas de té y disfrute de la vida viéndolas crecer mientras se fuma un cigarrito artesanalmente relleno de maravillosa marihuana. Si por lo contrario, se siente usted demasiado tentado por los dictados del lema vital original, entonces reprodúzcase y hágalo sin complejos, pero no pierda de vista lo más esencial del asunto: si lo que trae usted al mundo es un niño y no un adulto, se debe única y exclusivamente a una cuestión de amplitud pélvica, que la madre naturaleza será todo lo imprevisible y compleja que usted quiera pero, desde luego, no tiene un pelo de tonta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here