Al ver una película es imprescindible darse cuenta de que muchas de las imágenes que tenemos ante nuestros ojos beben de una tradición cinematográfica, que quizá, y solo quizá, desconozcamos. Es imprescindible darse cuenta de lo mucho que han influido algunos directores clásicos en el cine actual. Cuando voy al cine no puedo evitar fijarme en la cantidad de referencias o de guiños que se hacen en el cine del presente, extraídos, precisamente, de aquellas películas que ya forman parte de la historia del cine (“¡Mira, ahí está la referencia a Leone!”, susurro en cada estreno de Tarantino). Es innegable que vivimos en la época de los remakes, en la que aquello que triunfó en el pasado se rescata ahora, augurando un nostálgico y emocionante éxito. No voy a ponerme a enumerar la cantidad de películas que se han estrenado, o que se van a estrenar, basadas en cintas antiguas o en primeras partes, convertidas en obras de culto; no es el momento. Sin embargo, sí que es apropiado hablar de uno de los directores que, estando popularmente en un segundo plano, es un referente para cualquier cineasta y uno de los que, escondidos, aparecen, de una forma o de otra, cuando vamos al cine. Se trata de Akira Kurosawa, director japonés que murió en septiembre de 1998 dejando un legado inconmensurable en el cine de nuestro tiempo. A lo largo de su carrera dirigió varias películas, entre las que destacan Rashomon, el bosque ensangrentado (1950), Yojimbo (1961) o, la muy reconocida y admirada, Dersu Uzala-El cazador (1975). Pero, una de las que más me llama la atención en cuanto a influencia en el cine actual, es sin lugar a dudas Los siete samuráis (1954).

Muchos amigos y conocidos me habían recomendado la película y, cuando la vi, entendí perfectamente el porqué. Me habían hablado de ella, calificándola como “un manual para la guerra”, donde se observan los procesos de formación de los combatientes y su preparación física y psicológica para la batalla. Este es uno de los puntos fuertes del film: la representación de la templanza y el saber estar de los samuráis que, conviviendo con los campesinos, los educan para la guerra. La película es larga, dura alrededor de tres horas y media, pero la historia que narra es tan delicada y profunda, que requiere de todo ese tiempo para desarrollarse y comprenderla. Además del argumento, me sorprendió la meticulosidad en los planos y la excelente perspectiva con la que están filmados. Sin embargo, durante el visionado percibí alguna cosa más. No sabía lo que era, pero había algo en la película que me resultaba familiar, como si ya la hubiera visto. Fue entonces cuando valoré lo que este documento había supuesto para la historia del cine; la manera en la que ese mismo argumento se había reproducido en otros muchos filmes. Me fijé, en definitiva, en la cantidad de películas que había visto, sin saberlo, inspiradas en la historia de Kurosawa.

La cinta tiene varios puntos de interés a la hora de valorar su influencia en el cine venidero. Uno importante es la necesidad de encontrar siete individuos, siete samuráis, que salven a un pueblo de su estado de sumisión, devolviéndoles la dignidad. Buscar guerreros imprescindibles, que salven a un pueblo oprimido, es un recurso muy utilizado por el cine comercial actual y, sobre todo, por la industria estadounidense. Uno de los muchos ejemplos de dicha influencia es la película 300 (2006), de Zack Snyder, en la que trescientos guerreros espartanos se enfrentan al Imperio Persa. Otro ejemplo, en cuanto a esta potente influencia del film, es la película de animación Bichos (1998), de John Lasseter y Andrew Stanton. Nunca imaginé, cuando la vi de niño, que la historia fuera tan similar a la historia de la película de Kurosawa. En Bichos, unos saltamontes saquean, año tras año, una colonia de hormigas, y estas para defenderse deciden buscar guerreros que luchen y los expulsen de sus dominios. Las hormigas encontrarán nueve guerreros en lugar de siete pero, aun así, el argumento es similar en ambos casos. La película se estrenó, curiosamente, dos meses después de la muerte del director japonés, en noviembre de 1998.

Al atenernos a la influencia directa que Los siete samuráis tuvo en el cine estadounidense, tendremos que recordar también la gran contribución que la película supuso para el Western. Recuerdo, además, haber oído que la cinta era como un “western japonés” y entendí el porqué: viendo cabalgar a los caballos de los bandidos, te das cuenta de que el film tiene mucho de este género. En ocasiones, la música compuesta por Fumio Hayasaka recuerda a las bandas sonaras de Ennio Morricone, que tantas veces hemos escuchado en “la trilogía del dólar”, por ejemplo. Sin embargo, la mayor influencia de la película japonesa en el género Western está en un film hecho por John Sturges: Los siete magníficos (1960). La cinta es una especie de remake de la de Kurosawa, con la única excepción de estar ambientada en una época y en un lugar distinto. La historia es exactamente la misma, pero adaptada al oeste americano. En esta ocasión, el pueblo oprimido, en vez de buscar siete samuráis, buscará siete pistoleros, que prepararán y formarán al pueblo para el enfrentamiento contra los malhechores de turno. Cada escena y cada diálogo están basados en el film de Kurosawa: el comienzo, el desarrollo y el desenlace son idénticos. La influencia de la cinta no es indirecta, como lo era en las películas antes mencionadas, sino que está clara; diferenciándose únicamente en el en lugar y en el tiempo en el que se ubica.

Reflexionar en torno a la importancia de Los siete samuráis en la historia del cine tiene sentido porque, en la actualidad, siguen realizándose películas basadas en la cinta japonesa. El año pasado, sin ir más lejos, se realizó un remake homónimo de Los siete magníficos, de John Sturges. Tiene la misma base argumental y se estrenó en 2016. Está adaptada al tiempo presente y a los requisitos que exige la industria de Hollywood: más heroicidad, más clichés y, por supuesto no podían faltar más explosiones. La época de los remakes y de las segundas partes, mencionada al principio, ha llegado. Este año se ha hecho la segunda parte de Trainspotting, se acaba de estrenar It y está a punto de salir la segunda parte de Blade Runner.

Por eso, ante esta situación de constante reciclado, conviene revisar los clásicos; las películas y directores que realizaron las cintas de las que parten todos estos refritos. Las películas de Kurosawa son ejemplos de trabajos originales de los que se nutren muchos realizadores a la hora de realizar un film. Los siete samuráis ha generado infinitas referencias. Seguro que a lo largo del día recordaré alguna que no he apuntado en esta reflexión y en la que vosotros, lectores, estaréis pensando. De hecho, ahora que lo pienso… ¿Acaso no es muy parecida la lista, en la que los samuráis apuntan las muertes de los bandidos, a la que Uma Thurman utiliza en Kill Bill para tachar el nombre de las personas de las que ya se ha vengado?

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