Conversar con Rafael Ruiz Pleguezuelos es una auténtica delicia. Profundo conocedor del mundo literario, conjuga su faceta de escritor y dramaturgo con la visión actual que plasma en sus frecuentes colaboraciones con difererentes medios periodísticos.

 

¿Cuando te diste cuenta que “necesitabas” escribir?

Soy el tipo de escritor que solamente ve el mundo a través de la literatura… no tengo recuerdos anteriores al deseo de escribir, porque desde niño he deseado contar historias. Mi madre me recuerda que cuando ella me leía un cuento, yo escuchaba embelesado y después le contaba otro que inventaba
 

¿Recuerdas tu primer texto?

Algún poema. El niño que quiere ser escritor comienza con mucha frecuencia por el verso, supongo que porque en esa edad aún no contaminada los niños están más en contacto con la poesía, el género más puro que existe.
 

Ha escrito multitud de artículos, novelas, obras de teatro, incluso guiones cinematográficos; se puede decir que has tocado todos los palos… ¿Cuál te parece el género más difícil?

La novela, sin duda. La complejidad técnica y temática de una novela de cierta extensión la convierte en el máximo desafío. Pero al decir esto me refiero a la novela culta, a la de autor. Si se escribe una novela plana, sin descripciones ni profundidades, la cuestión es distinta. En definitiva, una buena novela para mí es la catedral de la literatura. Lo que pasa es que mucha gente va por ahí produciendo novelas que son como casas de madera: muy resultonas pero poco consistentes.
 

“Soy el tipo de escritor que solamente ve el mundo a través de la literatura… no tengo recuerdos anteriores al deseo de escribir, porque desde niño he deseado contar historias”

 

De que obra tuya te sientes más orgulloso

Ésa sí que es una pregunta difícil… al contrario que tantos autores, no solamente no reniego de ninguna obra sino que las quiero profundamente, las siento parte de mí. En teatro quizá mi ojito derecho sea El pez luchador, porque aborda el tema de la incomunicación entre personas a la que nos aboca la sociedad actual de una manera que me sigue emocionando. En prosa, La Botella de Bukowski es probablemente lo mejor que he escrito. Una novela sobre la pasión de escribir, y la pregunta de si hay que escribir para vivir o vivir para tener qué contar.
 

¿Te consideras más dramaturgo, escritor o articulista?

Me gusta pensar que soy escritor, una etiqueta que engloba todo. Disfruto en la misma medida cualquiera de los géneros que trabajo. El artículo diario o mensual tiene la magia de la inmediatez, de la comunicación en un plazo corto con el espectador. Es un género agradecido porque está siendo leído poco después de escribirlo. Las obras largas, en prosa o teatro, tienen el precioso desafío de la trascendencia, la posibilidad de crear algo perdurable, que sea recordado muchos años después.
 

Tras tu primera novela, “La Botella de Bukowski”, en breve se presenta “Trenes que pasan” una publicación de FATEX, la federación de teatro de Extremadura. Cuéntanos un poco sobre ella…

Es una obra de teatro sobre los estragos que la crisis económica ha producido en los barrios más pobres de España. También es una historia de amor entre personas mayores de 50 años, una edad en la que muchos ocultan sus sentimientos porque piensan lo que anuncia el título, que su tren ha pasado ya. Es una llamada a buscar la felicidad siempre y en todo momento, sin importar cuáles sean las circunstancias económicas o sociales de una persona.
 

“El artículo diario o mensual tiene la magia de la inmediatez, de la comunicación en un plazo corto con el espectador. Es un género agradecido porque está siendo leído poco después de escribirlo”

 

¿Crees que de “La Botella…” a “Trenes…” has evolucionado como escritor?

Sin duda. Todas las obras, hasta la más breve o modesta, te hacen conocer mejor tu oficio. Uno es un escritor distinto (esperemos que mejor, el lector tendrá que decirlo) incluso después de acabar un relato de un par de páginas.
 

¿Las musas existen o es simplemente trabajo?

Escribir es, sobre todo, un oficio. Así que soy un escritor de los que piensa que la única fórmula es trabajo, trabajo, y más trabajo. Hablar de las musas es una forma de decorar las horas de teclado que se necesitan para producir algo decente.
 

¿Alguna vez te has bloqueado frente a una página en blanco?

No, nunca hasta el momento (toco madera en mi despacho por si acaso). Unas obras salen más fluidas y otras tienes que luchar más contra ellas, pero hasta ahora ninguna ha llegado a detenerme.
 

¿La vida es un novela, un ensayo, una obra de teatro o simplemente un pequeño artículo en una publicación?

Preciosa pregunta. Yo diría que la vida es una novela. Una novela tan compleja que se necesitarían muchas vidas para escribirla en cada detalle.
 

Has logrado varios galardones como autor teatral, llegando a estrenar con bastante éxito… ¿Cómo ves la realidad teatral actual en España?

Si uno viaja, se da cuenta de que en España hay una realidad teatral apabullante, en número y calidad. No nos damos demasiada cuenta, pero somos unos grandes productores y consumidores de teatro. Es un arte que se encuentra bien vivo entre nosotros. El problema es que la mayor parte de las ideas y montajes se hacen en una precariedad absoluta. Con sonoras excepciones, la escena española se sustenta sobre un amateurismo eterno, con compañías que prácticamente producen de su bolsillo y se la juegan en cada montaje. Hay un camino enorme que recorrer para profesionalizar el teatro y hacerlo salir de la precariedad. Me preguntáis por los premios y quiero compartir algo que siempre me ha asombrado: he tenido la suerte de conseguir un buen número de galardones y siempre me ha llamado la atención que nunca un productor teatral se haya puesto en contacto para saber qué ha escrito esa persona que ha ganado tal o cual premio. Con frecuencia me da la sensación de que la producción teatral vive de espaldas a la creación, alimentándose exclusivamente del mercado que ya conoce y de los caminos de siempre.
 

¿Cual es tu próximo reto y proyecto?

Una novela llamada La piel del lagarto, que se encuentra en su fase final y espero que pueda estar en librerías a finales de este año.
 

Un Rey Mago te ofrece hacer tus deseos realidad, y te da a elegir entre lograr un best seller, ganar un Pulitzer, o que se adapte una obra tuya para el cine con un reparto internacional y de relumbrón… ¿Qué escogerías?

Escribir un bestseller que gane el Pulitzer y se lleve a la pantalla grande.
 

“Si uno viaja, se da cuenta de que en España hay una realidad teatral apabullante, en número y calidad. No nos damos demasiada cuenta, pero somos unos grandes productores y consumidores de teatro”

 

¿Cómo es Rafael Ruiz Pleguezuelos?

Escritor las veinticuatro horas del día. Cada día amanezco en un mundo de letras. No es que la literatura llene mi vida, sino que es mi vida.

 

¿A qué tienes miedo?

No me considero una persona miedosa, más bien al contrario. Pero como cualquiera que cree en sí mismo, tengo miedo de lo que no está en mi mano controlar. Exclusivamente. Todo lo demás, que venga cuando quiera.
 

¿Lo que más admiras en una persona?

El buen humor. Afrontar la vida sin reír es vivir la mitad. He conocido personas muy desgraciadas que saben vivir la vida, y personas que lo tienen todo que jamás disfrutan. En nuestra sociedad, es más urgente fomentar el humor y la alegría que el conocimiento. La vida contemporánea ha dejado demasiado de lado la idea de felicidad, desviándonos el rumbo hacia logros materiales, vanos. La tecnología ha conseguido que mucha gente viva para el nuevo iPhone, el último gadget, otra plataforma para no sé qué. Al final, se conoce a más gente infeliz que pobre o ignorante, aunque nos vendan lo contrario.
 

¿Y lo que más detestas?

La superficialidad. Darle importancia a lo que no la tiene.
 

¿Qué no perdonarías nunca?

El engaño. La mentira. Si alguien me miente, encuentra a alguien que jamás olvida.


 

Una personalidad pública a quien admires

Por mi trabajo siempre acabo admirando a artistas, claro. ¡Hay tantos…! Sería una lista inmensa en la que Francisco Umbral estaría muy alto, y Juan Marsé, y Alan Sillitoe… veo la literatura como un inmenso reino en el que cada cual encuentra su función según su recorrido y calidad. E imagino a Cervantes y Shakespeare vigilando desde lo más alto qué hacemos los pobres mortales. Pero admiro lo que hicieron, no su vida. Admirar a una persona sin conocerla es concederle un beneficio que puede no merecer.
 

Una personalidad pública que detestes

Cualquiera que no merezca ser una personalidad pública. Mi abuelo solía decir que cuando el listo tiene suerte, reconoce: “¡Qué suerte he tenido!”, pero cuando el tonto tiene suerte dice: “¡Qué listo soy!”. Detesto a la gente que presume de algo que no merece por su talento o trabajo. Admiro a cualquiera que se haya ganado cuanto tiene, desde un zapatero a un premio Nobel.
 

Tu escritor preferido

Podría decir decenas. Antes ya he mencionado unos cuantos. Ha habido y hay muchos grandes artistas. De los escritores contemporáneos, no hay nadie que me deje más aturdido con cada obra (para bien) que Don DeLillo. Es mi único candidato para el Nobel desde hace tiempo.
 

¿Cuál es el último libro que has leído?

Por mi trabajo leo un libro cada tres días, prácticamente. Lo último que me ha maravillado es la lectura de La Historia, de Martín Caparrós. Una obra tan bella como extraña, muy recomendable. Compro y leo mucha antropología, me interesa mucho. Al fin y al cabo escribir es asomarse a la comprensión de lo humano, igual que la antropología. La novela que estoy escribiendo ahora juega con la biografía de un pintor, así que desde hace unos meses leo todo lo que cae en mis manos sobre pintura contemporánea.
 

Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta

Para mi vida necesito (aparte de a mi familia, claro) música, deporte y literatura. De modo que me llevaría una guitarra, una piragua y un libro.
 

Un cambio necesario en España

Introducir el concepto de esa palabra tan desconocida en nuestro país llamada meritocracia. Que el esfuerzo de una persona tenga mucho más peso en nuestra realidad. Lo de que somos un país de contactos ha pasado de ser un tópico más a una auténtica enfermedad. Repensar el sistema educativo. De principio a fin. Los continuos cambios son una vergüenza, la educación como juguete de los gobiernos nacionales y autonómicos. No sólo una vergüenza, una tremenda irresponsabilidad. Jugar con lo que llegan a saber o no las generaciones de escolares es un auténtico crimen.
 

“Creo que imprescindible introducir el concepto de esa palabra tan desconocida en nuestro país llamada meritocracia. Que el esfuerzo de una persona tenga mucho más peso en nuestra realidad.”

 

A quemarropa

Un defecto

Muchos.

Una virtud

La constancia.

Una ciudad

Granada para vivir, y Madrid para querer vivir.

Un vicio inconfesable

Es inconfesable.

Un libro

El libro de las ilusiones, de Paul Auster.

Una película

Jules y Jim, de Truffaut.

Una canción

Cualquiera de The Clash, pero si es solamente una nos quedamos con Lost in the supermarket. Su mensaje me acompañó mucha adolescencia.

Un cuadro

La obra de César Galicia. Soy un enamorado del hiperrealismo. Detesto el arte incomprensible, necesito referencias cuando miro, leo u oigo algo.

Un viaje

Antes me atraía visitar ciudades, y entonces me quedaría con Buenos Aires o Boston, ciudades tan distintas entre sí pero ambas dotadas de una magia singular. Sin embargo pasados los treinta solamente quiero ver campo cuando viajo, de modo que Pirineos sería un viaje al que siempre estaría dispuesto.

Un recuerdo

Las tardes de infancia vividas en la biblioteca del Paseo del Salón, en la Granada que sucede junto al Genil. Es una biblioteca pequeña, incomprensiblemente pequeña para una ciudad como Granada, pero de una atmósfera increíble. Todas las bibliotecas deberían estar junto a un río.

Un verano

Cualquier verano de mi infancia, en El Morche o en Gor. Fui un niño de veranos felices, y me considero muy afortunado por ello.

Un color

Azul, sin dudarlo. Por el mar.

Una máxima vital

Adelante, adelante, adelante. Mirar solamente hacia tu pasado te desgasta o acomoda.

Un sueño por cumplir

En lo profesional, seguir ganando lectores. Producir más y más textos. En lo personal la vida me ha tratado bien, así que mi único deseo es que nada cambie.

 

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