Ya hemos entrado en el periodo de Cuaresma antes de las elecciones del 28 de Abril. Un periodo que, según las tradiciones del Cristianismo, debe ser aprovechado para reflexionar, “limpiarnos” y purgar nuestros pecados antes de la llegada de Cristo. En el país todo apunta a que esas mañas quedaron atrás; que las modas, la modernidad y ese mal invento llamado futuro, que brilla cuando lo compras pero se convierte en una maldición al llegar a casa y convertirse en el verdadero dueño de la misma, y de nuestra vida, han dejado las jornadas de reflexión en el olvido.

«Verse en Moncloa tiene que estar bien. Que te digan que es tu lugar natural debe estar aún mejor. Lo normal es que los otros sean más exigentes que nosotros mismos»

Y es un buen momento para pararse a pensar ¿hacia dónde vamos?, ¿qué hay detrás de las apariencias de los políticos que vemos en televisión poniendo el grito en el cielo y, habitualmente, haciendo el ridículo con sus pirómanas declaraciones, cuyo único objetivo es -abramos los ojos- el poder? Verse en Moncloa tiene que estar bien. Que te digan que es tu lugar natural debe estar aún mejor. Lo normal es que los otros sean más exigentes que nosotros mismos.

A cuarenta días vista de las elecciones los votantes debemos reflexionar, pero más deben hacerlo los políticos. No puedo creerme que el país empiece a estar dirigido por una panda de teletubbies que solo piensan en sí mismos y en el poder. Ignacio Aguado veta acuerdos con Ángel Gabilondo en la Comunidad de Madrid: algo que ni siquiera el PP habría hecho aludiendo lo que él; Santiago Abascal lleva días fuera de los focos en no se qué preparación del samurai antes del combate final, Pablo Casado no consigue estar callado después de hacer el ridículo durante semanas en sus mítines por toda España, acaba de reapacer Pablo Iglesias después de su baja de paternidad y Monereo decía el otro día en El Independiente que va a volver convertido en el refundador del partido (y yo pienso, ¿de verdad tiene ganas Iglesias de volver al ruedo?). Con personajes de Cine de Barrio solo salen esperpentos que huelen a naftalina.

 «A cuarenta días vista de las elecciones los votantes debemos reflexionar, pero más deben hacerlo los políticos. No puedo creerme que el país empiece a estar dirigido por una panda de teletubbies que solo piensan en sí mismos y en el poder»

“Mataría a quien me pidiera un milagro”, decía el Milagrero Max de La Princesa Prometida, yo mataría a quien me lo ofreciera. Echar mucho de menos a Rajoy es muy mala señal. Después de la Cuaresma es el Domingo de Resurrección. Quien tenga fe en el país que tire la primera piedra.

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