Pues sí, técnicamente, Australia y Nueva Zelanda, como otros 14 países de las 53 naciones que componen la Commonwealth, siguen siendo, oficialmente, monarquías. Y su reina no es otra que Isabel II del Reino Unido.

Esto nos remonta al año 1931, en que se aprobó Estatuto de Westminster, por el cual se elevó a una serie de colonias, llamadas dominios, a un estatus de igualdad con la metrópoli colonial. En la práctica, esto reconocía su independencia, pero conservando estrechos lazos comerciales, de cooperación internacional, de defensa y constitucionales con Londres, entre otros la monarquía.

«Técnicamente Australia y Nueva Zelanda, como otros 14 países de las 53 naciones que componen la Commonwealth, siguen siendo, oficialmente monarquías»

Los dominios eran colonias que ya tenían altas cuotas de autogobierno y sus ciudadanos gozaban de la mayoría de derechos de que eran titulares los británicos. Oficialmente, dicho estatus se les había reconocido en la Declaración de Balfour (1926), aunque, en la práctica, ya venían disfrutando de ciertos privilegios, respecto a otras colonias. ¿Cuáles eran? Canadá, el Estado Libre de Irlanda, Terranova (luego anexada a Canadá), Unión Sudafricana, la Mancomunidad de Australia y el Dominio de Nueva Zelanda. Si os fijáis, la principal característica de los dominios –salvo Sudáfrica e Irlanda- es que la población colona había superado demográficamente a los nativos de manera abrumadora.

Posteriormente, la Declaración de Londres (1949) consumaría la disolución del Imperio Británico en favor de una serie de Estados independientes aliados en la Commonwealth of Nations o Mancomunidad de Naciones. Esta organización internacional tiene su sede en Londres y agrupa a la mayoría de Estados que integraron el Imperio Británico en el marco de una más o menos estrecha cooperación. La reina es, simbólicamente, la Cabeza de la Mancomunidad. Además, como hemos dicho, varios Estados la mantienen como Soberana.

 

¿Cuál es el marco constitucional de Nueva Zelanda y Australia?

Si os parece, vamos a hacer dos pinceladas de su gobierno y parlamento.

La Reina no actúa directamente fuera del Reino Unido. En las otras quince monarquías de la Commonwealth la representa un Gobernador General. Salvo en el caso de Papúa Nueva Guinea, donde es escogido por el Parlamento, en estos países, es el propio Gobierno el que propone a la Reina el nombre del Gobernador General, nombrándolo ella sin hacer objeciones.

«La Reina no actúa directamente fuera del Reino Unido. En las otras monarquías de la Commonwealth la representa un Gobernador General. donde es el propio Gobierno el que propone a la Reina el nombre del Gobernador General, nombrándolo ella sin hacer objeciones»

No existe una duración de mandato concreta, si bien, la convención, tanto en Australia como en Nueva Zelanda, es que sea por cincos años. No es inusual que un gobierno herede al Gobernador nombrado por otro partido. Aunque en teoría tienen todos los poderes de la Corona, que incluyen nombrar y cesar ministros, vetar leyes o convocar elecciones anticipadas, en general, imitando el estilo de Isabel II, los Gobernadores saben mantenerse siempre en un discreto segundo plano y evitan torpedear la acción del gobierno. La norma es la de cooperación y respeto al resultado electoral.

Como en el Reino Unido, no existe una investidura formal del Primer Ministro en el Parlamento, sino que el Gobernador lo nombra según valora el resultado de las elecciones. El resto de ministros, también son nombrados por él, pero a propuesta del Primer Ministro. De hecho, no os engañéis, en la práctica, más allá de todo el rol ceremonial del Gobernador, quien dirige el gobierno del país es el Primer Ministro.

Los Parlamentos de Australia y Nueva Zelanda son bastante diferentes. Desde 1951, el neozelandés es unicameral, de 120 asientos, elegidos por sufragio directo con un sistema electoral que propicia la solidez del bipartidismo entre Laboristas -actualmente en el poder- y conservadores. Su mandato es de tres años.

Australia por su parte tiene un parlamento con dos cámaras: the House of Representatives y el Senado. Ambas cámaras se eligen por sufragio directo, aunque el Senado se elige por Estados. Los 151 diputados de la primera tienen un mandato de tres años, mientras que los 72 senadores son elegidos por 6 años, renovándose por mitades cada tres. Aunque la Cámara de los Comunes disfruta de una notable preeminencia, el Senado australiano tiene poderes muy reales que le permiten, retrasar la aprobación de leyes, modificar la legislación en trámite e incluso bloquearla, en ciertos casos. La actual coalición de gobierno australiana la forman tres partidos de derechas. Los laboristas lideran la oposición. Por cierto Australia es de los pocos países del mundo donde votar es obligatorio, no hacerlo sin motivo puede implicar una multa de 170 libras australianas.

 

Una curiosidad: La Crisis Constitucional de Australia

En el año 1975, al frente del gobierno australiano, se encontraba el laborista G. Whitlam, en el poder desde hacía tres años. Su partido gozaba de una escueta mayoría en la cámara baja, pero no en el Senado, que controlaba la oposición. Esto permitía a los liberal-conservadores retrasar e incluso bloquear la agenda legislativa del gobierno.

El gabinete de Whitlam había heredado al Gobernador General, Kerr, propuesto por el anterior gobierno, de filiación liberal-conservadora. El Primer Ministro, después de que el Senado retrasara la aprobación de la Ley de Gasto, el presupuesto, anunció que pediría al Gobernador General que convocara elecciones anticipadas en el Senado.

Como habíamos dicho, los Gobernadores suelen obedecer al Primer Ministro, incluso aunque no compartan su línea político, por eso, lo que hizo Kerr fue sorprendente. No sólo no disolvió el Senado, sino que al amparo de sus poderes regios, destituyó a Whitlam y nombró Primer Ministro al líder del partido liberal-conservador, Fraser, y antes de que la Cámara de los Comunes pudiese censurar al nuevo gabinete, forzando así su dimisión, Kerr disolvió ambas cámaras. Fraser se mantendría en el poder hasta 1983.

Durante el momento crítico de la crisis, el presidente o speaker de la Cámara de los Representantes, el laborista G. Scholes, contactó con el Palacio de Buckingham, para pedirle a la Reina que desautorizara a Kerr, quien, después de todo, no dejaba de ser su representante personal en Australia y, con su conducta, devastaba la neutralidad que se supone debe caracterizar a la Jefatura de Estado en una monarquía constitucional. La Corona declinó toda intervención, lo que disparó el republicanismo en Australia durante las siguientes décadas.

«En 1999 los australianos votaron en referéndum abolir la monarquía. El «no» prevaleció, así que Isabel II sigue siendo su Jefa de Estado, si bien la división de los republicanos fue causante directa del resultado»

En 1999 los australianos votaron en referéndum abolir la monarquía. El «no» prevaleció, así que Isabel II sigue siendo su Jefa de Estado, si bien, no es inequívoco señalar que la división de los republicanos, entre quienes querían una república parlamentaria y los partidarios de un modelo presidencialista, fue causante directa del resultado.

En la actualidad, también en Nueva Zelanda ha aumentado el republicanismo, pero no parece tener prisa por cambiar la constitución.

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