Ahora descubría que conservaba una imagen juvenil de ella: desde el pasado la saludaba una mujer alegre , valiente, discreta, algo asustadiza, entrañablemente atolondrada, que compensaba con creces su divertido desorden con la frescura de su personalidad y la misteriosa cualidad de saber convertir una casa en un hogar.”

“La balada de Iza”, de Magda Szabó

 

Este fue el texto elegido por mi hija para desearme un feliz día de la madre en su red social preferida, instagram. Yo soy madre y soy hija. Uso redes sociales, tres de ellas. Mi madre también, una. Ella usa facebook. Pese a eso le felicité en facebook, twitter e instagram con una foto suya y un breve relato propio, escrito para la ocasión. Sabía que no iba a ver dos de las felicitaciones y me daba igual. En realidad no necesito redes para felicitar a mi madre, muestra de ello es el tremendo capazo (en Aragón un capazo es una conversación que se eterniza hasta límites insospechados) que nos cogimos por teléfono a las nueve de la noche. Entonces, ¿por qué lo haces?

Esta pregunta queda en el aire cada día de la madre con cierto toque irónico impuesto por quien la lanza. «No os olvidéis de felicitar en Facebook a vuestras madres que no lo van a leer». Aquí soy contundente, y así contesté a mi amigo y escritor Jesús Feliciano Castro, uno de los que no acaban de entender ciertas posturas. ¿Y por qué no?, suele ser mi respuesta en estos casos. Pero como me encantan los debates creados con Jesús, esta vez ahondé.

Felicitar a mi madre en una red a la que no tiene acceso no tendría sentido a no ser que mi intención no sea la de felicitar a mi madre. Y, en este caso, no lo era. Lo que mi texto escondía era dar a conocer al mundo lo que una madre, una mujer, es capaz de hacer por sus hijos.  Es dar visibilidad a un colectivo que anda en boca de todos. Tú eres buena o mala madre. Y eres buena para algunos y mala para otros, eso ya depende de la visión de la vida que le muestre su caleidoscopio personal.

Yo le doy las gracias a mi madre por hacer las cosas a su manera. Como ella entendió que debía hacerlo. Como ella intuyó que era lo mejor para nosotros. Y lo hago en redes que ella no usa para hacerlo extensibles a todas y cada una de las madres del mundo. A las que concilian vida laboral y personal, a las que dejan sus trabajos para cuidar de sus hijos, a las severas, a las consentidoras, a las defensoras de sus angelitos, a las que se sientan a jugar, a las que se sientan a hacer deberes, a las que delegan… Todas y cada una de esas madres entienden la maternidad de una forma diferente y todas y cada una de ellas llevan razón. Son nuestros hijos y luchamos por ellos como buenamente podemos. Somos mujeres y madres en una sociedad que tiene una extraña tendencia a ponernos las cosas difíciles. Por eso hay que llenar las redes de falsos ramos de rosas y cursis carteles de “Feliz día de la Madre” cada primer domingo de mayo. Para gritarle al mundo que detrás de cada madre hay una mujer dispuesta a darlo todo por sus hijos.

Y yo, para darle la visibilidad que Mam se merece, comparto aquí el texto que ruló por las redes. Porque madre no hay más que una, y he tenido la inmensa suerte de que me ha tocado a mí.

 

Ella sabía que yo era “talabarte” y pese a eso siempre creyó en mí.

“Soy esa persona en la que pocos creyeron. Los profesores, estoy segura, pensaban que a los 16 iba a abandonar todo. Pero ella no lo consintió. Cogió mi edad del pavo por los cuernos y me convenció de que podía hacerlo, al igual que mis hermanas. Y apostó por mí y me mandó a Madrid a una carrera que parecía 3 tallas grandes. Y lo hice. A la primera. Sin perder un solo curso. Y entonces me regaló una pluma Montblanc que no podía permitirse. Porque era mi sueño. Y un día la pluma se rompió. Cayó al suelo mientras la limpiaba, 20 años después. Y yo lloré y lloré y lloré. Y pensaba “solo es una pluma” y no podía parar de llorar. Y me faltó el aire y supe cuánto la quería. A mi Mam no a la pluma. A ella que creyó en mí. A ella que a mis casi cincuenta me dice que está orgullosa y que me quiere mucho y que le alegro la vida con mi tontuna. Ay, Mam. Pero qué bonita eres. #diadelamadre”

A Inés Tremosa, que hizo de mí quien hoy soy.

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