Hay dos Islandia(s) posibles según la estación del año en que viajes a una de las islas más bellas del Universo: la stracciatella del invierno o la peppermint del verano. 

Islandia

Nota mental: perdona que tiremos de panorámica pero es que este país es tan bello e inabarcable que era la única manera de intentar transmitir a grandes rasgos su espectacularidad.

Lo importante es que, si quieres disfrutar de ese blanco nuclear con tropezones de roca volcánica de Islandia antes de que la nieve se funda y quede todo verde y marrón, aproveches para reservar ya, que empezará a nevar este otoño, hasta el mes de abril o mayo.

Teniendo en cuenta que lo primero que se hiela es el norte, según informa el organismo oficial de turismo de Visit Iceland, nuestra propuesta es empezar por el oeste, seguir hacia el norte, bajar hacia el este y acabar en el archiconocido Círculo Dorado, que dejamos para una segunda parte de este artículo. 

Islandia

Cuando Islandia está helada, es inconmensurable la magnitud visual de conducir por sus iridiscentes paisajes nevados como si levitaras por las nubes. Los colores del cielo refulgen sobre la nieve en gamas que van más allá del arcoíris.

Hasta el punto de que parecen auroras boreales diurnas bailando sobre las esplanadas blancas resquebrajadas por ríos serpenteantes, cuajadas por lagos que hacen espejo, manchadas por playas de arena volcánica colindantes a acantilados nevados, regadas por cascadas semipetrificadas y acuchilladas por estalactitas que resbalan desde las laderas abruptas de las montañas.

El Oeste, lo más desconocido

Todo esto es lo que se sucede ante tus ojos yendo desde la granja Lambalækur (situada cerca del pueblo de Borgarnes, pero en medio de la nívea estepa, para que puedas contemplar Northern lights) hasta la península occidental de Snæfells.

Alrededor del volcán Snæfellsbær, donde Julio Verne situó el centro de la Tierra, el océano baña los acantilados de Hellnar, las Islas de Hierro y la montaña Kirkjufell o Punta de Flecha, que no es una localización de Juego de Tronos por casualidad. 

Islandia

Tras cinco horas de conducción con la boca abierta y las manos aferradas al volante del imprescindible 4×4 para controlar que no patine, dejando atrás pueblos de pescadores y casas de verano bloqueadas por la nieve a la altura de las ventanas y las puertas, se arriba al impresionante Norte islandés. 

Bienvenidos al norte

Para olvidarse de la tensión acumulada, nada como un baño relajante en una barrica de cerveza, con el grifo para beber al lado, en el Bjórböðin – Beerspa & Restaurant, seguido de un masajito en los pies con las luces tenues y la música acunándote.

De ahí al pueblecito de Akureyri, solo se puede subir más el nivel en Lamb Inn, una guesthouse familiar con amplias habitaciones y una especialidad gastronómica que le confiere todo el sabor ahumado al típico cordero islandés con una receta de las madres islandesas de hace 300 años.

Islandia
Cordero típico acompañado por crema de leche, patatas asadas y col roja, más sopa de frutos rojos calentita con helado.

Para desayunar, paté de cordero también, a untar, junto con quesos y mermeladas caseras, en los deliciosos panes que hacen en este país.

¡Una de cascadas!

Dentro de las grandes maravillas septentrionales de Islandia, destaca la Godafoss Waterfall, también llamada la Cascada de los Dioses.

Hasta que no llegas arriba del todo no aclaras el misterio de cuál es su fuente de abastecimiento para que el agua caiga a raudales: ni más ni menos que el río Skjalfandafljot. 

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Por la misma carretera se llega a Húsavik, el pueblo más cercano al Círculo Polar, donde se puede reservar el avistamiento de ballenas por la bahía de Skjálfandaflói (aunque no las sirven en sus restaurantes (si tú la encuentras, disfrútala, porque está buenísima). 

Ahora bien, nada tan espectacular como el lago volcánico Lake Mytvan y su magnífico entorno geotermal formado por el cráter Viti y las apestosas fumarolas de Hverir entre lodos y geiseres, un paisaje de otro planeta.

Así como las sinuosas cuevas de Grjotagja Cave, las aguas cristalizadas que se van descongelando y quedan turquesas, los árboles crionizados cuyas ramas brillan como estrellas plateadas, dándole el toque diamantino al decorado… 

Todo precioso, pero incomparable con el placer de sumergirse en los baños termales de Myvatn Nature Baths con un vino mientras el sol se difumina entre los vapores geotérmicos.

De cena en desayuno

Gloria bendita que solo puede tener como colofón del día una bacanal en la granja Vogafjós Farm Resort, donde comes al lado de sus vacas la propia leche que emplean para los helados de licor de la hierba angelica ¡y de pan de volcán!

Con el cual untas un entrante de cordero, trucha y salmón ahumados del Ártico, con su rica salsa tártara, mantequilla y mermelada de arándanos. Los platos principales de jarrete de cordero y de salvelino del lago Mytvan también van al pelo con cervezas artesanales patrias.

Islandia

Por si te quedas con hambre, alucinarás con el desayuno de la Skútustaðir Farm House, viendo el amanecer de fondo, con su buffet con más trucha, arenques, quesos, mermeladas caseras de pimientos y páprika, naranja y limón y ruibarbo alegrando sus panes ineludibles, el skyr de vainilla casero… 

Del Norte hacia el Este

Al día siguiente, sigues conduciendo, literal y metafóricamente, por las nubes de ese paisaje nororiental que es como un desierto de nieve que cubre rocas volcánicas, volcanes, colinas y dunas a -15ºC. hasta llegar al lago de agua glaciar de Lagarfljót, donde supuestamente habita un monstruo como el del lago Ness, está parcialmente congelado.

Y justo por una de sus brillantes laderas has de seguir las huellas de otros escaladores hasta las lindas cascadas de Litlanesfoss y Hengifoss.

Después de la foto, date la vuelta para contemplar la inmensidad y el bosque de Hallormsstaður, que están replantando porque se lo cargaron antaño los vikingos y ya se pueden hacer hasta tours en quad.

Ni una jornada sin su baño termal

No todas las zonas geotérmicas son iguales, no. Los Vök Baths tienen la peculiaridad de que su agua es absolutamente natural, no lleva ningún añadido artificial, y gozan de unas vistas estupendas desde sus piscinas flotantes sobre el lago Urriðavatn, en el que da gusto meter las manos y los pies para contrastar las altas temperaturas.

Y, tanto el exterior como el diseño interior, tienen un estilo de lo más elegante que atrae a un público ad hoc, apenas hay turistas, la mayoría son socios locales.

No en vano, la idea es fomentar la colaboración en comunidad, por eso sirven productos autóctonos como salmón, cordero curado, cervezas artesanales y wasabi islandés, auténtico y saludable.

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Así lo puedes comprobar en sus viernes de sushi o, si no, en el menú sushi del Gistihúsið Lake Hotel Egilsstadir, en cuyo restaurante la gastronomía islandesa muestra su faceta más creativa en sus croquetas de abadejo, el boniato con curry rojo, el pez lobo del ártico y el solomillo de ternera con queso azul.

El desayuno, con esa panorámica, sensacional, y si te sale una aurora, ya puedes morir en paz en Islandia.

De Austurland hacia el sur de Islandia

Merece la pena desviarse hasta la pintoresca villa de Seydisfjordur, con sus encantadoras casas de madera en torno al laguito, su iglesia icónica por su camino de arcoiris que representa al movimiento LGTBI…

Islandia

Pero prepárate, porque el paisaje de Islandia te va a dejar temblando de emoción al recorrer fiordo tras fiordo: cada curva te abre el cielo ante una nueva sorpresa, hasta que llegas a ver el atardecer reflejando su paleta de colores sobre la playa colindante a la mágica Vestrahorn Mountain. 

El día se remata en Höfn, conocida como la ciudad del langostino (más bien cigalas), en el tradicional restaurante Pakkhus.

Donde el joven chef Halldor Halldorsson aporta su fresca creatividad con sus exquisitas e intensas recetas de mariscos y pescados como el bacalao o la trucha ártica (artic char)- recién capturados en los barcos anclados delante en pleno puerto.

Los postres caseros Volcán de skyr, Perfait y Creme Boulé son para rebañar. Y hay que probar las cervezas artesanales locales de chili y de agua del glaciar Vatna Jökull, el más grande de Islandia.

Un paisaje de diamantes

A los pies de una de sus múltiples lenguas, la del glaciar Hoffells, y rindiéndole homenaje con un museo y varios vídeos ilustrativos, se sitúa la Glacierworld Hoffell Guesthouse con sus cinco jacuzzis geortérmicos.

Y regresando a la carretera principal, irás viendo cómo se derrama hacia la costa el segundo glaciar más grande del mundo hasta la anhelada Diamond Beach.

Islandia

Los diamantes son los hijitos del gigantesco glaciar Skaftafell, cuyos bloques van cayendo al lago Jökulsárlón y este los va arrastrando hasta el océano, quedando esparcidos por la arena negra volcánica.

El contraste es uno de esos milagros que solo la naturaleza puede regalarnos en esta Islandia que parece otro planeta.

Si no te puedes ir tan lejos, siempre puedes descubrir el precioso Matarraña en Teruel.

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