En la primera parte de este reportaje, te descubríamos la Islandia menos turística, pero como el sur no deja de ser maravilloso por el hecho de ser más conocido, te recomendamos también esta ruta.

En el Círculo Dorado la naturaleza volcánica de Islandia ha obrado milagros como las formaciones de la Black Beach, la fascinante y peligrosa playa de Reynisfjara. Atención a las olas gigantes que ya han estampado a más de uno contra las columnas de basalto y sus cuevas.

Círculo Dorado

Esa es una de las perspectivas para ver los tres rocas de Skessudrangar, Landdrangar y Langhamrar, que, según la mística ancestral, eran tres trolls que intentaban arrimar un barco a la costa con nocturnidad y alevosía y, al salir el sol, les dejó ahí, literalmente, de piedra. 

La otra perspectiva de los trolls es desde el escultural acantilado Dyrhólaey y la playa de Vik, epicentro del Geoparque Mundial de Katla, el volcán cubierto por el glaciar Myrdalsjokull que ha inspirado a una atrevida pareja para emular una erupción real en el Islandic Lava Show.

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Garantizan total seguridad dentro de un escenario controlado y con una especie de horno que recicla la lava y la escupe a 1.097ºC sobre arena basáltica, de manera que todos podamos experimentar el simulacro sin riesgo de morir bajo sus estragos.

Y, además, aprendiendo cómo se formaron los paisajes de esta isla tan distinta a todas las demás por sus formaciones geológicas. 

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Las cervezas artesanales del Katla

No son los únicos emprendedores del pueblo, pues los cuatro socios de la cervecería artesanal Smiðjan Brugghús están poniendo toda su pasión en llenar sus pizarras con sus propias cervezas de barril, tienen más de diez, además de una sidra, ideales para maridar sus jugosísimas hamburguesas, las costillas BBQ y sus adictivas chips. 

De ahí a descansar a la Solheimahjaleiga Guesthouse, con sus amplios espacios comunes y su buffet en un encantador velador tipo invernadero, para emprender con energía el trayecto por el transitadísimo sur para ver las cascadas de Skógafoss y de Seljalandsfoss, grandes hitos del Círculo Dorado.

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Así como las de Dettifoss y Selfoss, que están por el área de la Farmers Bistro, la mayor empresa ecológica de setas y de vegetales en general de Islandia. Un ejemplo de la inteligencia patria para aprovechar la energía geotérmica y todos los recursos naturales, incluidos los descartes y los restos orgánicos de forma que no quede nada sin reutilizar.

Impresionantes sus recetas con champiñones y setas portobello, con sus propias verduras bio, el cocktail sin alcohol de zanahoria… por no hablar del wrap de cordero y la hamburguesa vegana, donde el portobello hace las veces de pan y el pan sirve de conglomerado para el relleno. Los postres de helado de champiñones, mermelada de zanahoria en jugo de naranja, etc. son pecado capital.

De cráteres, cañones y géiseres del Círculo Dorado

El cráter del Kerio es de los pocos que vas a poder avistar en Islandia, con su fondo inundado y todo su colorido, sin necesidad de escalar, y está de camino hacia el inmenso lago Thingvallavaten, que da entrada al Parque Nacional Thingvellir, donde se te va a dividir el alma en dos al observar el gran cañón que formaron las placas tectónicas europea y americana al separarse.

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Pero si la inmensa belleza aún no te ha abrumado del todo, todavía en el Círculo Dorado te quedan los géiseres de Geysir, que siguen escupiendo agua y vapores al viento cada pocos minutos, conformando un paisaje de lo más brumoso. 

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Como el Laugarvatn Fontana: Iceland Spa, Geothermal Baths & Steam Saunas, donde la actividad geotérmica de sus hot springs naturales permite virguerías como cocer pan durante 24 horas en un agujero borboteante.

Cuando sacan de la olla ese ‘hverabraud’, la mantequilla se funde inmediatamente sobre la rebanada y ya solo tienes que añadirle la loncha de trucha del propio lago Laugarvatn, en el que, por la parte congelada, suele haber gente patinando.

En la parte más cálida es donde se reparten las piscinas de aguas termales a diferentes temperaturas, un gustazo de spa con la afluencia justa.

Muy próximo, el Hotel-Restaurante Geysir es un elegante ejemplo del diseño islandés y del arte de sus chefs, pues bordan las generosas recetas de bacalao con cigalas, la crema de langosta, la trucha de mar y el salmón con tubérculos autóctonos, así como las de Black Angus y carpaccio de ternera tampoco desmerecen su elección.

Parada obligatoria en Reikiavik

La opción de alojamiento campestre es Sel Grímsnesi, una cálida guesthouse situada en Selfoss, gran lugar sin contaminación lumínica para ver auroras antes de salir hacia Reikiavik, la capital de Islandia.

Por donde hay que pasear para ver sus casitas de colores y probar rarezas como el reno, la ballena, el frailecillo o el tiburón fermentado, que, honestamente, huele como esnifar amoníaco y sabe como lamer tinte para el pelo. 

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Esa curiosidad culinaria destinada a los turistas la hallarás en el Café Loki, donde cocinan comida tradicional de las que hacían las madres, tipo arenque, pescado deshidratado, pescados y cordero ahumados, puré de bacalao, pastel de trucha…

Todo ello con esos exquisitos panes que meten hasta en helado de centeno. Desde su interior se admira a la iglesia de Reykjavík, la Hallgrímskirkja Church. 

Otra cita ineludible para los turistas del sur son los famosos baños de Blue Lagoon, una laguna donde bañarse a 38ºC con las colinas nevadas de fondo mientras el viento te seca la mascarilla de silica de tal modo que vuelves a casa con el rostro de un bebé y la sensación de tener que replantearte tu concepto de magnificente belleza.

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