Corría el año 1764 cuando cuando un comerciante alemán envió 225 cuadros de pintura flamenca a Catalina la Grande en pago de unas antiguas deudas, obras que pasarían a decorar su residencia oficial, el Palacio de Invierno de San Petersburgo. Este envío despertó el apetito coleccionista de la Emperatriz, que comenzó a comprar todas las obras de arte de calidad que salían a subasta en las diferentes capitales europeas. Acababa de nacer lo que más tarde se conocería como Museo del Hermitage.

“Corría el año 1764 cuando cuando un comerciante alemán envió 225 cuadros de pintura flamenca a Catalina la Grande en pago de unas antiguas deudas. Había nacido el Museo del Hermitage”

24 kilómetros de recorrido jalonados con tres millones de obras de arte; se dice que si pasaras dos minutos admirando cada pieza expuesta e invirtieras 8 horas diarias en el Museo, necesitarías más de 20 años para ver la colección completa. Porque el Hermitage está considerada como uno de los grandes museos del mundo, albergando una gran colección de antigüedades romanas y greigas, esculturas de la Europa Occidental, arte oriental, piezas arqueológicas, joyas o armas, pero sobre todo una increíble colección de pintura que le hacen ser una de las mejores pinacotecas del mundo.

Los seis edificios del complejo ubicados en la orilla del histórico Rio Neva son un museo en sí mismos. Así el edificio principal, el denominado Palacio de Invierno, fue durante más de dos siglos la residencia principal de los zares. Construido en el siglo XVIII para la hija de Pedro el Grande, es un ejemplo del conocido como Barroco Ruso, aunque pero tras un pavoroso incendio producido a mediados del siglo XIX las estancias interiores fueron totalmente reconstruidas. La sala más conocida es la denominada “Sala Malaquita” de una belleza y opulencia difícil de igualar. Hasta mediados del XIX el Hermitage solo podía ser visitado con una autorización expresa de las autoridades rusas, y por ejemplo el Zar Nicolás I era muy aficionado a visitar el palacio a solas, llegando incluso a prohibir a sus sirvientes que le acompañaran. En 1852 el museo se abriría al público.

“Hasta mediados del XIX el Hermitage solo podía ser visitado con una autorización expresa de las autoridades rusas. En 1852 el museo se abriría al público”

Se puede decir que el mítico museo de San Petersburgo es uno de los símbolos de la “Madre Rusia”, siendo indispensable su visita para conocer el espíritu del país. Así el museo alberga más de 300.000 piezas rusas, algunas como más de diez siglos de antigüedad. Desde trajes hasta muebles, desde cuadros hasta armaduras, el Hermitage muestra lo mejor de la cultura rusa, destacando una colección numismática que está considerada la más completa del mundo. Porque pese a que el Hermitage alberga obras de todas las nacionalidades, el espíritu ruso está impregnado por todas sus salas. Y si hay algo que gusta a los rusos y su cultura son las leyendas, por lo que el Hermitage no podía ser ajeno.  Por ejemplo, cuentan que una figura de cera que representa a Pedro el Grande cobra vida una vez que el museo es cerrado al público, llegando incluso a comentarse que si te la encuentras te saludará gallardamente con una reverencia. Tampoco la maravillosa escultura de la diosa Sejmet de la cual una vez al año, y coincidiendo con una luna llena, brota un charco de sangre que se seca antes de que llegue el primer visitante.

Pero si famosas son sus leyendas, no menos conocidos con los gatos que “protegen” el museo. Dicen que fue Isabel I, emperatriz de Rusia quien en el Siglo XVIII introdujo los primeros gatos para limpiar de roedores las dependencias. Desde ese momento se han vuelto una parte importante del museo, teniendo 3 encargados específicamente dedicados al cuidado de los felinos, los cuales disponen de su propio servicio veterinario cada gato tiene su identificación y alojamiento. Y es que al cuidado de los gatos están las más de 2 millones de obras arte no expuestas que se mantienen ocultas en los sótanos del Hermitage. Cuando hay crías y superan la cantidad de 50 animales se dan en adopción, situación muy valorada por los ciudadanos, pues es un gran lujo tener en sus viviendas un gato procedente del Museo del Hermitage.

“Al cuidado de los gatos están las más de 2 millones de obras arte no expuestas que se mantienen ocultas en los sótanos del Hermitage”

Y si se quiere “sentir” de verdad este museo, una opción realmente interesante es alojarse en el Hotel Oficial del Museo Estatal del Hermitage ubicado en el barrio de Dostoyevsky, cerca de la catedral Vladimirskaya, el museo de la Casa de Dostoievski, y por supuesto del museo del Hermitage. El edificio que originalmente fue creado como residencia de una rica familia de comerciantes más tarde se convirtió en un centro cultural, del que conserva su maravillosa fachada original. Por todo el hotel se puede ver una gran colección de lienzos, esculturas de bronce, porcelana, incluyendo réplicas de las obras de arte de la colección del Hermitage.

Y es que el Hermitage es, como señala la historiadora rusa Olga Ulianova, “parte esencial de nuestra historia y es un símbolo nacional de Rusia”. Pero se podría añadir que no solo de Rusia, sino de toda la cultura de Europa Occidental. Porque el Hermitage es más que un Museo.

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