Minsk es la capital de Bielorrusia. Es un lugar precioso si te gusta la arquitectura monumental (a veces, muy sospechosamente inspirada en Star Wars o cualquier peli del espacio), las grandes distancias (viven 9 millones de personas, pero para pedir sal al vecino igual tienes que hacer noche a mitad de camino) y, sobre todo, si te gusta el frío. Mi última visita fue, en palabras de uno de la tierra “en época de buen tiempo”. Y la nieve me rosaba los huevecillos.

Minsk es una ciudad preciosa. Con una cultura muy interesante, una gastronomía curiosa,… Y donde puedes morir de la manera más ridícula posible. Así que os dejo unos consejos para evitar que tu viaje a Minsk sea el último:

No vayas con un minskense en el coche: conducen como locos, van hablando (más bien gritando) por teléfono todo el rato. Utilizan Whatsapp, line, VIBE (sí, aún existe y ellos lo usan),… todo a la vez. Teniendo en cuenta que las carreteras están HELADAS y que TODOS van así, el porcentaje de accidentes es igual de un 96%. Diario.

Vístete como si fueras un extra de “El día de mañana” (la película, la de Jake Gyllenhall siendo imbécil y tomando decisiones estúpidas; esa no, la que aún no estaba bueno. Eeeeesa). Estando yo aquí hacía “bueno”. No subimos de -1°C. No me quiero imaginar el “malo”. Creo que los palentinos se pondrían hasta gorrico. Conozco a uno que igual se pone sudadera. Con capucha.

Cuando camines, solo camina. La nieve virgen mola un montón -me he puesto a saltar sobre ella y hasta he hecho angelitos de nieve- pero, de repente, PLACA DE HIELO SORPRESA. En serio, no me he partido la crisma doce veces porque no tenía datos en el teléfono. Incluso con el 150% de tu atención, caminar es peligroso. Mucho. Casi más que conducir.

Cuidado con la comida: aquí la base de la alimentación es patata y la otra base, cerdo. Hacer dieta es imposible. He notado mi colesterol subir mientras cenaba. Y pedí algo ligerito. Una sopita. Que llegó con dos costillas de cerdo dentro y media patata al horno con aceite y ajo.

Llévate fotos. Llévate fotos porque te lo piden para todo. Para entrar. Para el hotel (o el apartamento en el que me hospedaron a mí, que os recomiendo ver aparte). Para comprar tabaco. Para pedir un café en un Starbucks. No selfies, no. Fotos de papel. De fotomatón. Y no querrás que toda Bielorrusia te vea después de 7 horas de viaje en una Foto de fotomatón de feria de pueblo. Estoy convencido (esto no me ha dado tiempo a investigarlo) de que hay un programa en la TV pública en la que ponen fotos de los turistas que vienen. La de mi MECÁNICO es épica. No, no me permite ponerla. Bajo pena de asesinato. Sí, así de bonita es.

Estoy oyendo “Samba di Janeiro” en la radio. Como novedad del país. Así que de música chunga también te puede dar algo. He desayunado con Eminem. La que cantaba con Dido. Ese es el nivel. Este año se lleva “La Tortura” de Shakira y Alejandro Sanz. Claro, porque ellos no entienden lo que dice la letra y no sufren. Pero os estáis haciendo una idea, ¿no? Bielorrusia, El paraíso de Fernandisco.

Pide fotos del apartamento que alquiles antes. En Bielorrusia los hoteles son carísimos (si los compras desde fuera) pero un apartamento puede salirte por unos 200€ toda la semana. Pero CLARO, pueden darte un apartamento como el que recibí yo, en el que el estilo decorativo era “que todo brille. Sí, las paredes también. Y las cortinas. Y el suelo”. Purpurina style. RuPaul Drag Race tiene menos brilli brilli.

Prepárate para vivir LA NIEBLA: La niebla va aparte. Es que vas por la calle y lo único que puedes cruzarte es un caminante blanco o lo que sea que sale en Silent Hill, que debieron diseñar el juego aquí. Únele a la niebla la nieve, las placas de hielo sorpresa y que aquí los Miskenses conducen con el móvil en la mano todo el rato -el otro día el que me llevaba iba vendiendo cosas por Wallapop mientras conducía- y se te pone el culo como lo que llevaba Frodo al cuello.

Ojo con el “pickle fish”. Pescado en la salmuera de los pepinillos como los hacen los británicos. Nada más que añadir, señoría.

No silbes delante de señoras mayores. NO LO HAGAS. Al parecer, trae mala suerte hacerlo en sitios cerrados. O trabajando, o trabajando en sitios cerrados. Aquí Blancanieves (la de Disney) es una maldita hija de puta que enseña mierdas a los niños. Os advierto: una mirada de odio de una bielorrusa enfadada acojona. Acojona MUCHO. Al borde de la muerte he estado. Dos veces. Al día. Por la bielorrusa que me mira mal. La bielobruja, la llamo yo. En definitiva, que casi todas las cosas que hace uno normalmente son malas en Bielorrusia o te pueden marcar. Así que lo más probable es que este texto que escribo sea póstumo y el último que leáis mío. Supongo que habrá sido la bielobruja.

Vengad mi muerte a lo Iñigo Montoya (“Hola, me llamo [inserte nombre], tú mataste a mi Flanny. Prepárate a morir” y todo ese rollo tan molón). Y, por lo que más queráis, si hacen una película sobre mí, no dejéis que el protagonista sea Pepón Nieto

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