Una de las características del Siglo XXI es la sobreinformación. De cualquier hecho, motivo o lugar tenemos un bombardeo de datos e imágenes de tal magnitud que hace que la posibilidad de sorpresa haya sido reducida a la mínima expresión. Esta circunstancia, para bien o para mal, ha modificado nuestra concepción de la vida, y por supuesto, de nuestros viajes. Y es que en la actualidad uno de los mayores peligros del turismo es “la repetición”, el “esto ya lo he visto”, lo que se podría denominar como “hastío digital”. Así playas paradisíacas o montañas maravillosas pueden llegar a producir una absurda sensación de monotonía en el visitante. Y si a este conocimiento de lo teóricamente desconocido le sumamos la masificación de los destinos turísticos más habituales y reconocibles, hace que el viajero cada vez busque con más ahínco otro tipo de itinerario, donde la autenticidad se acompañe con una cierta sorpresa. Y si buscamos paisajes desconocidos y vivencias diferentes, Rusia es sin duda uno de los destinos más adecuados. Porque al margen de maravillas como el inimitable museo Hermitage en San Petersburgo, la maravillosa plaza Roja de Moscú o el siempre evocador Tren Transiberiano, también hay una Rusia ancestral más desconocida para el turista occidental, donde poder conocer más profundamente la cultura rusa como puede ser la maravillosa isla de Kizhi, situada en la República Rusa de Carelia, en el lago Onega. Este lago, el segundo más grande de Europa, se le considera uno de los más bellos de toda Rusia, y alberga más de 5.000 islas, desembocando en él cerca de 60 ríos.

“La isla de Kizhi es un espectáculo único: antiguos molinos, capillas y auténticas casas de campesinos que se armonizan perfectamente con el paisaje circundante”

La isla de Kizhi es un espectáculo único: antiguos molinos, capillas y auténticas casas de campesinos que se armonizan perfectamente con el paisaje circundante, jalonan esta isla de poco más de seis kilómetros de largo por uno de ancho. Situadas en la parte sur de la isla, en el siglo XVI había allí 16 localidades, aunque en la actualidad solo quedan dos de ellas habitadas, teniendo fama la población local de ser muy abierta y amistosa con los viajeros. La climatología de la isla influyó de una manera fundamental tanto en el estilo de la arquitectura local, como en los objetos de uso común. Un ejemplo: la canoa “kizhanka” que se usaba para el transporte de trigo y ganado al continente”, es típica de la isla y con una longitud de unos seis metros de longitud presenta una proa y popa agudas, que le permitía navegar fácilmente por el río aún en medio de la tempestad. Los hombres carelios solían afirmar que el derecho de remar en tal canoa pertenecía a la mujer, mientras que los hombres indicaban la ruta elegida.

“Pero fundamentalmente esta Isla se caracteriza por poseer uno de los complejos arquitectónicos más asombrosos del mundo, el denominado Pogost”

Pero fundamentalmente esta Isla se caracteriza por poseer uno de los complejos arquitectónicos más asombrosos del mundo, el denominado Pogost, (“recinto” en idioma eslavo). Se cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial, un piloto finlandés desobedeció la orden de bombardear la isla de Kizhi al quedar impresionado por la belleza e inusual arquitectura de las iglesias de madera y fue incapaz de llevar a cabo su misión. 

Construido exclusivamente en madera, este conjunto arquitectónico esta situado en un antiguo cementerio ortodoxo y presenta dos sorprendentes iglesias datadas en el Siglo XVII y un campanario octogonal de mediados del XIX. De los dos lugares de culto, el más grande es la que se conoce como Iglesia de la Transfiguración, una construcción muy adelantada a su época, y que cuenta la leyenda que fue construida por el maestro carpintero Néstor utilizando una sola hacha, herramienta que luego lanzó simbólicamente al lago Onega mientras pronunciaba las palabras “No la hubo, y no habrá otra iglesia como esta”. Con más de 37 metros de altura y 22 cúpulas, toda su estructura se sostiene sin haber usado un solo clavo, y se considera el edificio de madera más alto del mundo. Sin duda, un edificio realmente singular, dónde las láminas de álamo temblón que cubren las cúpulas brillan bajo el sol, adquiriendo una tonalidad verde cuando llueve. Más pequeña, pero no por eso menos llamativa es la otra Iglesia del reciento, conocida como del Manto de la Virgen. Esta Iglesia se usaba fundamentalmente en invierno, dado que al ser de un tamaño más reducido mantenía mejor el calor (en invierno se alcanzan los -40º), y actualmente se sigue usando con fines religiosos. En línea de la tradición rusa, la suma total de las cúpulas de ambas Iglesias; 33, que simboliza la edad de Cristo.

“No lejos de este impresionante conjunto arquitectónico, que bien valdría la visita, también se encuentra la Iglesia de San Lázaro”

No lejos de este impresionante conjunto arquitectónico, que bien valdría la visita, también se encuentra la Iglesia de San Lázaro. Se trata del templo de madera más antiguo de toda Rusia, que fue erigido en el cercano Monasterio de Múromsky y trasladado durante la época soviética a la isla de Kizhi para convertir la ínsula en un museo al aire libre.

Debido a su singularidad, importancia histórica y valor artístico, Kizhi Pogost fue declarado Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO en 1990. Sin duda una visita imprescindible en donde en un entorno único uno puede sumergirse en lo más profundo de la tradición rústica del país a través de sus edificios.

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