Decía Borges que cuando uno extraña un lugar, lo que realmente echa de menos es la época que corresponde a ese lugar, porque no se añoran los sitios, sino los tiempos. Pues con el deporte y el turf en particular, yo creo que sensación de Paraíso Perdido se acentúa. No todo era mejor, sino que todo es más lejano. Y con los jinetes a mi me da esa sensación, que el turf español en ese aspecto está atravesando una autentica edad de oro, mostrando un nivel muy por encima de lo que correspondería a un turf empequeñecido y con cada vez menos lustre como es el español. Porque yo creo que nuestros jinetes en la última década han sabido evolucionar y dar un salto de calidad bastante notable. Lo sé, no es una opinión mayoritaria entre los que hemos vivido varias décadas de turf (obviemos la moda de opinar sobre lo que no se ha visto ni se conoce, nueva tendencia en determinados y selectos ambientes), pero Serrat y su modo de bajar la escalera siempre no acompañará. Particularicemos en 4 nombres en activo, pero sin duda que podrían ser más.

Ricardo Sousa, el Hombre Tour. “No llaneo bien, las cuestas se me atragantan y mis prestaciones en las contrareloj son manifiestamente mejorables. Soy un verdadero Hombre Tour.” Quién así se expresaba era el irónico y magnífico Giuseppe Saroni, famoso ciclista italiano. Pues si Sousa fuera ciclista sin duda sería candidato a la victoria de la ronda francesa. Inteligente leyendo el recorrido, sabe cuidar los caballos, es fiero en el mano a mano y tiene una cabeza privilegiada… sinceramente poco más se puede pedir. Cierto, no interpreta la carrera como Jose Luis Martínez, no es tan descarado ni arriesgado como Borja Fayos ni quizás tan ambicioso como Janacek, pero con el portugues siempre te aseguras el notable. Elegante y eficiente, parece un jinete realmente centrado en su profesión, y paso a paso ha ido mejorando de manera exponencial hasta convertirse en un jockey al que por talento y juventud La Zarzuela puede habérsele quedado pequeña. Sin duda el futuro pasa por él.

Vaclav Janacek, el Caníbal. Cuentan (e incluso hay periodistas que defienden que realmente ocurrió), que en unas Navidades allá por comienzos de los 70´s Eddie Merckx llamó descompuesto a su manager exigiendo que le buscará una carrera como fuera y donde fuera antes de terminar el año. ¿Que qué había sucedido? pues que acababa de leer que Roger de Vlaeminck había ganado un critérium de algún triste pueblo en Flandes con lo que empataba con Eddy Merckx como el ciclista con más victorias del año. Así dicen que era el belga, y así me imagino a Janacek. Serio, calculador y honrado, el checo ha sido sin duda la referencia del Turf español en los últimos años, porque pocos jinetes españoles saben soportar la presión como él, y si buscamos el término “profesionalidad” en la Wikipedia del Turf Spa como ilustración aparece una foto de Vaclav. No finge, no engaña, y lo que hay es lo que se ve, una cualidad especialmente valorable en un turf tan febril y voluble como el español. Da igual una carrera en la arena de Pineda que un Gran Premio de la Semana Grande donostiarra, Janacek no hace distinciones. Porque es un jinete que no hace prisioneros. Y es que es un caníbal, en el mejor sentido de la palabra.

Jose Luis Martínez, el Cirujano. Los cajones se abren y Martínez coge la punta. Acaban de partir y se puede decir que la mitad de la apuesta está ya en el tapete, con el veterano jinete como referencia. Curtido en mil batallas, su lectura y sentido del paso es excelso, bastante por encima de nuestro turf. Inteligente, frio y cerebral como Fignon, Jose Luis es nuestro Murtagh, nuestro Peslier, nuestra calculadora, nuestro cronómetro. Jinete de grandes citas y grandes caballos, se crece en esas carreras que en el calendario aparecen marcadas en rojo. Parece que se va, pero siempre está, y luce esa característica tan imprescindible y complicada en el turf que es la improvisación con mayúsculas. Porque si la carrera se rompe, si la prueba se embarra, en la casilla de Martínez hay muchas posibilidades de que se logre Bacarrá. Y mucho antes de los bombardeos quirúrgicos, Martinez ya sabía donde apuntar sus dardos.

Borja Fayos, donde todo es excesivo. Sin duda para el aficionado (al margen de situaciones fuera de la parte estrictamente deportiva) la época dorada del ciclismo fueron los 90´s, con los Indurain, Rominger, Bugno, Jalabert y más tarde los Ulrich, Lemond, etc. que dejaron a España sin hora de la siesta. Y entre toda esa colección de irrepetibles personalidades, un cromo sobresalía por su carisma y su espectacularidad… el pirata Pantani, rapado al cero, descuidada perilla y con ese rodar tan característico. Podía ganar la etapa (o no), pero siempre atraía todas las miradas con sus espectaculares demarrajes y su forma de entender el ciclismo como un reto desesperado. El más difícil todavía, un ciclismo para niños, aprendido a dentelladas, pintura expresionista sobre el asfalto. Pues algo así es Borja Fayos. Valiente y sanguíneo pero con un corazón que no le cabe en cuerpo, luce unas condiciones físicas privilegiadas para competir en carreras. Un jinete más propio de la verde campiña irlandesa que de la aristocrática Cuesta de las Perdices, moldeado a base de plata de ley y honradez que siempre va de cara y al que siempre se le ve venir. Un gran tipo, y que cojones, un gran jockey.

Para bonus track, habría que hablar de las dos incorporaciones argentinas, Nico Valle y Mario Fernandéz, dos jinetes que pueden dar bastantes tardes de gloria a nuestro turf si cuentan con los suficientes apoyos, o de Jaime Gelabert III como dirían en USA, con indudables condiciones para ser protagonista.

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