La invasión de Machurucuto (costas venezolanas del estado Miranda) el 8 de mayo de 1967 fue un intento fallido de Fidel Castro para hacerse con el poder en Venezuela, por eso 32 años después y de la mano del teniente coronel Hugo Chávez, uno de los países con mayores reservas petroleras del mundo se convirtió en colonia cubana. Castro no perdonó la frase que le espetó Rómulo Betancourt cuando las Fuerzas Armadas Venezolanas capturaron y ejecutaron a los guerrilleros cubanos que intentaron derrocar al entonces presidente Raúl Leoni. «Díganle a Fidel Castro que cuando Venezuela necesitó libertadores, no los importó, los parió«, sentenció.

Este resguardo de la soberanía venezolana se debió a que nuestro país tenía una de las democracias más sólidas de América Latina y unas instituciones que respetaban la autonomía y los poderes de Estado. El pacto de Punto Fijo, en 1958, celebrado meses después de haber derrocado al dictador Marcos Pérez Jiménez, no fue más que un acuerdo de gobernabilidad entre Acción Democrática, URD y COPEI para garantizar la estabilidad social y política del país. Solo funcionó durante cuatro décadas.

La nacionalización del petróleo, en 1976, trajo consigo un periodo de bonanza de magnitudes indescriptibles para el país, pero también llevó a los gobernantes de turno a un estado de corrupción desmedido ya que comenzó a generar una brecha social y económica de consecuencias previsibles: la búsqueda de un nuevo Libertador o mesías. El hartazgo de la sociedad con el reparto del poder entre AD y COPEI y la descomposición galopante que dejaba a los ciudadanos a la deriva, pedían a gritos una alternativa.

Sin entrar en mayor detalle sobre el golpe de estado que dieron unos militares el 4 de febrero de 1992 contra Carlos Andrés Pérez, la sociedad venezolana encontró en el cabecilla de ese movimiento insurreccional el líder que tanto anhelaba: a Hugo Chávez. Después de pasar dos años en la cárcel por el delito de comandar una rebelión cívico-militar, el 24 de marzo de 1994 fue indultado por el entonces presidente Rafael Caldera; a partir de allí su ascenso al poder fue inminente. Mientras el Comandante recorría Venezuela y se preparaba, con sus asesores cubanos, para presentarse a las elecciones presidenciales los partidos tradicionales seguían enquistados en la corrupción y la inestabilidad política.

Hasta 1998 Chávez consiguió alinear a toda la izquierda venezolana y, de forma absolutamente previsible, obtuvo -con el 56,2% de los votos- la victoria para ser presidente de la República por cuatro años, pero gobernó tres quinquenios y aún su doctrina sigue a manos de su sucesor, Nicolás Maduro; creando así una hegemonía política.

El chavismo, en sus inicios, prometió progreso, igualdad, justicia y más democracia. La lucha contra la corrupción y la desigualdad social eran su mayor bandera; sin embargo, quienes respaldaron a Hugo Chávez en su llegada al poder fueron los empresarios y los medios de comunicación privados. Todos ellos, años después, resultaron ser las primeras víctimas de expropiaciones y nacionalizaciones por parte del régimen bolivariano, en eso consistía el ‘Socialismo del s. XXI’ que impulsó el Teniente Coronel a partir de 1999. Una indudable praxis marxista y que a día de hoy es imposible ocultar.

Después de casi dos décadas del chavismo gobernando, Venezuela es el país con mayor inflación del mundo (1.081%), la escasez de productos básicos supera el 80% (a nivel de crisis humanitaria), la tasa de homicidios es de 43 a 130 por cada 100 mil habitantes (según el Observatorio Venezolano de la Violencia, la cantidad de muertos en el país pasó de 4.550 en 1998 a 28.479 en 2016), la oposición democrática ha sido exiliada, encarcelada, inhabilitada o asesinada (actualmente existen más de 500 presos políticos, algunos llevan más de 13 años detenidos  y tan solo en las últimas protestas murieron 157 personas, a manos de las fuerzas policiales), la emigración supera los 3 millones de venezolanos viviendo fuera del país, además de que todas las instituciones están en manos del régimen, únicamente el Parlamento tiene mayoría democrática, pero ha sido anulado por el resto de los poderes del Estado.

Quienes creyeron que con Chávez llegaba el nuevo mesías se encontraron al final del camino con su propio verdugo, la mayoría creyendo castigar a los políticos al votar a un ex golpista redimido no veía a mediano y largo plazo que se castigaría a sí mismo. En Venezuela ya ni siquiera hay votaciones libres, todas las libertades han sido cercenadas por un gobierno que sigue directrices desde Cuba y que su único objetivo es mantenerse el poder a toda costa, incluso con apoyo del narcotráfico y liquidando a los propios ciudadanos que tanto control les ha dado.

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