En alguna parte leí que cuando soñamos que nos caemos es porque dejamos de respirar y el cerebro hace que despertemos para no palmarla. Si soy sincera, diré que no lo leí en ninguna página de referencia sobre el tema, no, lo leí en Twitter, la nueva Wikipedia…
Te lo puedes creer o no, yo tengo claro que no voy a buscar información sobre el tema. Es ridículo. Me niego a creer semejante majadería. Pero claro, ves que lo publica un señor muy apuesto, con unos títulos muy chulos en su bio y tal, y te hace dudar.
Hombre de tez morena y bigote. Me recuerda a mi padre, hombre sabio, portador supremo de la lógica, sabía dónde guardaba mi madre las cosas…
El tuitero lleva la corbata abierta. Va de sobrado por la vida. Este hombre viene de vuelta cuando los demás van. Ay, Valentín, cómo puedo dudar de tu palabra. De momento le he de dado al corazón. Al «me gusta el tuit» ya sabéis. También le he seguido. Ahora estoy esperando su feedback. Tiene más de 32 mil seguidores y yo apenas llego a los 4 mil. Qué duros son siempre los comienzos. Mantendré la fe una semana.
Es de México pero tiene más en común conmigo que una escobareja.
Todos sabemos de dónde son los mexicanos, pero nadie sabe de dónde son los escobarejos. Bueno, yo sí porque lo acabo de buscar en Google. Son de Escobar de Campos. Un interesante pueblecito de León en el que viven unas 62 personas. Prometo ir y hacerme una foto en el cartel, y con los indígenas de la zona, también. Vale, perdón, me puede el chiste. Prometo artículo contando las maravillas de esa buena gente. Yo me crié también en un pueblo pequeño. De ahí la bondad y sencillez que emanan de mis poros. Era más feliz, he de admitirlo. Sabía menos cosas, debe ser por eso. Salí del pueblo a conocer mundo y aquí estoy, en una mega ciudad, delante mi móvil, conectada a Internet y leyendo que puedo morir cualquier noche si no me caigo de un precipicio. Qué ansiedad, qué estrés, qué locura todo.
El saber no ocupa lugar pero puede volverte loca.
Ya sabemos que en Internet todo es cáncer. Una mancha negra en una uña, un bulto en el codo… maldita red de conocimiento sin fin. Cuanto menos sepamos de las cosas mejor. Nuestro cerebro está preparado para recibir mucha información pero no para procesar cantidades ingentes de contenido sin que queden secuelas.
Esta noche, cuando apoyes tu cabecita en la almohada y se te cierren los ojitos sin que puedas evitarlo, recordarás el precipicio, tomarás una buena bocanada de aire y a esperar…
P.D. Si alguien conoce al tal Valentín de México, que le recuerde que tiene una semana para seguirme o… kaput.
Compartir
Artículo anterior«Olga Picasso», brillante exposición en el CaixaForum Madrid
Artículo siguientePunto, set y partido para el Puro Latino
Susana Gálvez
Si necesitas conocer a una persona sincera de verdad, Susana Gálvez NO es la mujer indicada. Su currículum es un papiro repleto de falsedades con el que consiguió trabajar en todo lo que se propuso. Cocinera, directora de cuentas, ama de casa, escritora... Las croquetas le salían de maravilla. Los resultados de las campañas publicitarias eran una locura. Como mamá, sus 7 chiquillos ya los querría en su familia la reina de Inglaterra para lavar su imagen. Lo de escribir ha sido ya... lo nunca visto. Nunca visto...

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here