Una comedia romántica de los 60 –para nada mi estilo, prometo reseña de Blade Runner 2049- es la excusa perfecta para hablar de este martes y de Bélgica. La película es una crítica a los viajes de varios días en grupo, al trabajo titánico del guía turístico y a la ridiculez de concentrar nosecuantos monumentos en pocas jornadas porque al final del viaje, casi nadie recuerda bien ni dónde ni cuándo ha estado. Algo así me ha sugerido Puigdemont en su comparecencia desde Bruselas. Batiburrillo golpista venido a menos. Empacho propagandista trilingüe. Comedia extrema a la altura de una esquizofrenia difícilmente oculta tras una improvisación cada vez más manifiesta. Vodevil desde que la que según sus propias palabras es para ellos la capital de Europa porque resulta que para el resto, deben de pensar que es Móstoles.

Muchos se han preguntado qué hacía el expresidente de la Generalidad de Cataluña en esas latitudes. Muchos han especulado con la posibilidad de búsqueda de un asilo político – que se mire por donde se mire y aunque dilate citaciones judiciales es impracticable-. Otros han fiado la elección a una cuestión de estrategia, insistir en la internacionalización del “conflicto” y forzar a que la UE, la misma que siempre ha dicho que el tema catalán era una cuestión interna de España y no tenía por qué pronunciarse al respecto (mientras animaba a la solución dialogada e instaba al mínimo uso de la fuerza, por muy institucionalizada que esta fuera), con el numerito de Bruselas quedaría involucrada…

La verdad, la triste y afilada verdad, la que molesta siempre pero también siempre, sin excepción, acaba aflorando es que Puigdemont en la huída desesperada de su propia trampa, en una cobardía temeraria que abandona a su suerte a las miles de almas esperanzadas en promesas falsas e irrealizables, ha dado por inaugurada la campaña electoral del 21D. Una convocatoria planteada por el gobierno de España. Y quizás muchos llegados a este punto se estarán preguntando ¿tiene sentido que los independentistas-secesionistas-golpistas concurran a unas elecciones autonómicas convocadas por el presidente de un Estado al que no reconocen? ¿pueden articular legalmente unas elecciones autonómicas en las que una de las alternativas presentadas es candidatura unitaria de quienes niegan dicha autonomía y aspiran a dinamitarla? Entonces ¿es la solución constitucionalmente planteada en base a la brevedad del 155 un acierto o una trampa?…

Las incógnitas fundamentales han sido despejadas. Todos los partidos darán la batalla electoral. Por una parte los constitucionalistas: PP (sacrificado Albiol) y Ciudadanos (Operación Arrimadas). Por otra los “rebeldes” (ERC, CUP, PODEMOS, PdCat) cuya misión no sería gestionar las competencias de la autonomía catalana. Ya lo avanzaba el candidato seguro del PdCat, Santi Vila, mientras expiaba sus pecados en La Sexta: “seguiremos defendiendo con moderación objetivos radicales”. Objetivos que no son sino legitimar y legalizar un nuevo Parlamento con un nuevo Gobierno al servicio de la causa: implantar la república catalana independiente y soberana que para ellos, en su delirio, ya ha sido proclamada. Veremos cuál es el resultado del test. Veremos si las aguas se calman temporalmente o si la reforma constitucional es más o menos arriesgada. Veremos si la mayoría silenciosa sale a votar en masa o si el acierto táctico de Rajoy finalmente es un puente de plata al enemigo, que insisten en calificar de adversario político.

Lo único cierto a estas alturas es que la incógnita no será despejada por ninguno de ellos. El misterio del 21D está en manos de Iceta, que tendrá que decidir si apoya a los unos o si pactará -y cómo logrará explicarlo- con Colau y Junqueras… Lo único cierto ahora es que hoy es martes. Y si hoy es martes, esto es ¿Bélgica?.

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