El pozo de la izquierda no tiene fin. Con una frase así se podría pensar que cualquier artículo de opinión o análisis carecería de toda racionalidad. De cualquier nivel de objetividad o una posible intención de repasar un panorama político. Sin embargo, es la innegable realidad.

En España tenemos a Pedro Sánchez y en Venezuela tienen a Maduro. Al fin y al cabo ambos se escudan en tener el apoyo del pueblo y de luchar contra la injusticia y corrupta oposición que quiere llegar al poder para recortar libertades. Y, de repente, te das cuenta que el “en casa de herrero cuchillo de palo” es completamente cierto, incluso en pleno 2019. Pedro y Maduro se parecen en más cosas de las que muchos piensan. Puede incluso que ni ellos se hayan dado cuenta. Pero solo hay que repasar la carrera política de uno y otro para comprobar que hay lobos vestidos de lobos y corderos vestidos de lobos. Y que, por muy trampantojo que uno se vuelva, la raíz es la raíz.

“Sería una locura llamar dictador a Pedro Sánchez. Y no porque él no quisiera serlo, que estoy completamente seguro de que sí. Sino porque en el marco de la Unión Europea no se permiten Golpes de Estado a nivel nacional y mucho menos para quedarse de brazos cruzados”

Sería una locura llamar dictador a Pedro Sánchez. Y no porque él no quisiera serlo, que estoy completamente seguro de que sí. Sino porque en el marco de la Unión Europea no se permiten Golpes de Estado a nivel nacional y mucho menos para quedarse de brazos cruzados. A nivel autonómico ya sabemos que sí, aunque eso sería otro asunto. Pero en el camino recorrido hasta la presidencia se encuentran puntos de confluencia. Pese a que el socialista ha llegado al poder mediante procesos legales y democráticos, sería imposible no recordar que su coartada para contar con el apoyo del Congreso fue convocar elecciones de forma inmediata. A su manera, Maduro evita ir a unas urnas sin pucherazo por lo que pueda pasar. Cualquiera diría que tienen el mismo asesor.

También ambos comparten esa ideología de verdadera izquierda que, a la vez, niega ser izquierda mientras se erigen como un líder transversal en su pelea por la justicia social. Y los dos se lo confiesan a Jordi Évole, quien en labores de periodista, sirve de megáfono para aquellos que tienen miedo de ir a territorio hostil. Qué tiempos aquellos en los que Pedro Sánchez pedía decencia a Mariano Rajoy y donde Maduro decía que Hugo Chávez, poseído por Cristo todo poderoso, se le había presentado en forma de ave para bendecir su mandato. L a misma decencia uno que otro. La misma capacidad de calificar el uno que el otro.

Mientras Maduro secuestra periodistas, Pedro Sánchez amenaza con querellarse contra aquellos que presenten pruebas sobre el plagio de su tesis doctoral. Y, a la vez, ambos piden una libertad de prensa mientras manipulan los medios de comunicación al servicio del Estado. Los dos se suben a aviones, helicópteros y demás transportes con los que cuentan para fardar. Por esa simple prepotencia de demostrar que ellos pueden, quieren y tienen. Y de que han llegado, pese a que a muchos les moleste. Y se forran durante su mandato, uno con alguna que otra práctica de dudosa legalidad como podría ser el tráfico de materias cuanto menos peligrosas -allá cada uno con su imaginación-, y otro saca libros escritos por otros para servir de rostro publicitario por primera vez en la historia.

“Mientras Maduro secuestra periodistas, Pedro Sánchez amenaza con querellarse contra aquellos que presenten pruebas sobre el plagio de su tesis doctoral. Y, a la vez, ambos piden una libertad de prensa mientras manipulan los medios de comunicación al servicio del Estado”

Lo importante, al fin y al cabo, es intentar escribir su nombre en los libros de historia. Da igual que en menos de un año haya tenido que dimitir medio Ejecutivo por prácticas irregulares con Hacienda, en el caso de que lleguen a renunciar a su puesto. Ellos son los elegidos y todo vale.

La decencia de Sánchez, esa de la que tanto ha hecho gala, es la que le lleva a pedir elecciones en ocho días a un dictador. La democracia de Maduro, esa en la que Pedro quiere confiar, es la que le lleva a pedir elecciones a un presidente tirano.

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