Pedro Sánchez registra una moción de censura, ¡y yo de vacaciones! Que saldrá adelante, que no, que el PNV sí, que ¿cómo va a ser posible?, que parece que sí, que sí, que lo ha hecho.

Y luego yo – de vuelta de vacaciones – que no veo futuro a un gobierno socialista ¡Y con Podemos! Y al final resulta que no, que los de Iglesias van a coger poca chicha, pero parecen contentos. Lo parecen o lo están, que eso nunca se sabe.

Y los primeros pasos de Sánchez, firmes. Y la derecha se pone nerviosa. La información, con goteo, comienza a llegar a los medios. Borrell…¿Borrell? ¡Pero si la última vez que le vi fue defendiendo a ultranza la unidad de España! “Viven en un mundo de ilusiones y por las bravas no lo van a conseguir”, nos dijo a mi compañero Borja y a mí en un andén de Barcelona. Luego cogió un tren y ahora se convierte en el primer golpe de efecto de Sánchez. Borrell… ¿Borrell? Las redes arden y los más escépticos empiezan a recular. “A ver si va a resultar que…”, comentan algunos.

Y ahora parece que Sánchez no cumple con la paridad sino que la supera. Once mujeres. ¡Once! Y le pasa por la derecha a los defensores del feminismo, los morados, los que gritan mucho pero sus secretarías generales no tienen apenas representación femenina. Ya saben de quién hablo.

Un astronauta, y los periodistas nos reíamos en el Congreso pensando en los futuros titulares: “El Ministro está en la Luna”, “sabrá resolver los asuntos de gravedad”… Pero poca broma. Sánchez ha configurado un gobierno técnico que gusta.

Una bofetada a todos aquellos – entre los que me incluyo – que se llevaron las manos a la cabeza. Ahora queda demostrar, pero de marketing vamos sobrados. Y yo, que opino sin saber si a alguien le importa creo que Sánchez ha acertado.

Y con esto Sánchez ha reventado las apuestas y si no, que se lo pregunten a Màxim Huerta.

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