“Lucharemos para erradicar la homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia en el mundo del deporte. Diseñaremos una estrategia global de erradicación de la discriminación por razón de orientación sexual, identidad y/o expresión de género en el deporte en Andalucía”.

“Promoveremos activamente la igualdad de género dentro de las empresas y trabajaremos para reducir la brecha salarial entre mujeres y hombres”.

Lo breve, si bueno, dos veces bueno. Eso dice el refrán y eso intento expresar. Extenderse inútilmente en convencer a una parte radicalmente opuesta a ti de una idea principal no es racional. Ni tampoco hacerla entender a esta que lo que dice es mentira. Por ello, que mejor que comenzar recordándolo para contextualizar una opinión.

Esas dos primeras líneas no las ha escrito el PSOE ni tampoco Podemos. Es el acuerdo de investidura que PP y Ciudadanos han firmado y que les ha permitido llegar al Gobierno de la Junta de Andalucía. No hay más preguntas, no hay más papeles: esa es la realidad y ese será el futuro. Diga VOX lo que diga.

Pero no nos vamos a engañar: es mucho más fácil hacer oposición desde la mentira que desde la inteligencia. No digamos si es por pereza o simplemente por estrategia política. Pero es lo que es.

El cambio político en la Junta, el primero en casi 40 años, es higiene democrática. Pero también un detector de antidemocracia y trampantojos demócratas. Mucho ha tardado en llegar ese relevo que se resistía siendo algo único en España y probablemente en el mundo. Ahora, la derecha tiene su turno.

“El cambio político en la Junta, el primero en casi 40 años, es higiene democrática. Pero también un detector de antidemocracia y trampantojos demócratas”

Pese a este hito histórico, la atención la ha concentrado completamente VOX. Un partido ultraconservador, que no extremista -no es fascista-, cuyas líneas rojas han quedado desdibujadas en las negociaciones de un gobierno del siglo XXI. No habrá xenofobia, no habrá machismo y sí habrá justicia e igualdad. Le pese a quien le pese.

Lo interesante, como el que mira un cuadro y se fija en el fondo, no está en el primer plano sino en el escenario que rodea esta obra maestra de la política. ¡Qué bonita izquierda nos ha quedado! ¡Qué rojos -de vergüenza-! ¡Qué lección de inframoralidad!

Quién aconseja al PSOE de los ERE, de la prostitución financiada con impuestos de la gente y de la cocaína regalada a trabajadores públicos. El mismo PSOE del récord de paro y de 36 años prometiendo oro teñido de madera de pino. Sí, el mismo que hace tres años pactó con Ciudadanos pese a haberles calificado en su día como extrema derecha.

Quién propone fletar autobuses para rodear un Parlamento -con la excusa de defender los derechos de las mujeres-, mientras su Ministra de Justicia callaba ante redes de prostitución de menores o llamaba “maricón” a su compañero de gabinete. Menos mal que ella siempre ha preferido trabajar con hombres.

“Quién propone fletar autobuses para rodear un Parlamento -con la excusa de defender los derechos de las mujeres-, mientras su Ministra de Justicia callaba ante redes de prostitución de menores o llamaba “maricón” a su compañero de gabinete”

Quién se atreve a poner en duda la legitimidad de una reunión mientras su homólogo en País Vasco se fotografía con la izquierda filoterrorista e incluso con antiguos miembros de ETA. O cuando su máximo líder pacta con la extrema izquierda y la extrema derecha para alcanzar el poder. E incluso cuando se reúne con alguien que se considera públicamente mejor genéticamente que las “bestias” españolas.

Quién se siente orgulloso de ser de este PSOE que se ríe de Madina, de Marlaska y su propia raíz.

Además, la crisis de la izquierda no se salva en su polo más radical. Ojalá. Es una base fundamental de la democracia que los grandes partidos mantengan un espíritu de concordia. Y, si esto no se cumple, qué menos que los nuevos den la talla. La excepción debe ser España.

Porque Adelante Andalucía, aunque no supera la ridícula situación socialista, sí que alcanza ciertos niveles de agotamiento y pesadez que ni sus propios votantes creen. A la abstención me remito.

La formación morada, anticapitalista de nacimiento y desarrollo actual, lloraba por no tener representación en la mesa de vocales cuando 24 horas antes rechazaba un puesto en ella. La misma organización que se junta con los nacionalistas de Marinaleda, o con los agresores de mujeres como Bódalo, o que calla ante las denuncias de acoso entre sus filas, habla del resurgir de los franquistas.

Los mismos que campan a sus anchas con camisetas de homófobos y asesinos de personas LGTBI como el famoso Ché Guevara, o que proclaman a los cuatro vientos la lucha en las calles contra una ideología, piden después respeto a los derechos humanos -también el de la libertad de conciencia-. ¡Otra vez rojos -de vergüenza!

Nunca pensé entristecerme tanto de que a un rival le fuera tan mal. Nunca pensé que echaría de menos el PSOE de Zapatero. Nunca pensé que entendería a personas como Bescansa o Errejón, purgados del pasado o del futuro. Nunca pensé ser uno de tantos que se convierten en rojos -de vergüenza-.

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