Somos seres sociales por naturaleza y nos movemos en círculos interconectados con otros círculos que forman redes más grandes. Pocas horas después del fallecimiento de Eduard Punset reflexiono sobre este concepto que daba título a su programa de televisión. Él nos enseñó que todo estaba conectado. De las redes neuronales a los circuitos impresos o la inteligencia artificial, de las redes de contactos a las redes sociales, tan denostadas por la adicción que generan y el postureo, intento extraer de todo esto un atisbo de esperanza, ver su lado positivo ante esta triste pérdida.

Abro twitter a mediodía y veo que una amiga de verdad ha compartido un enlace de Instagram donde fotografía la portada su lectura actual. Accedo al enlace y veo la fotografía de un libro del que es difícil leer su título y su autor o autora. Pulso en la fotografía para ampliarla y leo el nombre de su autora, no puede ser. Puede que sea otro nombre igual y no sea ella, puede que sean familia. Googleo este nombre y aparece una web de autora, es ella: Ana G. Fue profesora mía en la universidad de literatura medieval inglesa, da clases de inglés y sabía que también se dedicaba a la traducción. Ahora resulta que también tiene una prometedora carrera como escritora. ¡Qué grata sorpresa!

Pulso la pestaña de contacto en su web y veo que tiene redes sociales. Pulso en el pajarito azul para ver su perfil de twitter pero el enlace no funciona bien. Voy a twitter y busco su nombre completo y ahí la encuentro rápidamente. Me entero de que ganó el premio de novela de una conocida cadena de librerías y tiene otras obras publicadas.

Contesto a uno de sus tuits de su perfil para ver si el recuerdo es mutuo y felicitarle por sus éxitos. Me contesta al instante y veo que se acuerda de mí pese al cambio físico de estos últimos quince años. Me entra una alegría enorme y una repentina sensación de utilidad de esta red social tan fría y distante a veces. Detrás de ella hay más que perfiles, personas, en redes de seguimiento unidireccional compartiendo impresiones, proyectos, lecturas, etc. Lo malo ya lo conocemos e intento huir de eso. Este reencuentro virtual ya me ha alegrado este día triste de pérdida de un referente intelectual.

Hace un par de semanas, a punto de querer eliminar mi cuenta de facebook descubrí que una amiga escritora era amiga de otra escritora que fue profesora mía en EGB. Veinticinco años después todavía se acordaba de mí y nos reencontramos unos minutos para abrazarnos, contarnos brevemente nuestra situación personal y firmarnos los libros mutuamente. Obviamente, desestimé la idea de borrar el facebook. Al final son eso, redes, y bien usadas te pueden traer alegrías enormes a la vida cuando menos te lo esperas.

De Punset me costará despegarme, al igual que de las redes. Su gran inteligencia y clarividencia sobre nuestra realidad hacen que su ausencia nos deje huérfanos en cierto modo. El mundo es hoy un poquito peor sin él, pero nos queda su legado, no lo olvidemos y leerle va a ser nuestro mejor sentido homenaje a su trayectoria. Que su Viaje a la felicidad sea también nuestro guía en momentos de flaqueza, mientras buceamos entre las redes sin saber muy bien a dónde nos van a llevar. Feliz fin de semana.

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