Si algo tienen estos tiempos convulsos en los que nos ha tocado vivir es la trepidante actualidad política, que no dudo es más entretenida que la que vivían nuestros padres en los 90, pero que hace muy difícil llevar al día la crónica para los que nos dedicamos a este noble deporte de la opinión.

En grado de importancia, la noticia de la semana es, sin duda, la elección del racista, supremacista, xenófobo, independentista, secesionista y cateto catalán, Quim Torra como presidente títere de la Generalitat de Cataluña en nombre y representación del fugado Puigdemont.

Ni su pasado de excesos verbales en artículos infumables en contra de España y de los españoles, ni su paso por Ferraz para agitar la calle mientras se celebraba el Comité Federal del 1 de octubre que acabó con la dimisión de Pedro Sánchez, ni su vandalismo negándose a pagar los peajes en Cataluña, ni su actual discurso de investidura como Molt Honorable, ni mucho menos su primer acto “oficial” una vez elegido viajando a Berlín a rendir pleitesía a Puigdemont, hacen prever un final feliz para el llamado Procés.

Después, y ya con categoría de anécdota, más que de noticia, nadie puede negar que el asunto de cómo aprobó Pablo Casado, uno de los futuribles del PP para Madrid, doce asignaturas de la carrera de Derecho en apenas cuatro meses, justo cuando fue elegido Diputado en la Asamblea de Madrid.

Como él mismo ha explicado, abandonó su formación en ICADE porque no tenía suficiente tiempo para dedicarle a sus estudios y a su gran pasión, la política. Por ello, optó por cursar derecho en el Instituto Cardenal Cisneros donde “se adaptaron” a su escasez de disponibilidad horaria y consiguió el prodigio de aprobar, nada menos que 12 asignaturas del plan del 53, el plan antiguo, que penas tenía 4 o 5 por año de carrera por su densidad de temario.

Lo que subyace detrás de esto, que ya digo no hubiera pasado de anécdota política en cualquier otro momento, es la sensación de que, durante décadas, el poder absoluto que detentaba el Partido Popular de Madrid les hizo sentirse impunes para poder utilizar de todas las administraciones públicas, sobre todo la universidad, a su antojo, lo mismo para regalar máster, que para facilitar licenciaturas o aprobar oposiciones.

Hay en curso una investigación judicial, no solo sobre el máster de Cifuentes, sino sobre todos los másteres otorgados de tan alegre manera en algunas universidades madrileñas y ahí, está incluido el de Casado. El tiempo jurídico dará y quitará razones.

Por último, y también en condición más de anécdota que de verdadera noticia está el “casoplón” que se han comprado los líderes de Podemos, Pablo I. e Irene Montero para desarrollar su proyecto personal, ahora que esperan mellizos. Una mansión en mitad de la sierra madrileña con piscina y enorme cantidad de terreno, valorada según la prensa en 600.000 euros.

Nada malo hay en que quien gana dinero honradamente se lo gaste como guste, pero no deja de sonrojar que aquellos que vinieron a la política a defender a los de abajo, porque eran gente, en contraposición con la casta política que se alojaba en grandes viviendas lejos de la miseria de la plebe, aprovechen sus enormes sueldos en el Congreso de los Diputados para vivir como aquellos a los que anteayer despreciaban.

Lejos queda ya aquel Pablo I. orgulloso de vivir en la casa de protección oficial de su abuela, en un barrio obrero de Madrid y con camisas del Alcampo. Aunque su amigo Monedero trate de convencernos en Twitter de que la mansión se pagará en cómoda letras de 500 euros al mes, más barato que un alquiler en el centro, todos sabemos hacer cuentas, aunque sea ayudándonos con los dedos y para pagar 600.000 euros a 500 al mes, te hacen falta 100 años más los intereses.

Y así, entre noticias, títeres, ruedas de prensa de presidentes al alimón, cerebrines que aprueban prodigiosamente materias que a otros nos ha costado sangre, sudor y lágrimas meternos en la mollera y parejitas felices que se compran su primera vivienda, ha ido transcurriendo la semana, seguro que la siguiente, también tendrá su sainete, su culebrón y su historia para no dormir.

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