Alcanzar el éxito trae consigo grandes consecuencias. Y algunas de ellas más que negativas. Tocar el cielo te exige, te obliga a dar la talla siempre. Sea en el deporte, en la literatura o en la televisión. Y algo parecido le está pasando a Operación Triunfo. El programa por excelencia de la televisión pública fue la gran revelación del año pasado, pero ha vuelto a las andadas: las críticas son su pan de cada día.

Es un hecho que el concurso musical no pasa por su mejor momento, menos aún después de una noche de Halloween para olvidar, marcando su peor audiencia histórica sin llegar a los dos millones de espectadores. Un batacazo terrible y que ahonda algo más en la crisis que se vive en el formato de Gestmusic. Y es que la sublime edición del 2017 ha dejado muy atrás a la del 2018. No en calidad vocal, pues en este año se está viendo un nivel bastante superior al del curso pasado, sino en algo mucho más importante en la música: la personalidad.

“Es un hecho que el concurso musical no pasa por su mejor momento, menos aún después de una noche de Halloween para olvidar, marcando su peor audiencia histórica sin llegar a los dos millones de espectadores”

Terceras partes nunca fueron buenas, pero las segundas tampoco y menos si no se hace la digestión temática. Es decir, acelerar demasiado la aparición del producto sin esperar el momento indicado no suele ser positivo. Sin ir más lejos, el salto de esta nueva edición llegó mientras OT2017 seguía con sus conciertos de la gira. Eso lo dice todo.

Hace unos meses pude entrevistar a varios rostros conocidos de Operación Triunfo. Concursantes, profesores… y al gran jefe: Tinet Rubira, director ejecutivo de Gestmusic, la productora que se encarga del programa. Hablamos de todo. De cómo trabajar para la televisión pública, de la crisis económica, de la falta de ideas para producir programas. De decenas de cosas pero, sobre todo, de cómo hacer un casting y de cómo convertir el concurso en un producto que entretuviera a la audiencia. Al fin y al cabo, de cómo debían conjugarse alumnos y profesores para obtener calidad técnica y televisiva. Con esas respuestas que me dio bien se puede hacer un análisis extenso de por qué esta edición no convence. No genera contenido. No termina de gustar. Por qué está en crisis. Una de las claves eran los errores técnicos. Tinet me aseguró que de poner un “pero” a la edición pasada sería por “problemas técnicos al tratarse de un plató nuevo donde nunca” habían trabajado. Por el momento, ese aspecto sigue sin solucionarse. Pero sin duda las miradas principalmente se centran en los concursantes. Como ya he dicho, es indudable que el potencial vocal lo tienen y en mayor cantidad que la edición pasada. Pero no parecen ser ellos mismos. Actitudes desmesuradas, polémicas constantes y una falta de trabajo que hace pensar que ya miran al futuro. Falta personalidad propia, falta esencia, falta magnetismo, falta el gen OT.

“…es indudable que el potencial vocal lo tienen y en mayor cantidad que la edición pasada. Pero no parecen ser ellos mismos. Falta personalidad propia, falta esencia, falta magnetismo, falta el gen OT”

Gestos a priori comunes pero que, dada la repercusión del programa, se magnifican hasta convertir un granito de arena en verdaderos desiertos. “En el casting de las personas que entran en la Academia intentamos buscar a gente que tuviera algún encanto más allá de que lo hicieran bien”, me especificó Tinet. Sin embargo, la batalla por cambiar un “mariconez” de una canción o de desechar el significado original de “arreglarse” han sobrepasado el límite. Y más si desde el programa se pliegan ante esas situaciones.

“Nosotros nos hemos rodeado de un casting muy joven y comprometido con el tiempo que están viviendo, con inquietudes sociales”, me aseguró el director de Gestmusic. Y este año, salvo alguna excepción, todo se ve preparado, calculado y hasta practicado en los concursantes. Porque, por ejemplo, por mucho que se defienda el lenguaje inclusivo, si en algún minuto de las 24 horas diarias faltas a ese principio, entonces, todo el argumento se va al traste.

La cúspide de esta montaña de errores de Operación Triunfo está la del cese repentino e inexplicable de Itziar Castro. Era el fichaje. Y así lo anunciaron en la promoción de programa. Llegaba para sustituir a los Javis, que entraron como profesores y terminaron con el adicional de personajes televisivos. Y la han echado marcando una respuesta histórica en el programa.

“Desde el momento que tú te planteas buscar alguien que haga el mismo trabajo tienes que pensar en alguien que sea igual de bueno pero muy distinto para que no parezca una copia mala”, me explicó Tinet al preguntarle sobre cómo elegir a los profesores. A tenor de sus palabras del año pasado, no se comprende el cese de Itziar a mitad del concurso. La explicación de la actriz es una clara: ni compartían la decisión ni mucho menos se la esperaba. La del programa: no ha habido resultados positivos y optan por cesarla. Incluso Noemí Galera, como directora de la Academia, hacía un símil con el entrenador de un equipo de fútbol. Si no hay resultados, a la calle. Sin embargo, hasta en su argumentación está equivocada. Porque si hay un entrenador en la Academia, esa es ella. Itziar, en todo caso, podría ser la encargada de entrenar a los porteros de un equipo. Es decir: el Real Madrid echa a Lopetegui y a su cuerpo técnico, no al preparador físico por las numerosas lesiones.

“Noemí Galera, directora de la Academia, hacía un símil con el entrenador de un equipo de fútbol. Si no hay resultados, a la calle. Sin embargo, hasta en su argumentación está equivocada. Porque si hay un entrenador en la Academia, esa es ella. Itziar podría ser la encargada de entrenar a los porteros de un equipo”

Pero eso no es todo. La forma de explicar el cese a los alumnos no cabe en la cabeza de nadie y, además, les retrata. Da credibilidad a esa idea de que ciertas actitudes son en ocasiones forzadas. Que esos valores de los que intentan presumir son puntuales y no forman parte intrínseca de su día a día. Solo unos segundos después de comunicarles el despido de Itziar Castro, confirmaban la llegada de los Javis al puesto de profesores de interpretación. Y gritos. Y saltos. Y risas. Y abrazos. Y alegría. Pero, ¿y los valores?

En definitiva, solo el futuro dirá, pero lo que es un hecho es que OT2017 solo hubo uno y solo uno habrá. La esencia de cada uno con cada uno se va, y por mucho que se intente provocar un mismo efecto, “lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible”.

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