Te vas a vivir con tu novio y cuando lleváis un porrón de años juntos se os ocurre casaros. En realidad la idea siempre sale de uno de los dos y el otro hace como que le encanta el plan. Me casé con quien creí que me conocía mejor que nadie. Con el que podía eructar alegremente después de un buen plato de potaje. Pero últimamente no pasamos mucho rato juntos debido a su horario de trabajo. Es lo que tiene ser un jefe entregado. Quiero pensar que es eso…

 

Una vez me dijo un socio que tenía «yo paso más tiempo con tu marido, lo conozco mejor que tú» ¿un hombre que conoce bien a otro hombre? JÁ. Me da la risa a boca abierta dejando al descubierto las muelas del juicio y la campanilla. Pero, después de lo que me dijo ayer mi santo esposo… tengo serias dudas de que nos conozcamos tan bien como yo creía. Preparaos para llevaros una mano a la boca y levantar las cejas. 

 

Estábamos dando nuestra opinión sobre cuál era la mejor forma para estimular a nuestros hijos a leer más. Cuando parecía que la batalla no la iba a ganar ninguno de los dos, para en seco y me suelta «tu fórmula no será tan buena cuando tú ahora apenas lees» ¡¿que no leo?! Habló el que no sabe cuál es el champú y cuál el gel. Le podría poner una botella de lavavajillas en la ducha y ni se daría cuenta. Es cierto que ahora tengo menos tiempo para leer. Ser mamá 24/7 te quita muchas cosas. Como por ejemplo no poder estar una hora entera en el gimnasio, ir a ver partidos de fútbol, salir a comer a buenos restaurantes con amigos, socios o clientes, dormir a pierna suelta y huevo descubierto. En fin, todo lo que él puede hacer en sus RATAZOS libres. Siempre voy a cuestas con mis enanos, que son varios y de edades muy diversas. Ya es bastante complicado llevar las cejas depiladas y la sonrisa siempre puesta. No soy una mujer rencorosa, pero las frases dañinas se me quedan clavadas en el hipocampo de tal manera que ni el Rey Arturo podría sacarlas de allí. Y encima se acumulan. Cree que soy como él. Olvida rápido, no le da importancia a casi nada, y se pone cariñoso cuando «le pica» una vez al mes. Al borde de los 50 y todavía no sabe cómo funcionamos las mujeres. Recordar cada cosa por siglos es nuestra mejor defensa. Todo importa, todo. Cada pequeño detalle es un disco duro repleto de información valiosa para nosotras. Y, lo más importante, somos gatitas mimosas. Necesitamos cariñitos cada día. Si no es así, sacamos las uñas del mal humor. Con cariñitos no me refiero a sexo, ya no tengo 20 años, el apetito ha disminuido bastante. Tampoco a flores o bombones. Eso ya puedo comprármelo yo. Me refiero a que ponga el lavavajillas, me dé un masajito en los pies, me traiga el desayuno a la cama un sábado, me deje dormir más rato el domingo mientras él juega con los peques. Un respiro, que se dice. Así se demuestra el cariño después de años conviviendo bajo el mismo techo. Y aunque todo eso lo suele hacer a veces, se lo tengo que pedir, la gracia es que sea ida suya. Bueno, ya podéis quitaros la manos de la boca y levantar el puño… Le respondí toda fría y cortante: «Queda claro que no conoces a tu mujer, pero nada, porque no estás aquí para saber si leo o no» ¡Toma ya! Vete tú a pasarlo bien los findes, que ya me lo paso yo pipa leyendo mientras mis minions corretean a toda pastilla por la casa, el parque, el súper o el centro comercial… (imposible) qué poco me valora a veces. Se aprovecha de que soy una mamá canguro. Ya sabéis, que no puede estar sin su cría. He de superar este miedo a dejarlos con papá o la abuela para yo poder disfrutar de un buen masaje, ir a un balneario o cortarme las uñas de los pies. En parte es culpa mía el no tener ratos libres. Pero es que no hay día que papá esté con ellos 5 min y no vuelvan con una pupa, una araña de más 3 cm o la boca llena de tierra. Pero lo que me duele no es eso. En realidad los niños necesitan su dosis de aventura. Son sus comentarios hirientes. Mañana estaré un poco menos enamorada. Olvidaré más a menudo comprarle cerveza y sazonar su cena. Olvidaré también recordarle el cumpleaños de su madre y lavar sus camisas favoritas a menos 40°. Dejaré de coger sus Blu Ray por el agujerito y le llamaré «cari» delante de la gente. Pero sobre todo, le pondré el papel higiénico en la otra punta del baño. Y suerte que no soy una mujer rencorosa, pedazo de estúpido…

 

P.D. Hoy me ha traído un regalo. Lo he abierto desconfiada, algo quiere. Es un e book último modelo. Y, ojo, ojo… no me ha pedido nada. Va a resultar que me quiere más de lo que yo creía. Y, por supuesto, es una forma de darme la razón.

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Susana Gálvez
Si necesitas conocer a una persona sincera de verdad, Susana Gálvez NO es la mujer indicada. Su currículum es un papiro repleto de falsedades con el que consiguió trabajar en todo lo que se propuso. Cocinera, directora de cuentas, ama de casa, escritora... Las croquetas le salían de maravilla. Los resultados de las campañas publicitarias eran una locura. Como mamá, sus 7 chiquillos ya los querría en su familia la reina de Inglaterra para lavar su imagen. Lo de escribir ha sido ya... lo nunca visto. Nunca visto...

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