A la vista de los acontecimientos sucedidos desde que el Partido Socialista Obrero Español interpusiera y ganara su Moción de Censura al popular Mariano Rajoy a principio del verano (y quizás desde antes), en el panorama político español, nadie quiere realmente hacer política.
Los primeros que no tienen intención ninguna de hacer política son los miembros del Gobierno, que no el PSOE. Ni quieren, ni pueden tomar decisiones políticas que cambien las cosas, que mejoren la vida de los ciudadanos, esa es la verdad. Con 84 exiguos diputados y sus socios de moción más interesados en desgastarlos que en ayudarlos, todo se queda en fotos de gafas y manos, anuncios de deshacer todo lo que Mariano Rajoy hizo, declaraciones de intenciones más o menos acertadas, trajín con la momia de Franco y algún Real Decretazo para declarar Secreto de Estado el viaje a Benicássim para ver a The Killers en el FIB, de Pedro Sánchez y su cuchipandi.
El Partido Popular, ni está en la oposición, ni se le espera. Pablo Casado tiene dos objetivos prioritarios en este momento que nada tienen que ver con su papel de líder del principal partido (iba a escribir de la oposición, pero es que es el principal partido a secas, aunque no gobierne). Sus dos objetivos son:
  • Salir vivo del asunto de Máster amañado y de las convalidaciones con más trampas que una película de chinos (Soraya mediante)
  • Pugnar con Albert Rivera por recuperar para el PP el voto muy español y mucho español (esto le sale fácil porque está en su naturaleza ser muy, muy, muy de derechas).
Podemos ni está como socio prioritario de Sánchez en el gobierno, ni como su oposición en la izquierda, simplemente no está. Es el riesgo de crear un partido personalista a imagen y semejanza de su líder (recordad que cuando se presentaron por primera vez, a las Elecciones Europeas 2014, en la papeleta salía la cara de Pablo I) que si por un motivo u otro, tu líder desaparece de la escena política, tu organización lo hace con él.
Caso de que Pablo e Irene no tuvieran que estar con sus bebés recién nacidos, tampoco creo que Podemos estuviera muy por la labor de allanarle el camino a Sánchez dejándole hacer políticas progresistas desde el Gobierno que le hicieran subir enteros como opción electoral de la izquierda española en detrimento de sus propias expectativas de voto.
Ciudadanos ha confundido su estrategia creyendo que debe disputarle a Pablo Casado el electorado más rancio españolista (no digo que deba renunciar a su defensa de la unidad de España y la igualdad entre españoles, ojo), convencidos que ese es el que le da votos, cuando su crecimiento, tanto en origen Cataluña, como en el resto de España, le viene más del centro progresista, desencantado con los bandazos de los socialistas y el escaso compromiso con un proyecto colectivo español de los dos grandes partidos PP y PSOE, que de la derecha tradicional que está deseando volver a votar al PP en cuanto presenten un candidato aseadito.
Mucho más beneficioso para el futuro de la formación naranja sería estar presentando su modelo de España, sus propuestas para una justa y necesaria financiación autonómica, un nuevo reparto competencial que evite duplicidades y que, si es necesario, recupere para el Estado lo que nunca debió salir de él. Apretar al gobierno para que retome el acuerdo casi cerrado al que había llegado el PP con las Comunidades Autónomas. Al fin de cuentas éstas son las que están garantizando (o no) la Sanidad, la Educación o la Dependencia en sus territorios.
Pero parece que nadie quiere hacer política, que todo son gestos, declaraciones altisonantes, tuits, fotos con tal o cual referente internacional, acusaciones mutuas, encuestas interesadas y reacciones apresuradas a esa demoscopia del todo a cien.
Mientras, sobre Europa se cierne la crisis de la moneda turca que puede llevarse por delante la mínima recuperación de países como el nuestro, Portugal o Italia. Mientras, a las puertas de la vieja y debilitada Europa se está gestando la mayor de las migraciones humanas jamás conocida. Mientras, la Unión Europea ve como los gigantes comerciales, Estados Unidos y China, se pelean pisoteando nuestras exportaciones, nuestros “sembraos”. Mientras todo hace prever que mañana será peor que hoy, y nosotros sin gobierno, sin oposición, sin líderes, sin ideas, sin futuro.

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