Comienza el otoño, llega el mes de octubre y España en general y Madrid, en particular, se prepara para una larga, larguísima campaña electoral hasta las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán el próximo mes de mayo. De España ya he escrito en innumerables ocasiones pero hoy quiero posar la mirada sobre Madrid, mi región en donde gobiernan los populares desde hace tanto tiempo que nadie recuerda un gobierno regional que no sea del PP.
En 2003, un jovencísimo Rafael Simancas, líder en aquel momento de los socialistas madrileños, estuvo a punto de cambiar la historia y devolver a la entonces FSM, luego PSM, ahora PSOE-M, al poder que perdió Joaquín Leguina, pero el voto (o no voto) de dos tránsfugas Tamayo y Saez lo impidió forzando la celebración de nuevas elecciones ese mismo año que ganó Esperanza Aguirre por abrumadora mayoría, lo que se conoció popularmente como el “tamayazo”.

 

Desde entonces el Partido Popular, primero con Aguirre, luego con Gallardón, pasando por Cifuentes y finalizando con Garrido, han gobernado en Madrid con puño de hierro en guante de espinos aplicando sus políticas más liberales en lo económico y conservadoras en las costumbres, quizá algo atemperadas por la necesidad de lograr el apoyo de Ciudadanos desde mayo de 2015 en que perdió la mayoría absoluta. Ahora todo parece presagiar un cambio de color político en mayo de 2019. Con el PP nacional intentando rearmarse después de perder el gobierno de España en manos de Pedro Sánchez y su recién elegido sustituto de Rajoy, Pablo Casado intentando sacudirse las sospechas sobre su máster y sus convalidaciones a precio de saldo. Y con el PP de Madrid aún en estado de shock tras ver caer a Cristina Cifuentes por un máster fraudulento y el hurto de unas cremas en un supermercado, pocos son los que apuestan por Garrido como ganador en mayo. Lo que nadie tiene tan claro es por qué color cambiaremos el azul PP, quizás por el rojo PSOE, tal vez por el naranja Ciudadanos, o puede ser que por el morado podemos, y es que casi cualquier cosa es posible si nos atenemos a lo que dicen los aspirantes Gabilondo, Aguado y Errejón. Yo no tengo una bola de cristal pero si puedo aventurarme a analizar los pros y los contra de cada uno de ellos y así el lector podrá extraer sus propias conclusiones al respecto.

  • Angel Gabilondo, elegido por “aclamación” de la militancia socialista madrileña como candidato del PSOE-M, pese a no ser ni siquiera afiliado a su organización, ya lo intentó en mayo de 2015 y aunque obtuvo un diputado más que Tomás Gómez en 2011, lo cierto es que tuvo peor porcentaje de voto en un momento dulce para el PSOE (se recuperaron CCAA históricas como Extremadura y Castilla La Mancha y se logró el poder en Valencia, Asturias y Aragón, por ejemplo). Nada hace presagiar que el gusto del votante progresista madrileño haya cambiado en estos cuatro años por su “brillante” labor de oposición y aunque el hecho de que Sánchez sea el presidente de España podría dar un impulso a la marca PSOE, que el candidato de Podemos sea Errejón le resta posibilidades al catedrático.
  • Iñigo Errejón, que como acabo de decir es un candidato apreciado por el electorado socialista, quizás por encontrarse lejano a la dirección nacional que ostenta Pablo Iglesias, puede tener en esa condición de outsider podemista una fortaleza y una debilidad. Puede que recoja parte del voto socialista que no ve a Gabilondo lo suficientemente incisivo, activo, “progre” pero también puede que pierda ese voto que cierra filas con la radicalidad de Iglesias/Montero que no ven en Errejón. Con la organización en lento pero inexorable declive, mucho va a tener que aportar el candidato para reflotar las siglas.
  • Ignacio Aguado, líder de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid, que ya fue el candidato en 2011 y que tiene en su currículo haber obligado al PP de Madrid a tomar medidas contra la corrupción que jamás hubiera tomado de no ser compelido por la aritmética de la Asamblea de Madrid. Es quizás el menos conocido de cuantos se presentan (exceptuando a Garrido, candidato popular por descarte de imputados/investigados) aunque se ha ido construyendo una imagen en la oposición durante los últimos cuatro años. Puede recoger voto desencantado con la corrupción del PP pero también voto que huye de la política errática del PSOE nacional en el tema del independentismo catalán.
Lo cierto es que el voto en Madrid está muy condicionado por lo que sucede en España. Los candidatos por Madrid están demasiado cerca, físicamente, de sus sedes nacionales, del Congreso, de la Moncloa… y, en muchas ocasiones, el éxito o el fracaso de su cartel depende más de méritos y deméritos de sus superiores que de lo que hagan ellos mismos. Pese a todo, quedan muchos meses por delante en los que fajarse demostrando éxitos en esta legislatura y proponiendo cambios que auguren mayores beneficios en la que está al caer.
Como votante que no tiene aún decidido el color de la papeleta que introducirá en las urnas madrileñas en mayo ¡convencedme! ¡Dadme razones para elegir vuestro proyecto, vuestra candidatura, vuestro partido, o morir en el intento!

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