Ayer dimitió la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Cristina Cifuentes, treinta y cinco días después de saltar el escándalo sobre el máster que la Universidad Rey Juan Carlos le había “facilitado” matriculándose tres meses tarde, no habiendo asistido a clase ni un solo día, no habiendo presentado, ni defendido, el obligado trabajo de fin de máster y, lo que es peor, habiendo mentido sobre todos estos pormenores públicamente y en sede parlamentaria.

No fue este abuso de su cargo para que una universidad pública madrileña le diera un trato de favor lo que provocó su dimisión, no fue arrastrar el buen nombre de las instituciones públicas madrileñas por el barro lo que acabó con su carrera política, no fue el mentir y persistir en la mentira lo que le dio la puntilla, no, fueron dos tristes botes de crema antiarrugas birladas al descuido en un supermercado frente a la sede de la soberanía popular madrileña.

Lo cierto es que Cristina Cifuentes debería haber dimitido en el momento en que se conoció que le habían regalado un máster de la Rey Juan Carlos por ser quien era, pero no lo hizo, se aferró a su cargo y a sus explicaciones falsarias y puso la pelota en el tejado de Mariano Rajoy afirmando que solo se iría si se lo pedía su presidente. Y Rajoy hizo lo que solo Rajoy sabe hacer magistralmente, dejar pudrirse el problema hasta que la propia descomposición acabase con él.

Como la agonía de Cifuentes estaba siendo demasiado larga hasta para Mr. Rajoy, en los mentideros de la Villa y Corte se dice que envió a uno de los suyos a precipitar la caída, en una clara referencia a Soraya Sáenz de Santamaría como filtradora del vídeo del hurto de las cremas. Otros, aseguran que es una venganza de Ignacio González, con el que Cifuentes estuvo muy unida, pero al que ha dado la espalda actualmente. Un plato frío por lo del Canal de Isabel II y Lezo y los meses de prisión preventiva que pasó Ignacio González a cuenta de ello. Lo que nadie duda es que esto es “fuego amigo”.

Como progresista, como socialdemócrata, como persona interesada en la política madrileña, hubiera preferido ganar a Cifuentes en las urnas, pero el escándalo del máster es responsabilidad de quien se deja favorecer o pide favores, que eso no lo sabemos aún, no de los que se aprovechan de tus faltas para sacarte los colores.

Como ser humano, me entristece ver a Cristina Cifuentes arrastrada en un lodazal de intereses internos de su propia organización, humillada por un vídeo cruel que alguien ha tenido guardado 7 años en espera de cobrar pieza. Me recuerda a la pena que me causó ver a Rita Barberá arrastrar su enorme bolso por el Congreso de los Diputados mientras sus compañeros de partido la evitaban como a una apestada.

Como madrileña quiero ver salir de las instituciones al Partido Popular de la Gurtel, la Púnica, Lezo, Canal de Isabel II, Ciudad de la Justicia, M-30, Palacio de Correos y un sinfín de asuntos turbios aún por resolver, pero quiero que esto lo quiera la mayoría de los madrileños y lo exprese donde solo podemos hacerlo los ciudadanos, en las urnas.

Por todo lo anterior, como decía mi abuelo, bien está lo que bien acaba y la dimisión de Cifuentes es lo mejor para todos, para ella misma, para las instituciones madrileñas y para todos los partidos políticos del arco parlamentario de la Asamblea de Madrid:

  • Para el Partido Popular porque no pierde el gobierno de la Comunidad de Madrid, con el efecto psicológico negativo que esto tendría de cara a sus expectativas de voto de aquí a un año. Además, evita que entre un socialista moderado, moderadísimo, diría yo, como es Ángel Gabilondo a la Puerta del Sol, lo que reforzaría su figura y además, le daría acceso a los cajones cerrados con llave y al contenido escondido en ellos.
  • Para el Partido Socialista Obrero Español es un alivio, al menos para el candidato Gabilondo que se vio obligado a presentar una Moción de Censura en la que no creía por las presiones del propio Pedro Sánchez, obsesionado con retratar a los de naranja y, quien sabe si comprometido con Podemos en un reparto de administraciones: para los morados la capital, para los rojos la comunidad. Para el propio Gabilondo es un regalo envenenado presidir la Comunidad de Madrid, en minoría, necesitando el apoyo de Podemos y Ciudadanos, a pocos meses de tener que disolver el parlamento porque se celebran las elecciones municipales y autonómicas en mayo de 2019.
  • Para Ciudadanos, sin duda, es un final feliz, de una parte, sigue apuntándose estar defendiendo la regeneración en las instituciones porque ellos habían pedido la dimisión de Cifuentes al falsear su máster y mentir sobre ello y por ende, se evita el delicado paso de tener que apoyar un gobierno en el que, además de estar encabezado por el moderado Gabilondo, estaría Podemos, algo que podría no entenderse bien por el electorado más conservador de los naranja.
  • Para Podemos, tampoco es mala solución, inmersos en una guerra interna sin cuartel que ya ha causado la defunción política de Bescansa, la rotura con los anticapitalistas y que ha estado a punto de llevarse por delante al candidato Errejón, el foco vuelve a estar en el PP y se aleja de ellos para que puedan solventar sus cuitas en la discreta sombra y no al calor del debate de la Moción de Censura.

En los próximos días, el Partido Popular presentará un nuevo candidato a la investidura, uno que cumpla con los mínimos parámetros de limpieza y honradez que le exige Ciudadanos para apoyarle y saldrá elegido presidente de la Comunidad de Madrid para tratar de llegar al final de la legislatura sin más sobresaltos que los que les den las múltiples causas judiciales abiertas contra ellos.

Ciudadanos seguirá cabalgando la ola favorable de la opinión pública y las encuestas y habrá salvado el peligroso rompeolas de Madrid sin magulladura alguna fieles a la máxima un día más (sin meterse en líos) un día menos (para ganar las elecciones en mayo de 2019) No olvidemos que la política es una carrera de fondo y que la ansiedad puede hacerte caer (que le pregunten a Podemos que tiene un máster en acabar con sus propias expectativas por precipitarse).

El nuevo PSOE, más PSOE, se tirará de los pelos al haber perdido su oportunidad de lograr en los despachos, en un siniestro cambalache con Podemos para ti Cibeles, para mí la Puerta del Sol, lo que las urnas se niegan a darle a Sánchez una y otra vez.

Y Podemos, cualquiera sabe qué emociones nos depararán las “primarias” de Madrid, con lista única de enemigos íntimos, con los anticapitalistas fuera, con Izquierda Unida de Madrid, aquellos a los que echó Garzón, queriendo arrimarse al PSOE…

La respuesta, como debe ser, en las urnas, en mayo de 2019.

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Martu Garrote
Martu Garrote, 45 años, abogada en ejercicio, analista político en tertulias de televisión y radio y ha sido Directora Adjunta de EL OBRERO y subdirectora de El Socialista Digital. Aficionada a la lectura, el buceo, la fotografía y la cocina.

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