“No sabéis lo que he dejado atrás, es el infierno”, dice uno de los rescatados en el Mediterráneo tras llegar al puerto de Barcelona. Salió de Libia, hace ya tanto que ni recuerda cuánto tiempo ha transcurrido. Tal vez un poco menos que los que atraviesan África para escapar de la guerra, la sequía y el hambre. Lo que probablemente ninguno de los rescatados sepa todavía, es que su infierno particular apenas acaba de empezar.

El Ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, anunció, orgulloso, que “para los irregulares se ha acabado la buena vida”. Dejando aparte la aberrante distinción entre seres humanos “regulares” e “irregulares”, el mensaje de los xenófobos es claro: los que han vivido a costa del prójimo tienen las horas contadas, los que nos quitan el trabajo y se llevan las ayudas, van a ser expulsados. Y el mensaje cala y gusta. Así, la fotografia del primer bebé que nació en Viena el 1 de enero de 2018, un niño de padres musulmanes, recibió comentarios como: “cuando tenga dieciocho años va a ser terrorista”, “ le deseo una muerte repentina”, entre otros de igual calado. El propio Salvini celebra como una gran hazaña personal impedir al Aquarius atracar en las costas italianas con 629 personas a bordo, que finalmente fueron acogidas en España. Y sigue afirmando  que el objetivo es que no llegue ninguna persona más en barcaza, que “quien tenga derecho a llegar a Italia lo haga en avión, quizá hasta el primera clase”. El objetivo es cerrar el flujo migratorio, lo que ya se consiguió en la ruta de Turquía a Grecia en 2016, dándole a Erdogan el papel de guardián, quién sabe a cambio de qué. Italia y Malta han cerrado sus puertos a las ONG que se ocupan de rescatar a los que se aventuran en el mar en pateras, en botes, en barcos que se hunden por el peso. En esos dos últimos paises se han esmerado en ofrecer una imagen turbia de estas organizaciones, iniciando procedimientos judiciales en su contra, en los que se las acusa de lucrarse con los rescates y aliarse con las mafias que estafan a los inmigrantes, prometiéndoles un futuro mejor en la vieja Europa. Procesos en los que han quedado absueltas, no sin antes sufrir la inmovilización de los barcos y la imposicón de fianzas. La ruta hacia Italia y Malta también està cerrada, con lo que la única que queda es la de Marruecos ( o Algeria) hacia España, mucho más larga y peligrosa. No importa ir en contra del derecho marítimo internacional, qué más da, solo son cientos, miles de “irregulares” que se ahogan en el mar.

“No importa ir en contra del derecho marítimo internacional, qué más da, solo son cientos, miles de “irregulares” que se ahogan en el mar”

Hace pocos días, el Consejo Constitucional francès ha resuelto en una històrica resolución, que ayudar a los inmigrantes irregulares que estén en territorio francés, dándoles alojamiento, ropa, comida o transporte no es delito, y queda amparado por el principio de fraternidad. Porque hasta ahora, los tribunales franceses juzgaban al buen samaritano como delincuente, y se les había condenado a penas de prisión. Significa dotar de contenido y realidad a la fraternité que proclamaba la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1789, y que va a condicionar la redacción de la futura ley de migración y asilo que se halla en trámite parlamentario. Pero no es más que un grano de arena en este infinito océano de egoísmo y de insolidaridad. Y por qué no decirlo, de hipocresia.

Más de 9.000 personas (probablemente sean muchas más) se han ahogado en el Mediterráneo desde 2014, haciendo más profunda y oscura el alma de ese mar al que cantaba Serrat. Los refugiados son una carga, no los quieren en ningún sitio. El paso siguiente es devolverlos al país en el que hicieron su primera solicitud de asilo, porque allí donde han llegado, en esa soñada Alemania, en esa ahelada Austria, molestan, son un problema.

“La solución no es sencilla, ni fácil”

La solución no es sencilla, ni fácil. Tal vez ni siquera exista a corto plazo, exija recuperar valores esenciales que parecen olvidados y enseñárselos a nuestros hijos, que son los únicos que pueden hacer de este mundo algo mejor. Porque las políticas europeas, las  actitudes de sus gobernantes no son algo que nos venga impuesto, es lo que nosotros hemos querido, o al menos lo que quiere una amplia mayoría. El discurso xenófobo, la discriminación, la separación de familias, los muros, la segregación, están presentes en las campañas electorales del mundo entero. Y les votan. Y así gobiernan, porque una gran parte del electorado no quiere ver otras realidades. Puestos a mantener, que su Estado les mantenga a ellos, y no a esos de pieles, ojos, y acentos distintos.

Liberté, Égalité, Fraternité, qué bonito sonaban.

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